
De SOL y SOMBRA
La primera corrida de toros de que se tiene registro en México, se celebró el 24 de junio de 1526, y el 13 de agosto de 1529, día de San Hipólito, se instituye oficialmente en nuestro país la fiesta de toros. Desde entonces, la evolución de esta afición tan vitoreada como criticada ha sido plasmada en multitud de ejemplos literarios y cinematográficos. En México, la primera película que aspiró a un premio Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood fue precisamente un filme sobre el género taurino.
Toda esta hisotoria comienza cuando el cineasta español Carlos Velo (1909-1988) llegó a México en 1939, exiliado por la Guerra Civil que había estallado en su país. Maestro de biología, había impartido cátedra en la Universidad Central de Madrid, conoció a Luis Buñuel y Federico García Lorca, y curiosamente, desde su especialización como biólogo, entró en contacto con el mundo profesional del cine, pues fue Velo el encargado de suministrarle a Buñuel las hormigas rojas que precisaba en la filmación de Un Perro Andaluz (1929). En 1934 comienza a realizar sus primeros documentales, y al año siguiente realizó Felipe II y el Escorial durante unas vacaciones en su tierra, Galicia. Cuando este documental se exhibió en la Exposición Internacional de París recibió el primer premio y el diploma de un jurado que presidía Luis Buñuel.
En la capital mexicana, se reunió en la casa del pintor David Alfaro Siqueiros con otros intelectuales españoles. Dio clases de Biología General en el Instituto Politécnico Nacional, recién inaugurado por el presidente Lázaro Cárdenas y se nacionalizó mexicano. Prosiguió con la docencia en distintos centros hasta que en 1944 decidió abandonar el trabajo afectado de una fuerte depresión que le causó la súbita muerte de su mujer.
Recuperó los ánimos sumergiéndose en el cine. En 1946 ganó como coguionista un Premio Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas por Entre Hermanos (Ramón Peón), junto a Emilio Fernádez y Mauricio Magdaleno. Se ocupó desde 1946 hasta 1953 de la dirección del Noticiero Mexicano EMA y realizó los documentales México Eterno, México Incógnito e Historia de México. Conoció en 1952 al productor yucateco Manuel Barbachano Ponce con el que realizó el cortometraje Telerrevista. Cuando al año siguiente los hermanos Barbachano fundaron Teleproducciones, Velo pasó a ocupar el cargo de director técnico. Desarrolló para Barbachano la serie televisiva Cine Verdad y pusieron en marcha la cinta Raíces de la autoría de Velo, pero que por problemas sindicales firmaría Benito Alazraki. Con Raíces obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival Internacional de Cine de Cannes en 1953. Para Fernando Gamboa realizó un gran documental sobre la pintura mural mexicana (Pintura Mural Mexicana. Retrato de un Pintor, sobre Diego Rivera y Arte Público, dedicado a David A. Siqueiros).
Participó en diversas actividades alentadas por los exiliados. Fue, en 1949, uno de los socios fundadores del Ateneo Español de México. Identificado con la causa galleguista, fue uno de los fundadores en 1953 del Patronato de la Cultura Gallega (en el cual se sumará a la línea más radical representada por Luis Soto) y en 1958 alentó, siendo presidente del Patronato, la aparición de la revista Vieiros (sus escasos números fueron publicados entre 1959-1968). Antes, en 1956, había enviado al Primer Congreso de la Emigración de Buenos Aires su propuesta para la creación de un Centro Cinematográfico Gallego. Realizó también un documental sobre la pintura de su amigo Arturo Souto.
En 1956 dirigió, para la productora de Barbachano, su primer largometraje, Torero!, documental cinematográfico de la biografía del diestro Luis Procuna. Según sus propias declaraciones, Velo no era nada aficionado a los toros, sin embargo esta obra constituye una penetrante indagación en los distintos factores que afectan la vida de un matador y un impresionante documento de las circunstancias que le rodean. Es esta gran película una excepción a la escasa justicia que la industria cinematográfica ha hecho al arte de los toros, un arte capaz de «llenar la pantalla» como ningún otro.
Contada… más bien recordada por él mismo Torero mientras se dirige en un coche a lo que será su regreso a las plazas tras años de retiro. En ese tránsito por la memoria del torero llegando a la plaza, la película se desborda en una abundante riqueza de lecturas.
Por un lado, la crónica social de un olvidado que consigue salir adelante desde los escalones más bajos de la sociedad mexicana, merced a su esfuerzo y su gusto por los toros… “Más cornadas da el hambre” dice Procuna en un determinado momento.
