Gloria y Torería: Recuerdos y Confidencias de Gaona – Rodolfo Gaona en Entrevista con Don Tancredo.

El 12 abril taurinamente representa el recuerdo de uno de los más grandes episodios jamás vividos en la historia de los espectáculos públicos en nuestro país y quizá más allá de ellos. Por ello, hoy, reproducimos una entrevista que concediera Rodolfo Gaona y Jiménez al gran periodista taurino Don Roque Armando Sosa Ferreiro “Don Tancredo”, publicada en Revista de Revista de Excelsior casi al final de1937. A más de doce años de haberse despedido de los ruedos, Gaona se sincera con Sosa, habla de sí y, por supuesto, de la actualidad taurina de entonces. Así, recordamos al primer gran ídolo mexicano – en cualquier ámbito- del Siglo XX, apasionante figura y modelo de torería ayer y siempre. 

Por: Don TancredoRevista de Revistas. 19 de diciembre de 1937. 

Triángulo admirable y ejemplar el que simboliza Rodolfo Gaona, tan grande hoy como ayer y más acreedor al homenaje en el presente que en el pasado, por la reciedumbre de su carácter y la dignidad con que conserva su prestigio y su gloria: torero sin molde, que señaló una época en la tauromaquia; hombre cabal, con una sola palabra; y artista siempre, que lejos de la arena de sus triunfos vierte en cauces nuevos el caudal de su temperamento y su sensibilidad estética.

Ebrio de palmas y de halagos, tuvo el gesto heroico de retirarse en la cumbre de sus éxitos, dejando un recuerdo perdurable que se agiganta con los años y se hace leyenda en la proyección del tiempo. Y asqueado del servilismo y la mentira que rodean inevitablemente al torero, vive en la coraza de su hosquedad y su hurañía, protegiéndose del enemigo falaz que nunca perdona y nunca olvida: la popularidad.

Rodolfo tiene pocos amigos, en el sentido exacto del vocablo, y rehúye el trato con los que llegan hasta él sin la sinceridad y la franqueza que exige a sus íntimos, a quienes forman el círculo que comparte sus horas de pasión y de alegría, sus confidencias y sus minutos negros.

Admiré -¡y quién no!- al torero desde el tendido, a la distancia del espectador. Y no tenía por El Indio ninguna simpatía personal, por el gesto de arrogancia y de soberbia que se advierte en este semidiós visto de lejos.

Hay en él un exterior falso, engañoso: parece todo orgullo, todo vanidad y petulancia. Y este concepto de primera impresión se desvanece automáticamente al tratarlo, al romper la muralla del silencio y franquear su espíritu noble y su corazón de niño. Entonces se acrecienta la admiración formada ante los toros, y se quiere y se estima al hombre en la integridad de su vida y en el espacio de su alma.

Conocí a Gaona hace apenas tres meses, en una de las comidas de la Peña Taurina “El Puyazo”, a la cual asistió él por excepción, pues nunca se le ve en banquetes ni frecuenta reuniones. Y su charla cordial tendió el puente del afecto y se inició esta entrevista, prolongada después en una comida en su residencia del Paseo de la Reforma y en varias sesiones de dominó –su pasatiempo favorito- en que nos dividimos el triunfo y la derrota del juego en compañía del caballeroso ganadero Don Carlos Cuevas y el gaonista medular Don Pedro de Cervantes y de los Ríos.

Ante el panorama taurino de esta época y el desbarajuste que priva en el criterio de los aficionados nuevos, desorientados por la mentira de crónicas en subasta, reclamé a Gaona su voz autorizada para decir lo que piensa de los ases y del toreo de hoy. Quiso rehuir el tema, pero logré convencerlo en merito a la obligación que tiene para con el público de México, que peleó por su torero y lo sostuvo en todo momento y lo elevó a la cúspide, y que tiene derecho a que Rodolfo hable para él y le exprese su verdad.

Si personas que apenas han visto unas cuantas corridas en su vida se juzgan capacitadas para gritar en el tendido y pontificar, aún poniéndose en ridículo; y si cronistas que no saben de la fiesta más que el modo de hacer la faena del peso, dicen los mayores disparates con frescura polar y realizan juegos malabares de retórica para engañar a los que no chanelan de estas cosas, ¿Por qué Gaona va a ser menos que ellos?

¿Acaso porque fue torero, porque tuvo experiencia de veinte años ante los toros y los públicos de México, de España, de Portugal, de Francia y de Sudamérica?

Y vino el diálogo, en que Rodolfo hizo recuerdos y confidencias:

-Una tarde, a fines de 1924, se me vino a la cabeza la idea de retirarme de los toros. Y decidí que esa sería mi última temporada.

-No olvidaré nunca las ovaciones del 12 de abril de 1925, en que puse fin a mi historial de torero, y guardo el mejor recuerdo del cariño que siempre tuvo para mí el público de México.

