Comienza un nuevo ciclo taurino en la arteria central del taurinismo peninsular. Abre la Monumental de Mérida en una nueva página empresarial y con lo que se espera sea el primer lleno de la Temporada esperemos toros y toreros se encuentren a la misma altura.
Por: Marco Bastarrachea. Mérida.
No fue hace mucho que tuve la oportunidad de asistir, después de varias temporadas chicas ausente, a la que fue la novena novillada del año en curso en la Plaza México.
Algo que siempre disfruto de las novilladas es que la mayoría de quienes asistimos compartimos una pasión casi enfermiza por el toreo e invariablemente aprendemos algo nuevo o recuperamos algo que creíamos perdido.
Fuera de lo anterior, fue, como tantas tardes de sardinas, decepcionante, esta vez porque a pesar de la falta de trapío de los astados, casi todos tenían un pellizco de buen juego que, de haber caído en manos con mayor oficio, hubiesen abierto la puerta grande del Coso de Insurgentes.
Mucho hablé del trapío en la sesión post festejo, mucho abundé en el respeto que en las plazas yucatecas de primera se tiene por la integridad del toro bravo, mucho énfasis puse en que la afición yucateca, y en particular la emeritense, jamás toleraría sinvergüenzadas como las de la Monumental de Aguascalientes o como la que vimos este sábado en Tlaxcala –ambas plazas de primera y de una solera indiscutible. Porque hay que decirlo, lo del sábado en la primera de Todos los Santos lo fue.
En fin, por eso decía mi madre: “haz tus palabras chiquititas y redonditas porque un día te las tendrás que tragar toditas” Hoy les puedo decir que no hay refrán perdido.
Bajó la primera corrida de la temporada emeritense, de Fernando de la Mora –aunque originalmente se hablaba de una sustitución por toros de Bernaldo de Quiróz– y comencé a saborear mis palabras de hace seis semanas y a engullirlas una por una, que toros, pero ¡que toros tan mal presentados! Y justo cuando en mi indignación pensé en quejarme directamente con las autoridades competentes –ustedes saben quienes son-, me cayó el 20…y el 30 y el 40: Nueva empresa, nuevas reglas.
A partir de mi exclamación que fue bastante sonora para todos los allí presentes, no se me permitió un minuto de intimidad más con la corrida.
La amabilidad de temporadas anteriores fue sustituida por actitudes parcas y rostros insidiosos…nuevos por cierto. Es así que la gota que derramó el vaso fue mi comentario sobre los pitones, claramente despuntados y afeitados –ya decía yo en mi camino a la plaza que olía a “aftershave”- allí se acabó el amor. Poco sabían que este servidor de ustedes ya había echado ojo de la corrida desde el día que arribó a Mérida y me tildaron, amablemente, de “reventador”. Así que antes que se caldearan los ánimos, emprendí mi camino y sin voltear abandoné la plaza.
La empresa de Alberto Bailleres llegó a Mérida y con ella algunas de sus prácticas anti éticas. Consignamos: los toros del Domingo para “Zotoluco”, Castella y Juan Pablo Sánchez están bajo sospecha de sus astas, no tienen el trapío de la plaza en la que serán lidiados, y no me refiero a los kilos. Pongámoslo claro, cariavacados unos, anovillados otros, lo que los algunos llamarían “un encierro para las figuras”.
Es entonces cuando aquel célebre “¡Habrá toros el domingo!” se convierte en un vacilante “¿Habrá toros el domingo?”
Me hubiese gustado ver a los toros desde los burladeros de las corraletas pero no me fue permitido por primera vez en muchos años, así que la única impresión que tengo de ellos es sobre las características de las que hago mención: la falta de trapío y sospecha de manipulación de astas.
A pesar de lo anterior, parece que habrá una buena entrada para la primera de la temporada en Mérida, con todo y el alza desmesurada de precios que van desde los $300.00 hasta los $1000.00. También parece ser que la Comisión Taurina y nuestro Juez de Plaza, matador Adrián Flores, se durmieron en sus laureles. Un taurino de solera me decía al ver las fotos: “Esto no pasaría si Cesar Briceño siguiera en la Comisión Taurina”. Debo decir que concurro.
El domingo la empresa de Bailleres hace su debut en Mérida. Si el público no se traiciona habrá serias protestas por la falta de trapío de los toros y quienes logren verlos en las corraletas igualmente encontrarán el punto de intigra, el lugar de la duda y la sombra de la sospecha. Pero como sabemos que “El de la vocecita” atrae a mucho “aficionado nuevo….” pues no tengo certeza en ello.
Muchas cosas se han suscitado en estos días alrededor del encierro de Fernando de la Mora que se lidiará el domingo. Ojalá que la afición emeritense, que se caracteriza por conocedora, no tolere este tongo bajo la premisa de “mejor ver medios toros a no ver nada.”
O como dice el aforismo popular: Peor es nada.
Twitter: @Bastarrachea







Deja un comentario