
Cuestión de magia: nada por aquí, nada por allá. O de frustración. Lo teníamos todo, hasta la bendición de las banderas que en plaza tan ventosa ahuyentaron a los malos augurios con su quietud. Un tiempo extraordinario y un cartel para remontar una feria.
Por: Patricia Navarro – La Razón. Madrid.
Juan Pedro Domecq descubrió pocas horas antes, en esta misma plaza, el azulejo que le acredita como ganadería triunfadora de 2011. Qué poco duró la gloria.
El encierro de 2012 nos demostró una vez más que nada como una tarde toros para ponernos los pies en el suelo a todos, y en apenas dos horas. O incluso antes, que en el ambiente se respira el fracaso como intuición de lo que está por llegar.
Y por no llegar no llegó nada.
Ni la casta ni la raza ni el toreo. Nos abocamos a una pobreza espiritual de la que apenas logró desperezarnos Juan Pablo Sánchez, el mexicano que venía a Madrid a confirmar alternativa. Era el último toro de la tarde, del mítico número seis toros seis. Y con suerte, no hubo sobreros que sumar a la resta.
Juan Pablo Sánchez embarcó con gusto la media embestida del toro por el izquierdo. Era de lo poco que nos dejaba la tarde del «no hay billetes». Apenas unos pases y una convicción inversamente proporcional a su escaso rodaje. Pero el toro se echó sobre la arena. Así, sin más. Era el remate de la tarde; ni aposta.
El cartel de la confirmación de alternativa de Juan Pablo Sánchez pasará a la historia, al menos a la suya, aunque ya su primer juanpedro trazaría las líneas a seguir del resto: muy poca casta, poco ímpetu, nulo toreo. Juan Pablo lo intentó. Ninguna otra cosa por imaginativos que seamos podía hacer. Lo mató pronto, y en lo alto. Perfecto.
Alejandro Talavante sustituía a Castella, cogido en este mismo ruedo, en el que se mantuvo herido no sólo hasta la muerte del animal, sino hasta que acabó con su segundo antagonista. La épica que hace grande a la tauromaquia. El extremeño cogió el puesto y apetecía: está en buen momento, aunque nos fuéramos en blanco de la plaza. Apostó por estatuarios en el centro del redondel en la faena al tercero.
A la nobleza del toro le acompañaba una sosería fuera de lo común y al final el trasteo de Alejandro quedó en tierra de nadie. Ahí estábamos de lleno cuando saltó el quinto, que tuvo la virtud de descolgar mucho el cuello en el viaje, pero con tan poco brío, que hacer toreo de ahí y en Madrid resultaba imposible.
Era la primera vez en lo que va de feria que veíamos a Morante de la Puebla. No perdió demasiado el tiempo con el segundo, que nada tenía, y logró ilusionarnos con el cuarto. Otra cosita de toro. Hubo una tanda, atacando al toro, hilando el viaje en la que nos conquistó. Pero fue eso, sólo eso. Se descompuso después Morante en un sí, pero no; no pero sí. Mal. Y peor en el uso de la espada que, otra vez, nos consumió.
Dos horas bastaron para devolvernos a la realidad. En una plaza de toros nada está asegurado. Qué bonito fue todo a las siete en punto de la tarde.
Castella será el padrino de Silveti
El galo Sebastián Castella será, tal y como figuraba en los carteles, el padrino de Diego Silveti esta tarde. Con el mismo traje que tomó la alternativa en Gijón, el torero dinástico confirmará de blanco y oro exactamente 25 años después de que lo hiciera su padre, el Rey David.
Castella, que no pudo torear el martes, volverá al mismo coso en el que fue corneado hace justo una semana. Daniel Luque completa el cartel.
Via: LaRazon.es
RESUMEN DEL FESTEJO.
Las Ventas (Madrid). Decimotercera de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados, descastados y de poco juego en conjunto. Lleno de «No hay billetes».
Morante de la Puebla, de caña y oro, siete pinchazos, estocada (pitos); dos pinchazos, aviso, descabello (silencio) Alejandro Talavante, de lila y oro, pinchazo, estocada (saludos); cuatro pinchazos, media, estocada (silencio) Juan Pablo Sánchez, de blanco y plata, buena estocada (palmas); estocada desprendida (palmas).




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