
La expectación se colocó en lo alto de una escalerilla que turno a turno fue descendiendo en una desesperante resbaladilla de la que el encierro de Montecristo nos depositó a un inexorable abismo del que solo Sebastián Castella alcanzó a curar la ilusión de la afición congregada. Desesperación para “Juli” que se encuentra sin enemigos al frente, mientras que la alarma se dispara para Diego Silveti que en plena confusión taurina queda a merced, no ya del toro, sino del azar y el destino.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Juriquilla. Fotos: Enrique Muñoz.
Segundo toro de la tarde y segunda decepción en la Juriquilla primaveral, más bonita si cabe que la invernal aunque menos altiva. Da la sensación que en esta Plaza se podría entonar “Carmen” todos los días.
Pero ayer los toros nos lo hacen dudar. Los de Montecristo esta ocasión no son lo que se espera en los grandes acontecimientos taurinos. Esto, peligrosamente se está haciendo la norma que rige las historias taurinas en nuestra época. Y es una pena porque ayer flotaba en el ambiente un aire de acontecimiento.
Dice Santa Teresa de Ávila, a Jesús entregada, “Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía.” En Juriquilla ayer, no ha podido ser.
El primero es tratado como no se merece por “El Juli” en las verónicas sobre arena peinada, plenas de ritmo y cintura, cerradas espléndidamente en la media. Pero el camino hacía el Monte Gólgota deja a la divisa tlaxcalteca en el camino de la vuelta contraria, de salir suelto e impedir mayor lucimiento capotero.
Este “Anfitrión”que abre plaza, es todo menos la cordialidad de la buena mesa y de la fina casa.

“Niño de Leganés” padece a la brega pero Christian Sánchez emociona en banderillas, correctamente ovacionado y mejor resguardado en el burladero que en la ovación del tercio. Con temple siempre “Juli” obliga al manso a los medios hasta conseguir, en el terreno corto, una serie rotunda con la mano derecha, espléndida llena de ritmo y cadencia solo que el astado no resiste los embroques se siente podido y huye.
Ni las carreras de “Juli” logran hacer volver al irredento ni éste tiene por asomo el mínimo fondo bueno. Tal es del espada el lamento al no poder darle muerte atinadamente y en espacio ausente queda madrileño mascullando un posible desquite en el cuarto tras apenas escuchar palmas.
Sin embargo, con el cuarto tampoco es.
Y en buena parte porque el gentío, que se divierte entre amorosas pancartas, dianas chambonamente rematadas y relajación de criterios, le hace pagar a Julián el plato roto de la decepción de mitad de corrida, haciendo que se cambie un justo y corto negro delantero, por un castaño aun peor hecho y no mayormente mejor presentado.
Quizá tendría usía que devolver un puñado más.
Afortunadamente, entre tanta desgracia, queda la gracia y la sabiduría toreras que emplea “El Juli” al abarcar el espacio que el manso sobrero se niega a ocupar. No obstante la muleta acaricia el trazo con la diestra, procura mejorar el corto tranco del astado y “Juli” busca ligar el muletazo, el castaño tiene a protestar y a caer en lo insulso, la vuelta contraria y el límite de la ignominia.
Destaca el toreo de castigo, facilidad para castigar al lado contrario en total domino.
La decepción cunde, pero realmente está en “Juli”, en un año punto más que complicadísimo en su vida taurina, darle la vuelta a tantos cuestionamientos, empezando y respondiendo, con un toro mejor hecho y más serio. De hacerlo así la decepción no lo será tanto. O al menos tan seguido. Ni en eventos tan distinguidos.
Siempre el aire de México le viene bien a Sebastián Castella. Más en tiempos de batallas y heridas.
Toda la corrida huye de los capotes con la nota que el segundo es violento tras ser picado. En banderillas se acentúan las manos por delante sin que los esfuerzos de Luis Castañeda logren hacerle romper. Por ello tiene que venir el doblón perfecto del francés más allá de las rayas, con largueza y ordenanza, bien rematado con el de pecho.
Provoca el torero y luego de conseguir templar, al manso le viene en gana protestar. Cierra veredas de hierba mansa con el toreo de trazo largo y amplio pero esto dura poco con el fondo del toro diluido. Como mata mal todo queda en saludos.
Pero salta el quinto, un toro “cuyo pelo ya pintaba algunas canas” no por edad desgraciadamente, sino porque es cárdeno y a la sazón es nombrado “Cuarentón”. El mejor construido de toda la corrida tiene los pitones reunidos, también comienza correntón y muy violento, al grado de casi sorprender a José Chacón que ajusta inmediatamente para bregar, suave y templado.
“Más capote, Castella” Tras entretenerse en innecesariamente contestar –uno de los deportes favoritos de Sebastián– contesta con los muletazos alternados que consiguen que el torero se haga poco a poco de la embestida del toro. Ahí, en plenos medios, pese a la protesta, la vuelta contraria y las trampas tendidas por “Cuarentón”, el diestro ajusta a media altura reparando y encelando la condición del berrendo en cárdeno.
Por ello la faena, derechista cierto, es un dechado de largueza, de imposición del temple y el mando. Resulta cierto eso que el temple encela, porque Castella sin dar oportunidad en las salidas del derechazo al toro se viene arriba ligando y rematando con emoción los cabezazos en los magníficos muletazos de pecho.
La faena crece pero no es posible ponerse la muleta a la izquierda, cada intento “Cuarentón” lo cobraría a precio de veinteañero. Por ello en un momento de descuido Castella es desarmado pero bien remata la obra por bajo, trincherilla destacadísima, y pese estocada no bien lograda, al esfuerzo y realización, la oreja es el premio mejor.
Vuelta al ruedo, esperando esta comience a marcar la –verdadera- vuelta de Sebastián Castella. Embajada siguiente, Aguascalientes.
Y la militancia de Juriquilla espera, casi ansía ver a Diego Silveti. Y espera como todos que esté a la altura de la exigencia.
Volvamos a Santa Teresa, en devoción entregada: “En cuanto empecé a caer en la cuenta de la pérdida que había sufrido… me dirigí a una imagen de Nuestra Señora… rogué con muchas lágrimas que me tomase por hija suya.” Diego, tras pérdidas de diversos tipos taurinos, sigue siendo hijo predilecto de todo el Bajío.