-Después de la retirada sentí un vacío en mi vida y sufrí lo que nadie imagina: una noche, hasta soñé que estaba toreando. Durante dos años no quise saber nada de toros, porque la tentación era muy grande y tenía unos deseos locos de volver a torear; ni siquiera fui a una plaza para ver una corrida, y pedí a mis amigos que no me hablaran nada de toros. ¡Lo que sufrí!

Y al decir esto, Gaona respira con satisfacción, como quien recuerda la crisis de una enfermedad que puso en peligro la existencia de

Cromo de Rodolfo Gaona y Jiménez.

un hijo, y que se resolvió en una victoria.

-Después… ni los contratos en blanco ni las alusiones personales han turbado la paz en mi vida. Tres años después de mi retirada, me sentía tan fuerte y tan bien de facultades como en mis mejores tiempos; y habría podido con todos. Pero se es hombre o no se es, y yo había empeñado mi palabra, y tenía que cumplirla como la he cumplido.

Aquí cabe hacer el elogio del hombre que ha mantenido fielmente su actitud, demostrando que se retiró de los toros una sola vez, para siempre y de verdad, rechazando contratos en blanco y desoyendo el cantar engañoso de las sirenas.

Y en su rostro moreno, una mueca indescifrable marca el enigma de lo que pudo haber sido Gaona en los toros, después de 1925. En su rostro moreno, que tiene dos condecoraciones de sus campañas en la arena: dos cicatrices, una arriba de la ceja izquierda y otra en la mejilla del mismo lado:

-Esta me la dio un miureño en Sevilla, en 1916, después de haberle metido el estoque. Ya había salido de la reunión, y cuando había pasado el toro sentí que se volvía y me trincó por la frente; desperté en la enfermería. Y la otra un buen mozo de Benjumea, en Madrid, en 1918; por cierto que fue la única vez que un toro me lastimara al poner los palos, y curioso que yo ni me diera cuenta del rasguño sino hasta que Vicente Pastor, que alternaba conmigo esa tarde, me hizo notar que tenía sangre. ¡Vicente Pastor, el mejor compañero que conocí en los ruedos, un hombre bueno de verdad!

-¿Y el peor?

-Conocí muchos, pero ninguno como José, que a pesar del gran torero que fue, personalmente tenía todos los gatos gitanos. ¡Era un fenómeno, el fenómeno más grande de la historia taurina! Pero para mi gusto, su hermano Rafael el mejor torero de todos. Ese, cuando se confiaba podía borrarnos a los demás. Rafael hubiera sido más de lo que fue, pero cuando surgió el hermanillo comenzaron a olvidarse de él…

-¿Cuál ha sido la mejor faena de su vida?

-Creo que la hice en Sevilla en abril de 1912, en una corrida de feria, alternando con Quinito y Minuto, al tercer toro, de Gregorio Campos.

-Usted, que fue evolucionando al gusto de distintas épocas y ajustándose a nuevas maneras de torear, ¿considera superior el modo de principios de siglo o el que se practica ahora?

-Pues… sí y no. Entonces se corrían toros con toda la barba, con los cuales hubiera sido una locura torear como ahora; y lo que se hacía en aquellos tiempos no lo soportaría el público de hoy…con los toros de hoy. Como se toreaba antes tenía su mérito, por los toros de entonces; y como se torea hoy tiene también su mérito. Entonces creo que había más valor, y ahora más arte. ¿La elegancia? Esa es cosa personal, de todos los tiempos.

-¿Y el toreo de rodillas?

-En eso hay muchos trucos. Es decir, cuando se arrodilla el torero al arrancarse el toro. Cuando se cita arrodillado, entonces…hay que saber torear. Yo no vi a Garza en su faena de “Amapolo”, en que me dicen toreó al natural con una rodilla en tierra, ligando los pases. Pero creo que se puede hacer, y sobre todo que él puede hacerlo. Para mi gusto, el narizón ese es el mejor de todos, con la muleta, que es la base del toreo. Tiene sitio, eso que tan pocos toreros han tenido. Si pudieran resucitarse muchos toros que otros no pudieron hacer lucir, Garza se hubiera cansado de hacerles faenas con la izquierda; porque tiene temple y, sobre todo, sitio para torear…

-Personalmente, a quien más estimo de los toreros de hoy es a Balderas, que me gusta mucho con las banderillas y también con el capote; con la muleta ha estado casi siempre atropellado, pero por lo que le hemos visto en esta temporada parece que va encontrando ya su sitio; y el día que Balderas tenga sitio para torear con la muleta…

Solórzano tiene un capote especial, único, y nadie como él me gusta toreando a la verónica…

Gorráez, Paquillo, puede llegar muy lejos, porque tiene una comprensión del toro verdaderamente notable, le echa valor a lo que hace y tiene afición… Las máquinas de torear…

-¿Y de los toros españoles de hoy?

-Son mejores los nuestros. Mucho me gusta “Cagancho”, que tiene una gracia y una elegancia de la calle de las Sierpes, y que es torero cuando se quiere serlo. Y Victoriano de la Serna, que si tuviera corazón sería el mejor de todos…

Gaona hace una pausa para fumar el cigarrillo que juega en la diestra. Parece contrariado de haber hablado como lo hizo.

