
La Afición ya no está velando armas, tiene los fusiles cargados. Desde la web “Avance Taurino” encontramos esta interesantísima pieza a cargo de Carlos Bueno en la que se vislumbra por fin la reacción por parte de los aficionados taurinos y que nos idica: “Las cosas están cambiando en el orbe taurino. Por fin los aficionados se están haciendo escuchar. Por fin se está creando un movimiento anti antitoros y se obtienen resultados“
Por: Carlos Bueno – (Vía Avance Taurino)
La noticia puede haber pasado un tanto inadvertida. Para mi ha sido tan sorprendente como satisfactoria. Cuando pensaba que el debate entre antitaurinos y aficionados era cien por cien estéril, llega el Partido Revolucionario Institucional y retira su propuesta de prohibir las corridas de toros en Méjico, Distrito Federal.
Hace unos meses el PRI elaboró un proyecto de ley para acabar con las corridas de toros que contaba con el apoyo de la Plataforma Prou, que estuvo detrás de la prohibición de los toros en Cataluña, y del Partido Verde Ecologista de México, formación política que ha defendido la instauración de la pena de muerte para delitos graves, aunque esa es otra historia de difícil comprensión.
Lo cierto es que ahora, tras una reunión con el empresario de la plaza Monumental de Méjico, el diputado del PRI reconoce que la prohibición de la Fiesta acarrearía la pérdida de al menos 1.200 puestos de trabajo, directos e indirectos, que genera cada festejo sólo en el coso de la capital.
Y si ya la preocupación de este grupo político por la economía de los mencionados trabajadores y sus familias me maravilla, más aún me asombra la nota de prensa del Partido Revolucionario, en la que se afirma que “se debe respetar el derecho a presenciar o no este tipo de espectáculos y no se debe coartar el derecho al trabajo y a la diversión de un sector de la población”.
Este es, sin duda, un acercamiento histórico entre dos opiniones condenadas a ser irreconciliables. Posiblemente muchos antitaurinos lo sean por desconocimiento. No digo yo que a todo el mundo le debería fascinar el toreo. Simplemente que pocos saben el altísimo impacto económico que esta actividad representa para el Estado, para las autonomías y para gran cantidad de comercios locales, y que todavía menos son quienes conocen la gratitud de la vida del toro de lidia, de los cuidados que recibe, de la libertad que goza y de la oportunidad que, sólo él, tiene de defender su vida, incluso de ganarla para siempre y como semental si su juego en la plaza es extraordinario.
Sin remordimientos al paladear una loncha de buen jamón, ni al pelar una suculenta cigala, ni al trinchar un pedazo de solomillo de ternera, muchos gobernantes se escudan en la defensa animal para prohibir los toros, cuando lo que de verdad buscan es distraer la atención de problemas realmente graves o sembrar sentimientos políticamente favorables.
Sin remordimientos al instalar una trampa para cucarachas, ni al espolvorear raticidas, ni al vaporizar un insecticida cuando las moscas y mosquitos molestan, los antis reivindican que no se maten más toros, sin querer darse cuenta de que lo que están pidiendo es el exterminio de una raza, de millones de animales que pastan libres en el campo, ¿o acaso se va a quedar cada uno de ellos con un toro? ¿Los tendrán sueltos por el pasillo de casa? ¿Los sacarán a hacer pipi por la mañana, a mediodía y por la noche?
La respuesta es no, y el resultado es que los llamados antitaurinos no están en contra del toreo -siempre que se haga de salón- sino del toro, con lo que, en adelante, habría que denominarles antitoros.
El fin de la Fiesta significaría también la desaparición de miles de ganaderías cuyos suelos representan importantísimas y necesarias reservas naturales de flora y fauna ¿Alguien cree que el ganadero las va a mantener por amor al arte? ¿Los grupos antis pagarían los millones de euros que valen esas dehesas? ¿Lo haría el gobierno con el dinero de todos? La respuesta también es no. El fin de esos parajes sería su reconversión en zonas residenciales, chalets, campos de golf… Y a ver cómo se lo explicaban entonces a las aves migratorias.
El PRI ha dado una lección de sentido común. Seguro que la exhaustiva explicación del empresario de la plaza Monumental de Méjico ha tenido mucho que ver en su cambio de planes. Por otro lado, hace unos meses Francia inscribió las corridas de toros en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, con lo que se convirtió en el primer país en incluir la Fiesta en un inventario de ese tipo.
En España el PSOE ha transferido la tauromaquia al ministerio de Cultura, en un claro gesto de reconocimiento cultural y artístico.
En muchas de sus Comunidades Autónomas el PP declara los toros como Bien de Interés Cultural, incluso se ha planteado la posibilidad de reglamentarlo ante la UNESCO. Decenas de pueblos blindan sus festejos taurinos declarándolos Patrimonio Cultural Inmaterial, incluso algunos catalanes, como Amposta o Santa Bárbara, paradójicamente con el voto a favor de Esquerra Republicana y CiU.
Será que, por fin, los aficionados se están haciendo escuchar. Será que, por fin, se está creando un movimiento anti antitoros.
Twitter: @AvanceTaurino.


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