Barcelona, Ultimo festejo en la Monumental «Réquiem al sueño»

De SOL y SOMBRA

Hace muchos años un grupo de taurinos soñaron con tener una plaza que dignificara la fiesta en Cataluña y con ese sueño levantaron una plaza en 1914, que en sus inicios fue bautizada bajo el nombre de «El Sport». En su corrida inaugural torearon toros de Veragua para los toreros Vicente Pastor, Bienvenida, Vázquez y Tosquito. Existían ya otras dos importantes plazas en Barcelona: la Plaza de El Torín (conocida también como plaza de La Barceloneta, construida en 1834) y la Plaza de las Arenas (en la Plaza de España, fundada en 1900).

En 1916 ese sueño de plaza fue rebautizada con el nombre de «Monumental» y ampliado su aforo a 20.000 espectadores, visto el impulso que iba tomando la afición en aquellos años. En la corrida de reinauguración, el 27 de febrero de 1916, torearon, con toros de Benjumea, los toreros Joselito «El Gallo” (gran impulsor de la idea de construir plazas monumentales), Francisco Posada y Julián Sainz Martines «Salieri

El dia de hoy 97 años despues la fiesta de los toros se termino en Barcelona y con ella quedaran en el recuerdo anécdotas e historias y muchos sueños que se quedaron el camino. Nadie va a negar ni ocultar la verdad porque lo cierto es que la afición catalana le había dado la espalda a su plaza desde hace mas de 15 años, solo por poner un ejemplo El 28 de julio de 2010  cuando Parlamento Catalán votó la aprobación de la abolición de las corridas de toros en Cataluña, la última corrida que se llevo antes  de esa votación, pese a la movilidad de los pro taurinos, sólo se logro llenar un tercio del aforo.

Como tendríamos que clasificar esta tarde con ¿Punto y final? o ¿Punto y seguido? ¿Comienzo de la imposición nacionalista o primera piedra puesta para revocar la prohibición taurina en el mundo? Lo cierto es que la última tarde de la temporada en la Monumental se vivió con la emoción propia de quien asiste a un acontecimiento ya histórico por su transcendencia y repercusión y la resignación propia de enfrentarse a unos poderes políticos manejados al dictado de una minoría.

Pero también hay que ser sinceros era la última tarde de toros en Barcelona y, sin embargo, las emociones de la despedida no tuvieron ni la carga ni el acento ni la fuerza de la función memorable del sábado.  La fiesta mayor del sábado pareció literalmente irrepetible veinticuatro horas después. La euforia del sábado se había transformado de pronto en resignación y el ambiente de la corrida fue esta vez apagándose progresivamente. Pero…..

Hoy, toda Cataluña se despidió de esta práctica en medio de la  emoción de 20 mil aficionados que llenaron la plaza Monumental de Barcelona para asistir al réquiem de la última corrida.  José Tomás, ídolo, patrón laico de la Barcelona taurina sublimó el arte del toreo en su primero. De principio a fin. Qué borrachera de Toreo. Sí, con T mayúscula. Las verónicas de recibo a compás, mecidas por el temple de los elegidos, saliéndose con el toro hacia el centro del ruedo. Quitó por delantales con idéntico temple y comenzó su faena a altísimo nivel, al natural, palo que no abandonó casi hasta el final. Brutal el toreo del de Galapagar por el izquierdo, en series de seis y hasta siete muletazos. Cada vez a más, alargando el trazo hasta el infinito y la plaza como un manicomio con su torero. Al final, una tanda por molinetes fue elevada de toreo accesorio a fundamental por su pureza y ceñimiento. Con el público volcado, José Tomás cobró un soberbio volapié, en la yema. Dos orejas y polémica por el rabo pedido y no concedido. Pero como decíamos ayer: ¿A quién importan los despojos después de ver torear así?

El quinto fue otra historia, más quedado, más violento, menos entrega. La intensidad en esta ocasión la imprimió el rorero, en su empeño por la pureza y por querer torear como si fuese bueno a un toro que no lo es. Ahí estuvo el mérito y el valor de un trasteo de más fondo que expresión. Pinchó dos veces antes de la estocada definitiva y el balance quedó en una emocionantísima ovación que el torero recogió desde los mismos medios, aplaudiendo a unos tendidos rendidos a su toreo mientras estos bramaban «torero, torero, torero..». ¿Hasta aquí llegó el idilio de esta plaza con esta figura histórica del Toreo? Me niego a creerlo…

El toreo de Juan Mora, que es la torería en estado puro, nos dejó preciosas verónicas y una media para abandonarse. El prólogo de faena rondó lo sublime y nos quedamos con pinceladas después. Se dejaba el toro. No más. Menos generoso fue el cuarto.

Sale muy dispuesto Serafín Marín, con un capote novedoso, jaspeado en varios colores, con la inscripción «Libertad». El tercero es muy poquito toro, se viene abajo: faena voluntariosa pero irregular. Le toca el triste privilegio de matar el último toro de esta Plaza, con genio, deslucido. Aguantándole mucho, consigue muletazos largos, templados, sin dejarle irse. Remata con unas impávidas manoletinas, y una gran estocada, entrando muy lento, que pone en sus manos las dos orejas. Es el final.

Serafín Marín se arrodilla y recoge un puñado de arena, llorando. Aunque José Tomás y él salen a hombros, por haber cortado cada uno dos orejas, la sensación de desolación es absoluta. Los areneros se hacen una última fotografía. El público invade el ruedo, desplegando pancartas. Los toreros señalan a los tendidos… Como última reacción, la plaza entera clama, unánime: «¡Libertad!»

Deacansa en paz la Monumental tras la ultima corrida.

Ficha del Festejo:

Barcelona, domingo 25 de septiembre de 2011. 2ª de la Mercé. Lleno de ‘Ni hay billetes’. Toros de El Pilar, correctos de presencia y de juego desigual, Mejores 1º, 2º y 6º. Juan Mora, saludos en ambos. José Tomás, dos orejas y saludos tras aviso. Serafín Marín, saludos y dos orejas.

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