Sin embargo, Diego ayer queda a merced del escurridizo, flojo y manso tercero. Al que deja hacer lo que le viene en gana. Breve puyazo tras lances pie atrás. Sin necesidad va a los medios, demasiado pendiente del público y de los muletazos dados “por la espalda y de repente” que casi le cuestan un disgusto al ser levantado feamente. Matando es también su Monte Calvario, un suplicio. No así recibiendo vítores y cariños.
Pero queda el sexto, un feo y corto toro. Diego lo intenta incluso en la gaonera donde ha perdido ritmo, parece afectarle tanto cambio de residencia taurina. Esta vez, tras brindis, peticiones de corridos y vuelta de la cara al público, Silveti encuentra el camino de cinco naturales maravillosos. Verticalísimo, desmayado y que muestra lo que ha de ser, someter y poder en progreso del toro.
Es raro, a Diego Silveti cuestan los presupuestos taurinos. A los mansos, por mucho que luzcan los cambiados por la espalda no se les da el campo abierto, Diego lo acaba pagando porque el sexto da la sensación de poder más que él y ese estilo de toro, que es manso y complicado le vienen pésimo a la naciente –no olvidemos- forma neo silvetista.
Esperamos sea solo un lapso porque no queremos ver a Diego en la confusión técnica que aparenta tener. Más con Madrid por delante. No puede ser Diego parte de un calvario ajeno.
Montecristo trajo toros de segunda mano, rechazados en el reconocimiento. Primera caída.
Casi todos sus toros han salido sueltos y doblado contrario. Segunda caída.
Y antes de que llegue la tercera, esperemos del Calvario sobrevenga la resurrección que sea pronto, porque lo que más urge hoy, prioritariamente, es el toro bravo.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Provincia Juriquilla. Viernes, Abril 27 de 2012. Primera de Feria de Primavera 2012. Nocturna. Casi lleno en noche espléndida, fresca y sin viento. Público distraído en muchos momentos.
7 Toros, 7 de Montecristo, el cuarto lidiado como sobrero tras ser devuelto el titular por chico, previa bronca a la autoridad. Sumamente chicos y algunos mal construidos, sin finura ni remate en sus carnes. Mansos y sueltos de salida todos. Doblaron contrario en múltiples ocasiones, siendo los peores el lote del primer espada. Apenas algo destacó el quinto gracias al trato que le dieron en su lidia. Todos pitados unánimemente en el arrastre.
Julián López “El Juli” (Turquesa y oro) Palmas y ovación. Sebastián Castella (Malva y oro) Saludos y Oreja tras aviso. Diego Silveti (Obispo y oro) Ovación tras aviso y leves palmas.
Destacaron a la brega Sergio González, Niño de Leganés y José Chacón, banderilleando Christian Sánchez, Marco Dones y Sergio González.






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