- Natural de Christian Ortega al primero de la Tarde. Foto: @ColorJay.
Que ni mandado hacer habría salido tan bueno y también rematado el cerrojazo de una ilusionante Temporada Grande. Mucho se debe al que es el encierro de la Temporada. Con dignidad y seriedad los tres toreros triunfan con Fabián Barba a hombros. No obstante lo disparejo de presencia, Cuatro Caminos se lleva el gato de la mansedumbre al agua de la emoción que es lo que ha llegado mucho al tendido y… al entendido.
Por: Luis Eduardo Maya Lora Fotos: Jorge Prado – De SOL Y SOMBRA.
Sucesión de ritos es liturgia. Rito es el toreo tal como la Temporada Grande desde inmemorial tiempo es también protocolo. Y lo es porque en los toros la forma es fondo.
Lo recuerda José Alameda durante la crónica de la gran faena de Manuel Capetillo a “Tabachín” de Valparaíso en la Plaza México: “Todo en la vida tiene su límite” Incluso aquellos infinitos derechazos capetillistas o una Temporada tan interesante como esta.
Claro, como lo bien toreado es lo bien rematado, aun cuando el caza cartelismo sobresea por anticipado el asunto, aun cuando los “taurinos” den el cartel por descontado, siempre le queda la afición taurina la ilusión de la última aurora.
Esta ha sido la recompensa ayer cosechada por la Monumental México.
Primero por el desigual de presencia pero indudablemente emocionante encierro de Cuatro Caminos que, tal como ocurriese con Rancho Seco hace diez temporadas, no ha dado punto de reposo, salvo por el terrible tercero, en el ritmo y la cadena del palpitar de los corazones taurinos congregados, tanto del público como de los propios toreros.
Desde la salida de “Bostoniano” el hermoso cárdeno primero con la marca de la casa. Aprieta las salidas de los lances de Christian Ortega quien supera la prueba con el paso adelante y el buen trazo con el que se impone incluso en doble y personal remate más allá de las rayas que el cárdeno toma con ganas siempre de atacar.
El puyazo viene bien y tras tomar los palos con los que aun está pendiente tomar ritmo, Ortega comienza alternando lados, doblándose pero sin agobiar a modo de ir hacia los medios donde el toro, es cierto, toma el

engaño por bajo pero con ese regreso nervioso que complica la plana y que obliga a perder uno o incluso dos pasos.
Es complejo el lado derecho. Donde se queda el burel corto, Ortega se mantiene firme.
En el primer cite con la zurda, “tapao” después la pone muy de verdad y al natural pierde el paso para ganarlo al frente luego. Lidia muy entendida y cuando la muñeca rompe surge el naciente punto de la personal expresión de su toreo bien rematado por alto y arriba con la mano derecha, es decir, siempre respetando el pitón izquierdo.
Han sido dos tandas así, lo interesante y lo valioso viene cuando pone la muleta por el lado difícil. El toro tlaxcalteca la diferencia que tiene con el toro mexicano “convencional” es que no perdona el error técnico, al contrario, acentúa mayormente sus defectos o los de sus matadores.
Mal estaría si genéticamente le negaran tal derecho. Por eso cuando el capitalino va por lado diestro a la cortedad se opone el trazo largo y la muleta siempre puesta hasta hacerlo pasar y hacer ver a “Bostoniano” mejor.
Ayudados finales, desmayo en su remate, anteceden una de las mejores estocadas de la Temporada, con todo el pecho por delante y con todo el acero por alto se fue “Bostoniano” sin una oreja, de peso, al destazadero. Celebrada vuelta, sincera emoción.
Venir a la última, este cronista lo sabe bien, tiene su guasa. Más si se trata de un triunfador de esta Plaza como lo es Fabián Barba. Que, claro, arrea. Y muy fuerte.
Casi un siglo ya -1920, fundación de Rancho Seco– contempla la capa gris de “Berrinche” el berrinchudo y repuchero, bajo y precioso cárdeno al que Fabián Barba recibe a campo abierto y de hinojos con doble larga cambiada.
El drama cunde el coso cuando, tras doble y vertical chicuelina, así como lances a pies juntos y rebolera, el cárdeno toma las de Villadiego y va a parar a la Puerta de Caballos donde los monosabios aguantan para que el astado vuelva a las arenas.
Incierto y amenazante, con ganas de rajar, el burel queda hipnotizado con las verónicas que a golpe de herrería Barba traza clásicamente y en los medios, con la espalda al sitio donde brinca el cuatrocaminero.
Fabián remata una media que vale por entera sobre el izquierdo comienza el hidrocálido a ordenar el tranco del burel que se va para arriba en la vara correctiva de Javier Prado. Mal la Autoridad que a cuarenta metros hacía arriba irresponsablemente cambia el tercio sin previa petición.
