“La Desgracia de la Gracia” – Petardo ganadero en La México.

Media verónica de Jose María Manzanares a su primero.

De no ser por que el sexto tiene la tristemente consabida nobleza y el mínimo poder para mantener la horizontal, no habría taurinamente nada que contar a casa. Enésimas horas bajas de “Zotoluco”, desesperación e incluso frustración por no poder ver a Manzanares con un oponente a su altura y esperanza con el triunfo de Adame que levanta su Temporada en faena apasionante, entregada sí e igualmente condicionada en el rubro del arte.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA. Fotos: Jorge Prado Aguilar.

Seamos francos. Seamos sinceros. Nada salva a la corrida de Julián Hamdan, nada en absoluto puede justificar que de un día para otro un toro de lidia tenga prácticamente apagado y negado el instinto de ataque, que es su defensa.

Y si lo tiene, eso no se transmite.

Por ello, ya lo hemos consignado antes, al toro de lida le surgen defensores como señoras de vecindad, paladinas del borlote, por lo que vemos ayer: el toro está dando más lástima que miedo o respeto. Desde el trapío.

No me refiero a que no lo hayan tenido en lo general pero, atendiendo a un criterio simplemente taurino en esencia, el cuarto y el toro de regalo, a pesar de tener expresamente edad, no nos brindan la certeza –en negocios se diría confianza al cliente- respecto de la gallardía y la buena planta que el toro de lidia debe tener.

Salvado lo anterior y sin “la pericia de la mano del Santo Oficio”, conviene destacar que el primero se derrumba a cada paso. A pesar del viento “Zotoluco” le para. El sol aparece al igual que la sombra de la contrariedad del diestro durante el primer tercio – hoy en día deberíamos decir “quinto” de varas- y el juego del toro en banderillas.

Tres tardes, tres desarmes para el de Azcapotzalco que va de un terreno a otro, a veces templado a veces enganchado, como devaneando el sitio. A veces lejos, otras cerca, a veces sí a veces no. “Zotoluco” no encuentra la sutileza para no

Un encierro por los suelos.

derrumbar al manso que rasga y yace en el piso. Altibajos y pinchazos cierran su actuación.

Con el cuarto, el mismo diestro se auto motiva con la mirada poco amistosa que dispara a su odiada Contraporra taurina tras una tanda cerca de tablas. Con este cárdeno, corto en todos sentidos – cabeza, altura, remate; bravura, casta, raza, poder y fuerza- cerca de tablas encuentra sitio pero la cara alta del burel le incomoda. Logra llevar largo pero Eulalio manda poco y poco alcanza a impulsarle su valor. Pena el que ha sido su activo más valioso hoy no aparece, al menos eso sí transmite.

A veces, los toreros no alcanzan a remontar dentro de una misma tarde y con los pinchazos que se acumulan. Ayer con su segundo “Zotoluco” queda corto, justo en el tercio frente al burladero de Sol, mismo terreno donde hace diez años se impusiera a “Bigotón” de De Santiago, sin tapar esa salida que escurre la bravura al quererse el toro escapar. La salida de cada muletazo es la cruz del torero.

El crucifijo de la afición es la flojedad que fomenta la suerte del cabeceo en los tendidos. Mal van los asuntos del toreo cuando al tendido llega la ebullición del aburrimiento, misma que trae la evaporación de la fuerza y la bravura del toro. Manzanares aviva la emoción en suave recibo, personalísimas chicuelinas en nuevos cromos de magnífico remate ante un berrendo cuyos remos son plastilina.

Piquetito y los andares de Juan José Trujillo bordan banderillas dando distancias y saliendo como al entrar, despacio, de cada par en plena alusión a la letra de Alameda.

La faena que no se brinda está entre la amplitud, la fuerza plástica de Manzanares y la nula condición del toro. Es una desgracia tener un toro por la arena, esta no es la raza del toro bravo. Nunca cercano al rebaño.

