Nuevo Progreso de Guadalajara, segunda corrida de temporada: Toros para Rivera.

Rivera. Foto Guz Pelayo
Rivera. Foto Guz Pelayo

Por Francisco Baruqui

Llegué a la plaza con sol y cielo azulado pero…  Pero, quién diría que al final del cuarto, negro el arcano y cargado de nubes, se soltaría lluvia de gota gruesa que haría al público escaso, — un octavo de aforo en un coso capacitado para dieciséis mil, saque cuentas amable lector aficionado –, huir de los tendidos cuando torpemente la nueva autoridad, ordenó la salida del quinto entre un diluvio que dejó la arena convertida en laguna…  Seguro que habiendo esperado unos minutos se habría evitado el error no tocando para salida, que ya el toro en la arena…  Más paciencia, mejor criterio y más razonada determinación bisoño juez.

El cartel por cuanto a toreros se antojaba interesante, ya que la terna implicaba estilos diferentes, expresiones distintas y, por ende, apreciación para la afición en tres espadas de cortes, esencias y fondo contrastantes, con el entusiasmo y ánimo de salir a justificarse, lo que al final consiguieron.

Corrida parchada, — mal comienzo para el ciclo habiendo ganado sobrado en el campo bravo mexicano –, con cuatro de Torreón de Cañas y dos de Rancho Seco, jugándose solo cuatro, dos de cada uno de los hierros, con un toro de encaste español de Parladé, el que abrió plaza, aunténticamente de rabo…

Muy en tipo parladeño, apretado en carnes, fino de hechuras y con talante de bravura matizada con extraordinaria clase, gran estilo, recorrido, son, mucho son, abriéndose con claridad y nobleza al leve toque del engaño, rebozándose en la embestida, yendo a más habiendo recibido un solo puyazo de excelente aplicación que lo descongestionó dejándolo con el brío para acudir al engaño soberbiamente…  Bombón que es con el que cualquier torero sueña, que merecidamente recibió el honor del arrastre lento a sus restos.

Contrapuesto a su hermano primero, el cuarto, siguiendo por cuanto a presentación en el tipo de su encaste, resultó por sus condiciones de lidia, bravucón en manso, sin clase alguna, midiendo y huyendo desde sentir la puya coceando al peto al salir, demandante en la muleta para una labor de poder que hizo que el aquicalitense diestro Fabián Barba estuviese en profesional, con entrega y dedicación, rifándosela desde saludar con intento de larga cambiada de rodillas llevándose fuerte achuchón sin herida qué lamentar, pero sin respuesta mayor, con los goterones cayendo con fuerza.

A su primero, el dulce de ensueño, lo recibió a porta gayola con dos cambiadas de hinojos plasmando la verónica y rematando con chicuelina y media oyendo ovación, quitando por gaoneras ceñidas que le valieron palmas, para con la zarga, disfrutando la extraordinaria condición del morito, cuajar una faena con trazo, muy estructurada, iniciada con cambiados por la espalda en el centro del platillo, plena de cadencia y temple en series de ayudados por abajo con la diestra rematados con torería.  Tardó en descubrir al astado pasándose la muleta a la izquierda para mostrar que, si por el derecho era de triunfo grande, por el izquierdo era de auténtico escándalo…  Cómo metía el morro haciendo “el avión” en embestidas cadenciosas, permitiendo al torero reponer lo justo para engarzar el siguiente pase.

Larga faena embelesado Fabián por la clase de toro que le tocó en suerte para, cuando pidió la muerte, en corto y por derecho, con determinación se fue tras de la espada cobrando estocada entera que le valió una oreja.  Buen torero Barba, con oficio, buena técnica y decisión.  Un valor del toreo que debe de tomarse en cuenta.

Como en cuenta también José Mauricio que enfundado en vestido verde con oro, fino y bien recamado, “de la aguja”, — como en el argot decimos cuando el vestido es de estreno –, lució su planta torera frente al de Rancho Seco, dibujando la verónica acompasada, bajas las manos y jugando los brazos, descubriendo la falta de fuelle de la res a la que remató en un quite con vistoso “manguerazo” de Villalta, pase de serpentina de frente cerrado con revolera que se le aplaudió.

Con la flámula se dió en una faena larga, demasiada a momentos, sin someter en exceso dada la fuerza justita que el burel tenía, consiguiendo pases con mucha estética dado el corte elegante de su expresión, para terminar al primer viaje con entera trasera tendenciosa que bastó.  Al quinto, en pleno diluvio, se le devolvió, dejando destacada impresión y muy buen ánimo para verle de nuevo en ésta plaza y…

Y, no, no me sorprendió porque sé de lo que es capaz de hacer pero…  Pero, ¡Vaya torero que hay en el colombiano Ricardo Rivera..!

Con facultades excepcionales manifestadas desde sus principios novilleriles, he creído siempre que en éste joven artista puede haber un futuro de gran importancia porque atesora una condiciones extraordinarias por cuanto a un valor cabal, sin truco ni bisutería; valor del bueno, de ése que sale de los adentros para clavar las zapatillas, encajar los riñones y enmendar lo mínimo aguantando, muy reunido, acompañando, sintiéndose y haciendo sentir la vibración de un arte de profunda INTENSIDAD que conecta impactantemente con el tendido, sacando otro tipo de ¡OOOleeé..! haciendo al aficionado batir las palmas y corearlo de pie.

El temple…  Sí, ése divino don enmarcado en un sentimiento diferente, distinto, que hace llevar al toro embrujado en la muleta en series, — ¡Atención..!  hasta de seis y siete pases por abajo, cuando lo común es no dar más de tres y rematar –,  Rivera somete acariciando, imponiéndose, mandando e, insisto y repito, TEMPLANDO, intensamente logrando lo que pocos, muy pocos, poquísimos han conseguido que es expresar la garra, la estética del misterio artístico que se llama EMOTIVIDAD, para rematar siempre con sendos pasees de pecho largos, con mucho toreo, de pitón a rabo escuchando los aplausos de estruendo…

Toros…  Toros y más toros necesita éste torero y, fundamental a éstas alturas de su carrera, una administración profesional que pueda y sepa proyectarlo al sitio que por sus condiciones merece.

Pinchó precipitándose por no cuadrar debidamente al toro en la estocada, para luego de sepultar la hoja en entera desprendida, dar una más que merecida vuelta al ruedo que tuvo un valor de orejas porque ése toro en otras manos…  Ná de ná…

Que encuentre su camino que ya sabe cuál es, e, importantísimo, que le encuentren a él para llevarle como se debe y realizarlo en lo que realmente vale…

Toros, que sí…  Toros y más toros para Ricardo Rivera, una figura en ciernes…

Correo electrónico: francisco@baruqui.com


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