No pierde tiempo al tirar de la gaonera a pies juntos plena de valor, de seca rotundidad, que remata entre el clamor de la rebolera y el fulgor de la brionesa. Crece la temprana tarde lo mismo que el juego del cárdeno que a más va en banderillas donde Tonatiuh Silva clava lucidamente.
En el brindis general la ilusión está a tope y prosigue cuando, tras inicio por alto en los medios, Fabián comienza a templar y a templarse, a aliviar al toro pero sin él aliviarse, y cuajar derechazos donde el toro ya es otro.
De atrás hasta adelante, con firmeza, la muleta planchada con la media altura enceladora los derechazos acarrean la ola brava del toro y la plácida playa del toreo que rompe en la piedra del cambio de mano y el muletazo por alto.
Gana posición e incluso se adorna con capetillina, baja el aire del toro, pero un cambio de mano trazando el natural más martinete y el de pecho la plaza rugió. Pena que el pitón izquierdo tras tres naturales buenos el toro descompone previo afarolado y gran remate. El toro raja pero Barba endilga aun molinete y aguanta miradas para firmar la obra con el de pecho.
La estocada, con el alma en un pabilo, en la suerte contraria y delantera, rompió el silencio lo mismo que el pelo cárdeno para triunfar absolutamente con una oreja. Dos turnos y dos eslabones que solo rompe el ofensivo y manso tercero con el que Víctor Mora no puede estar sino voluntarioso, pero solamente.
Así, la Temporada se encuentra con el indeclinable ocaso cuando el tremendamente serio cuarto: negro, estrecho y silleto, de afiladas puntas, que salta a la arena violento.
Vuelve a apretar, como su hermano primero, a Ortega que solo después del puyazo trasero luce en una media verónica cerca de la contraporra firme y bien trazada que antecede a un lucido segundo tercio donde otorga ventajas y luce en el par al violín.
Importante observar en la lidia que el toro comienza a caminar y, no obstante, su seriedad, Christian no tiembla al sacar lo mejor de sí y del toro por la izquierda.
Son tres y el de pecho, pues el astado, muy astifino, tardea tras el segundo muletazo. La muleta cambia a la diestra y en las rayas frente a Cuadrillas. Ortega luce y hace desplazar a su enemigo incluso se duerme en un derechazo pero el fondo del toro es corto, mantuvo su insistencia por la derecha sin aburrir.
Quizá necesario habría sido una nueva tanda con la zurda pero antes tarde vino el pinchazo que no quita la bien ganada ovación en el tercio y el alumbramiento de un toreo punto más que recuperable.
Dos turnos quedan a la Temporada, que se esfuma como el las nubes o como las sombras y aun entre el necesario silencio y las sombras el atardecer no arrebatan a La México su petra majestad.
Esa que contempla la alegra salida de “Conchito” que ocupa el quinto sitio. Fabián Barba de nuevo tira de la larga cambiada a campo abierto y claro de las verónicas, hay una por el lado izquierdo en donde Barba deja caer los brazos antes de echar abajo las manos en la media verónica pletórica de sentimiento.
Barba se agiganta. Su técnica parece incluso la de un torero de mucha más de estatura física. Y lo borda.
Bueno y emocionante el quite bajo candilejas encendida. Con el toro arriba, la brega de Silva ha sido adecuada y templada, Barba lo siente pronto, lo observa atento y tiene la capacidad taurina con qué trasladar su frío entendimiento de la norma taurómaca a la candente arena.
Cosa que hace.
Pese al protestado inicio de rodillas en los medios, la siguiente tanda muestra la movilidad del toro incluso su disposición a tomar el engaño en tremendos naturales y despacioso es el de pecho.
Cambio al lado diestro muestra a Fabián la nobleza del toro y lo emocionante de su tranco que rebosa y ahí el torero lleva largo, remata con el molinete torerísimo y con el toro encelado, el de pecho desata el escándalo.
Y prosigue desgranando naturales, abandonado con la izquierda, con la muñeca rota se queda en el sitio, verticalísimo que brinda aire para dejar caer el engaño en el desdén el molinillo y de nueva cuenta el pase del desprecio.
Ya con la derecha vino la magnífica composición que muestra a Barba no solo como un guerrero sino como un torero cuya estatura no limita su cabeza para poner el trapo por delante ni el corazón como reluciente gema, larguísimo con la derecha tras vitolina en la mejor tanda de la faena, a compás abierto, pleno de mando con el cambio de mano el natural, nuevo martinete y mejor el de pecho.
La México de pie… Pero en Sol, hay un rumor, le piden llevar más largo. Así hace el torero.