-Yo, por fortuna, estoy lejos ya de todos estos líos desde hace doce años. Y no quisiera que empiecen con que si Gaona dijo y si Gaona no dijo, que estoy buscando publicidad… Pero usted es amigo, y le ofrecí hablar claro, y ya está…

-¿Cree en la necesidad de que vengan toreros españoles, para el porvenir de la fiesta en México?

-Sí, para que haya más pasión, más pelea y mejores combinaciones. Esto no podrá ser antes de arreglar bien los asuntos del boicot a los nuestros, con dignidad, pero también con inteligencia, para bien de todos.

-¿Y es necesario que los toreros mexicanos vayan a España para cuajar como matadores de toros?
-Eso ya es bien sabido, que aquí no sabemos estimar a los nuestros, y en España nos han formado a muchos toreros. Aunque quizá las cosas cambien con el tiempo, pues tenemos el caso de Gorráez, que se ha hecho de pies a cabeza en México, sin necesidad de las

Gaona en su faenón al natural a “Quitasol” de San Mateo.

plazas españolas. Pero lo estimaríamos mejor si tuviera una aureola de triunfos en Madrid, en Sevilla, en Valencia…

 -Del público de su época en “El Toreo” al público de hoy, ¿ha cambiado mucho?
-¡Vaya! Muchos aficionados de entonces se han retirado, y mucha gente va a la plaza hoy porque sí, por moda, pero no para ver toros… Eso, ver toros, y ver al torero según el toro, es lo que ya no se hace. Pero el público no tiene la culpa, sino los que escriben para el público y no le dicen la verdad.

 –Le hacen daño al aficionado nuevo y al torero mismo. ¿Cómo va a saber estimar el público lo que tiene mérito y lo que no tiene mérito, si no se le dice? Ustedes, los que no ponen la mano, son los que tienen obligación de orientarlo… Pero son tan pocos…

 -Y los tratados de tauromaquia…

-Allí no se aprende sino a conocer las suertes, no a saberlas ejecutar. Nadie puede enseñarle a uno a ser torero, sino el toro, ese, el toro, que es el que manda en la plaza.

-Y para ser buen aficionado no hay como ver muchas corridas y hablar con los toreros, y los toreros necesitan hablar con los buenos aficionados para aprender también muchas cosas. Yo, por ejemplo, era muy mal estoqueador, y atravesaba siempre a los toros en mis primeros tiempos, aun haciendo el viaje recto. Daba el hombro, que era lo que me habían enseñado. Hasta que un viejo aficionado de Madrid, Andrés “El Zapatero”, me dijo: ”Qué así no puéser, porque el movimiento de la mano desvía la espada. Mira, chaval, da el pecho y verás qué estocadas!”

–No lo creí mucho; pero en la primera corrida que tuve seguí el consejo de Andrés “El Zapatero”, y después de hacer el viaje buscaba yo por dónde había salido la espada. ¡Y no! Que tenía razón el viejo: no dar el hombro, sino el pecho; y saber manejar la izquierda, para vaciar al toro…

Y un apretón de manos rubrica la entrevista con el torero que es un símbolo y personifica toda una época; con el hombre que tiene una sola palabra, lo mismo para irse definitivamente de los toros que para cumplir sus promesas, como la de esta charla para los lectores de REVISTA DE REVISTAS.

Y con el artista de siempre, que si antes desbordó su personalidad ante los toros e hizo arte con el capote, las banderillas y la muleta, hoy lo hace también en su pasión por los versos, siendo un recitador sin paralelo en nuestro idioma: nadie como él dice la poesía gitana de García Lorca, sintiéndola, gozándola y sufriéndola, creando modulaciones eufónicas y exactas las metáforas del poeta granadino, gitano de verde luna, que apagó la estrella de su vida en una alborada de tragedia…

Via: Revista Campera.

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2 Comentarios

  1. Reblogueó esto en DE SOL Y SOMBRAy comentado:

    El 12 abril taurinamente representa el recuerdo de uno de los más grandes episodios jamás vividos en la historia de los espectáculos públicos en nuestro país y quizá más allá de ellos. Por ello, hoy, a ochenta y siete años de lagrimas vertidas en la antigua Condesa por los aficionados taurinos en 1925, reproducimos lo que ha recordado la revista electrónica “Campera”: una entrevista que concediera Rodolfo Gaona y Jiménez al gran periodista taurino Don Roque Armando Sosa Ferreiro “Don Tancredo”, publicada en Revista de Revista de Excelsior casi al final de1937. A más de doce años de haberse despedido de los ruedos, Gaona se sincera con Sosa, habla de sí y, por supuesto, de la actualidad taurina de entonces. Así, recordamos al primer gran ídolo mexicano – en cualquier ámbito- del Siglo XX, apasionante figura y modelo de torería ayer y siempre…

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