
Por El Guerra
La afición está cansada, se queja amargamente, vocifera e inunda las redes sociales con reclamos, pero el pasado domingo en la Plaza México extrañamente se convirtieron en una mayoría silenciosa. Quizás porque estaban desconcertados por las “aparatosas” cornamentas o por los kilos de algunos astados se miraban con incredulidad, como sin saber qué hacer, mientras los inválidos astados de Bernaldo de Quiros rodaban por el ruedo, todos afeitados descaradamente y lo peor: desrazados, sosos y sin fondo.
La tarde que comenzó llena de ilusión se descompuso ante tal mansedumbre. Todos observábamos, firmes y estoicos el nuevo escándalo ganadero, por el que una vez más hemos tenido que pagar y del que otra vez hemos sido comparsas involuntariamente, junto con los principales protagonistas de la tarde: Empresa, autoridad, toreros y ganadero.
¿De quién es la culpa? ¿Quiénes son los culpables en esta ocasión? Pues son los mismos de siempre.
Los apoderados por empeñarse en buscar el “toro light” que permita las mayores garantías a sus poderdantes y quien podría culparlos de buscarlo, si para eso les pagan los toreros. Sin embargo la cuestión es más grave aun y pasa por el campo mexicano, parece que las ganaderías comerciales que anteriormente ofrecían garantías de triunfo, han perdido la brújula y lo más preocupante: la bravura.
Esa mansedumbre está convirtiendo las corridas de toros en la plaza México en un espectáculo aburrido, insípido y fraudolento. Pero como si esto no fuera poco, la autoridad de la Plaza México se ha transformado en el principal enemigo del espectáculo, al permitir toda clase de atropellos a la esencia de la fiesta que poco a poco están mermando su calidad y además están creando un nuevo tipo de neo-aficionado consumista y desechable.
El festejo del pasado domingo fue el ejemplo más claro de lo anteriormente señalado, es cierto que mejoro un poco la presentación del ganado, pero el desfile de mansedumbre y debilidad de los astados de Javier Bernaldo rayo en lo ridículo.
Los apoderados españoles que vienen un par de meses al año y que exigen buen dinero a los empresarios, no se dan cuenta del daño que le hacen a la fiesta de nuestro país y de que la gente esta cansándose de tanto fraude.
Pero ni siquiera la nobleza de esa afición que sigue asistiendo fielmente a las plazas de toros, cada vez en menores cantidades es cierto, los motiva para hacer mejor las cosas, si no todo lo contrario, ya que piden más dinero y exigen mas condiciones que encarecen el espectáculo, pero que al mismo tiempo hacen que los precios en las taquillas aumenten a niveles ridículos en comparación con otros espectáculos, que si se pueden considerar masivos.
Lamentablemente la solución no será fácil de resolver porque nadie está dispuesto a ceder, ni mucho menos a dejar de ganar dinero. Pero la última palabra la tendrá la afición que tendrá que decidir entre el utópico “SI” a los toros a cualquier precio, o por el “NO” a seguir fomentando el fraude en las plazas con nuestro dinero.
¿Cual triunfara?
Twitter @Twittaurino



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