A las corvas llevan al astado que quiere escurrirse y un tanto más cerrado frente a la Porra, cuando los focos ya trabajan, viene un derechazo de vuelta entera. Si la Purísima Concepción nos trae a “Conchito”, la Señora de la Asunción encumbra a Barba en nuevo remate completísimo y rubricado con torerísimo desplante que incluye prenda devuelta a un aficionado que vuelve a lanzar al torero su gorrilla inglesa en pleno homenaje.
En plenos medios, bajo el silencio, viene el pase de la firma y el fuelle del toro que se acorta, Fabián que elige, decidido siempre, entrar corto y por derecho, en la suerte contraria. No obstante el espadazo es caído, arrancó el alma del toro ofreciendo su alma misma.
La entrega del toro es la de la afición. Doble premio sin objeción y justo y lento homenaje a los restos del toro. Cuando la muerte se pasea lenta el honor y la inmortalidad son completos.
Y a punto de morir la Temporada, que como el toro muere para seguir viviendo, que termina para dar pie a la ilusión siguiente y que descansa en la sombra para volver más pronto que tarde a la luz, justo cuando ahoga la ilusión del remate en la mansedumbre del sexto, la paciencia y el sitio mental de Víctor Mora hace esperar y esperar.
Mora vuelve a aguardar a que el rajado astado en su querencia meta la cara quince veces. Y así, entonces, darse a torear.
Quince naturales que han sido quince golpes a la espera que culmina cerca de toriles para hacer embestir a un manso al que espera con la muleta baja hasta el grado del inepto y doble aviso. La vitolina con la zurda

ha sido un cromo y de ahí cerca de toriles a ligar y bajar la mano hasta hacer romper al toro y cerrar con martinete lento y amplio el pase de pecho.
Cuando nadie quería moverse ni que se acabara la Temporada, a Usía le urgía irse.
Pensar que cuando salía el sexto toro “Gallito” decía: “Que pena que ya se va acabar la corrida” Nulo criterio de la Autoridad.
Pero Mora demuestra fortaleza mental para no caer en garlitos e irse por derecho para dejar estocada entera apenas desprendida y con inteligente espacio otorga aire a la muerte del manso que en el burladero de sol entrega la vida.
Oreja que sabe a gloria. Bien hallada, bien habida.
Única mácula del festejo: la media vuelta al ganadero en erróneo gesto del torero tras la muerte del quinto.
Como las lágrimas tan aliviadoras del torero como consoladoras del gusto taurino de la asistencia que recompensa a Fabián Barba con la salida a hombros, lo mismo que al ganadero.
No vivamos a medias cuando hemos toreado a enteras.
Cuando para los toreros el mañana es el mismo hoy, la penumbra del ayer no oculta la fuerza de lo inesperado que para muchos ahora es la cruz pues abandonaron el barco antes de que llegara al Puerto, el que, como deseamos siempre, ha sido el de la emoción.
Nunca descartemos al toro de lidia, ese que ha hecho del toreo, siempre una eterna espera; la inamovible posibilidad de cosechar un triunfo tan grande como ayer, el de la inmortalidad.
Twitter: @CaballoNegroII.
Foto: @Colorjay; @HFilmsDigital.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2011-2012. Domingo Marzo 18. Vigésima segunda y última de Derecho de Apartado. Un cuarto de plaza en tarde nublada previo al paseíllo y de clima espléndido durante todo el festejo. Viento durante los primeros dos turnos y a partir del quinto hasta rematar la función taurina.
6 Toros, 6 de Cuatro Caminos (Divisa rojo y plomo) Desigual de presentación. Chico y bravo con nobleza el quinto aunque rajó al final. Muy serio el tercero, descastado y manso, lo mismo el cuarto, que tardeó aun teniendo calidad. Manso y a más el cárdeno segundo. El primero, reunido y bajo de cruz, ha tenido nobleza por el lado izquierdo. Muy manso el sexto, descastado y tardo.
El referido quinto, “Conchito” nombrado, toro negro y cornidelantero, ha sido homenajeado justamente con el Arrastre Lento.
Christian Ortega (Nazareno y oro) Oreja y Saludos. Fabián Barba (Marino y oro) Oreja y Dos orejas. Víctor Mora (Verde manzana y oro) Leves palmas y oreja tras dos avisos.
Fabián Barba salió a hombros junto con el ganadero Sergio Hernández Weber.
Pésimo el Juez de Plaza, Gilberto Ruíz Torres, al cambiar el tercio de varas durante la lidia del segundo toro sin mediar instancia del espada en turno. Fatal al enviar el doble aviso al tercer espada durante la lidia del que cerró plaza en razón de que la faena, no obstante su duración, se encontraba en punto máximo de interés.
Destacó a pie Tonatiuh Silva de la cuadrilla del segundo espada lo mismo que, a caballo, Carlos Martínez al picar al primer toro, así como Isabel Prado al picar al segundo de la tarde.






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