Por otro, el fascinante retrato de la psicología del torero. Los toreros siempre me han parecido personajes complejos, constantemente midiéndose consigo mismos, con la bestialidad de la naturaleza encarnada en el toro, con la brutalidad de la sociedad encarnada en el público y contra el sinsentido de la vida manifestándose en la constante presencia del azar y la muerte.
Y Procuna, por supuesto, desde la reflexión psicológica de una voz en off que subraya casi todos los planos en que se despliega la película, ofrece una fascinante visión de la vida y de la muerte desde la naturalidad de quién ha tenido que trasegar con ambas desde el principio de su tiempo.
Pero también “Torero!” es un magnífico documental que recoge el espíritu de toda una época, el México miserable de las calles sin asfaltar donde intentaban sobrevivir esos olvidados de Buñuel, unos olvidados de los que Procuna sin duda debió formar parte.
Y hay más cosas… para los aficionados a los toros la oportunidad de ver imágenes de diestros históricos como Manolete o Carlos Arruza o el propio Procuna toreando en la Monumental y para los aficionados a las imágenes inolvidables las de los jóvenes maletillas toreando toros bajo la luna. Una película importante, a descubrir.

El Torero
Luis Procuna (1923-1995), conocido como El Berrendito de San Juan, ha sido uno de los toreros más admirados y queridos de México. Nacido en la capital azteca por la avenida San Juan de Letrán, de ahí el sobrenombre, fue un torero de contrastes, de luces y sombras, de triunfos resonantes y de rotundos fracasos. Asimismo, de perfiles trágicos, porque los toros le pegaron fuerte. Poseedor de una sonrisa juvenil y contagiosa, aquel mechón de canas sobre la sien derecha le valió el famoso mote. Procuna debutó en 1938 ante el público de Puebla. Pero su carrera taurina se inició en los años cuarentas y duró tres décadas partiendo plaza, lidiando y matando toros mediante una trayectoria plena de entrega, arte y valor. Aquellas placitas cercanas a la gran capital fueron escenario de sus primeros pasos en la tauromaquia, de aquellos chispazos fulgurantes como becerrista, novillero y matador de toros, de aquellas “espantadas” que culminaban con su cabeza cayendo en el piso del callejón.
Su debut fue el 21 de julio de 1941 y sus inicios en los Jueves Taurinos en la vieja plaza El Toreo de La Condesa. Ahí inició Luis su camino al firmamento taurino, al lado de su padrino Luis Briones, de su misma camada taurina, de Julián Estrada y de Gregorio García, culminando con la anhelada confirmacion en la México, misma que llegó en 1943, siendo su padrino Luis Castro “El Soldado” y fungiendo como testigo Luis Briones. Su alternativa fue poco antes, en noviembre de 1942, la tomo en Ciudad Juárez, Chihuahua, de manos Carlos Arruza, conocido como “El Ciclón Mexicano”, que triunfara rotundamente en nuestro país y en todos los ruedos españoles.
Toreó por vez primera en España el 6 de mayo de 1951 en Barcelona y confirmo en Las Ventas de Madrid el 14 de junio del mismo año de manos de Francisco Muñoz que le cedió la muerte de “Guareño” de Joaquín Buendía. Ya desde 1945 recorría varios países sudamericanos como Colombia, Perú y Venezuela.
Cuando se inauguró el 15 de febrero de 1946 la Monumental Plaza México, el cartel estaba formado precisamente por Luis Procuna, junto a Luis Castro “El Soldado” (1912-1990) y el español Manuel Rodríguez “Manolete” (1917-1947. Lidiaron toros de la ganadería de San Mateo, a lo que por cierto Luis Procuna le cortó la segunda oreja que se otorgó en dicho coso, mediante una emotiva y enorme faena al toro “Gavioto”, después de que “El Monstruo de Córdoba” había cortado la primera oreja en la historia de la plaza México. Luis, que en ocasiones le tenía pánico a los toros, manifestaba que deseaba morir después de una cornada.
Su carrera llegó a su fin el 10 de marzo de 1974, en la Plaza México, el escenario de sus triunfos y fracasos. Se cortó la coleta esa tarde y se retiró de los ruedos para nunca volver.
Procuna y su esposa fallecieron en 1995 en un accidente de aviación, en la llamada Aviateca 901.
Twitter: @Twittaurino



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