Por Álvaro Rodríguez del Moral
Jugada maestra
Tomás ha renovado su crédito un año más y ha elevado su altísima cotización dejando la expectación por la nubes de cara a una próxima temporada que hoy por hoy sólo es incógnita. Le han bastado tres funciones milimétricamente planificadas en intensidad creciente y alternando con dos figuras de la cima del escalafón –El Juli y Morante- para lograr convertirse en uno de los nombres propios de una extraña temporada que ya camina a su final. La guinda, ya lo saben, ha sido esa encerrona nimeña del pasado domingo que el genio de Galapagar convirtió en una antología de sí mismo y en el campo de pruebas de su definitivo concepto: más variado, cerebral y fresco que esa pétrea y patética voluntad de torear contra el toro que le dio gran rendimiento en otros momentos, con otros planteamientos y expectativas diferentes.
Una cuidada planificación
Un acontecimiento como el que se vivió en Nimes habría sido imposible sin el concurso de un equipo humano que ha funcionado con precisión suiza; sin una cabeza pensante con un absoluto dominio de los tiempos que ha vuelto a catalizar el gran despliegue del maestro madrileño. El impecable trabajo de campo o ese sabio juego matemático que sabe administrar el interés y el deseo de los públicos con los kilates de los carteles -este año se ha apostado por dos duelos de verdadero interés- debía ser estudidado en las mejores escuelas de marketing y es digno de todo elogio. Y no deja de llamativa la atracción que despierta un torero que amontona titulares sin conceder una sola entrevista. Pero el entorno del Divino no deja nada al azar: y más allá del evento del pasado domingo hay que analizar el planteamiento global de un año resuelto en sólo tres contratos que tenía que resolver tres premisas fundamentales: llenar las plazas a toda costa; mantener intacta la expectación de cada paseillo y sostener un estratosférico caché que podría pulverizarse de nuevo después de la complacencia coral que ha seguido al cierre de su particular y corta campaña.
También hay cosas que matizar
El impresionante reflejo mediático del acontecimiento nimeño sólo puede ser calificado de positivo en un momento delicado en el que la fiesta necesita recuperar su cotidianidad después de la guerra relámpago del incansable sector antitaurino. Pero la verdad de lo acontecido sólo la pueden conocer las quince mil almas afortunadas que se congregaron en el impresionante anfiteatro carmargués. El resto de la humanidad se tiene que conformar con los rácanos tres minutos consagrados por ese vergonzante papelito que hacen firmar a la prensa. ¿Qué quiere decir esto? Que también juegan con el imaginario colectivo. Saben que lo que sólo se cuenta boca a boca acaba siendo mitificado. Pero no hay imágenes que nos permitan comprobarlo. Y en fin, como hay que conformarse con lo que vieron otros ojos tampoco está de más que reprobemos ese agravio comparativo que el tomasismo más integrista quiere establecer con las figuras que sudan la camiseta por en el duro primer circuito. Y una última reflexión que basaremos en lo que nos dicen y en lo que pudimos verle en Huelva: Tomás ha renovado su repertorio, ha ampliado su capacidad lidiadora y se encuentra en óptima forma para afrontar una temporada más amplia al nivel de una figura de ferias. Es lo que le pedimos al maestro de Galapagar, que se anuncie en los escenarios -Sevilla, Madrid y Bilbao- en los que se dirime la primacía del toreo. Sólo entonces nos convertiremos aunque hay quien advierte, y no le falta razón, del peligro de convertise en un torero -grande- más.
Via: http://www.detorosenlibertad.com




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