Logra Manzanares consentir y por momentos trazar largo, cambiarse de mano torero en el tercio frente a matadores, no obstante el desarme que sufre. Cite a recibir y pinchazo, entera caída en el mismo cite y La México atinadamente tapa los pañuelos, solo una ovación ante el espadazo entero y tendido, caído. Frustración en el quinto. Ayuno de fuerzas y trapío dejan a uno de los mejores cirujanos ante la miseria del lugar, en vez de atender cirugías, poniendo inyecciones.

El tercero, un berrendo ofensivo e igualmente flojo, muestra animoso a Joselito, en el recibo y su remate, en el quite –chicuelinas, no hay de otro- y en banderillas. Su faena es de pronto rápida, por momentos templada, no obstante el toro se queda a la mitad desplomándose a cada paso pese a que Adame lo intenta, nada consigue en claro, más que un nuevo pinchazo.

Antes de salir el sexto todos los toros han en algún momento yacido en la arena. Sin excepción. Todos han perdido las extremidades, es triste cuando un ganadero nombra a sus ejemplares como “Sangre de mi Sangre” lamentable por los cuatro costados.

Como la tarde se derrumba igual que el encierro, Joselito tira de la larga cambiada de rodillas en el tercio frente a toriles. Liga hasta cuatro y materializa con ello los fantasmas del novillamelonaje. Destaca por vertical, la media en plenos medios. Breve puyazo y el espiral de la zapopina encandila al toro y al público que corea el remate de Adame y estalla mitad en ira, mitad en jubilo cuando primer y segundo espada anuncian regalos, respectivamente.

Es justo decir que Joselito en sus tres pares se ha auto superado, a pesar del brinco previo, sobre todo en el segundo par de dentro a fuera lo borda, hace caminar al cárdeno “Mi Vida” hasta pararle en plena emoción. Con la cosa caliente viene el chocante cambiado por la espalda del cual descubrimos que al menos el burel puede al menos con su noble alma.

Claves. Adame templa y encela sin derrumbar, llevando largo aunque enganchado en algún momento, tanto que en el cambio de mano por detrás pierde el engaño pero en el mismo sitio viene el de pecho tras recuperar al relance el engaño. El ajuste en los derechazos llega al quedarse firme y vertical para con apostura trazar el pase con muleta al frente al final de cada pase y ahora sí, con ritmo incluso, marcar el cambio de mano por detrás y, vertical, el pase de pecho.

La Plaza enciende y dispara su ilusión.

La mano zurda traza pero el toro es mucho menos por ese pitón. Joselito, salva lo anterior volviendo a la derecha para acelerarse y dejar de lado el arte para decantar por encandilar al tendido, dejando de lado el entendido taurino, al grado del desplante que diluye la seriedad pero que encanta a la adolescencia taurina.

Espadazo entero aunque trasero implica que Adame descabelle certero y con torería para que vengan las dos orejas, dignas y respetables por el esfuerzo y la labor completa veremos si pronto Joselito gana la partida por el lado flaco, la expresión y la despaciosidad, como en su confirmación de alternativa. Al tiempo.

La gente tiene que esperar a que lleguen los tiempos extras como en Palenque, con corridos incluidos en la vuelta de Adame y la seriedad en descenso que no es una canción, sino la poca importancia que está teniendo el taurinismo y el peso que se le está otorgando a la tradición. Cuidado porque es el primer paso para mansear.

Comienzan los tiempos extras. “Zotoluco” con un Montecristo, Manzanares con uno –otro- de la ganadería titular.

No hagamos leña del árbol caído. La maroma del séptimo hace creer que su lesión será tan grave que no caminará. Pero hay que decir que el astado tlaxcalteca una vez recuperado de la caída comienza a irse para arriba, al grado de arrear en banderillas donde Federico Domínguez “Gamuza” rescata la salida del segundo par de banderillas con un quitazo desde el callejón.

Saludan los banderilleros pero era «Gamuza» el que debió recoger ovación, menos mal Manzanares se lo reconoce. Bien por la discreción.

Doblarse, el método elegido y el que procede, pero hay de doblones a doblones, no es lo mismo doblarse que machetear de inicio la embestida del toro. Cortar y hacer que el cuello derrote, sin abonar a la largueza de la embestida. El toro para arriba y “Zotoluco” a padecer. Recortando embestidas difícil es que los toros rompan y eso ocurre, pronto se deshace de un regalo que debe estar pesando –si acaso- en el ánimo del torero que remata así una Temporada poco menos que dificilísima.

Dice Alberti: “¿De dónde vienes tú, gayumbo extraño, animal fino, corniveleto, rojo y zaíno?” De tipo horroroso, de pinta zaino, de cornamenta veleta y rojo por su intención de herir y cornear el engaño de Manzanares que sin dejar hacer ni dejar pensar al manso, sujeta y enseña a embestir en la doble vuelta completa primero por el derecho y luego por los adentros, todo en el tercio frente al burladero de la contraporra.

Fijó el toro, metiendo la cara abajo y con Manzanares sobre las rayas y en el terreno contrario, la brega taurómaca deviene, por su cante y por el arte, en la media verónica rotunda y espléndida. Hay medias que valen por enteras. Tras inyección de “Chocolate”, José Mari prolonga su trazo capotero en nuevo quite por chicuelina de mano baja, aquí la monotonía del quite se acaba con la personalidad y la estela de ola marina de la larga por pitón derecho.

Uno de sus alfiles, Juan José Trujillo, ahora a la brega, eleva la condición del toro para que con la muleta sobre la derecha rompa al frente con la cintura y el brazo que torean el cabeceo y la intención de puntear la muleta por parte del astado.

La complejidad del burel, calamocheo, Manzanares con quietud y largueza, firmeza ante la trampa del burel desdeña en el cambio de mano hacía las rayas cerca de matadores.

La gente comienza a entregarse pero el burel se va desfondando. Por eso con la izquierda solo hay más y más decisión y firmeza para hacerle pasar pero el regreso a la derecha hay más y mejor aire pero sigue el cabeceo con el torero yendo por detrás del paso del toro en los derechazos, tan magnífico que en el centro de las suertes el toreo, a pesar de la flojedad, crece. Molinete intercalado y remate arriba.

Al toreo de clase y de apostura, a veces mucho más cerca de Ronda que de Alicante, ha agregado Manzanares hijo una raza que a veces, como lógicamente es ayer, supera a la de los toros, por eso la cosa no creció a más, porque al negro y estrecho, zancudo y silleto, le falto bravura para embestir por bajo. Viene entonces la dosantina cerca de donde le para con el capote y la faena tras el remate arriba, está hecha. Pena que también este último derrumba su condición.

Por fin el volapié, entero y trasero. La oreja y la duda de si algún día veremos a José María Manzanares con un toro – que existe, eh- digno de su condición.

De no ser así acabaremos como la Banda de la Monumental, que estrenó “Puerta Grande” y acabó en corridos. Como acaba la letra de Alberti a Goya, donde llora la gracia y sonríe el horror.

En este caso de la desgracia raza de lidia. Que no lo veamos.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Domingo, 19 de Febrero de 2012. Décima Séptima de Derecho de Apartado. Un tercio de plaza en tarde soleada al principio con viento y frío al final. Público de variopinta composición, otra vez.

8 Toros, 7 de Julián Hamdan (Divisa azul y morado) El octavo como regalo. Desiguales y vario pintos, todos débiles, algunos inválidos, el sexto ha sido noble. 1 de Montecristo (Divisa Verde, obispo y oro) Justo de presencia, con bravura y poder a pesar de la maroma que pegó al recibirle su matador.

Eulalio López “Zotoluco”, Saludos por su cuenta, División tras aviso y Pitos en el de regalo. José María Manzanares (Azul rey y oro) Saludos, silencio tras aviso y oreja. Joselito Adame (Rosa mexicano y oro) Leves palmas y dos orejas. Salió hombros.

Destacaron a la brega Sergio González, Juan José Trujillo que saludó tras banderillear al segundo y Juan Ramón Saldaña al bregar al último de lidia ordinaria.

Chicuelina de Manzanares a su primero. Foto: Jorge Prado.

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