Recapitulando: En Camino de Damasco – Se Alinea el Tranco de La México.

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En tarde de intrigas develadas, la más importante es que la Afición se vuelve al sitio durante seis turnos taurinamente ideales por sus silencios y, claro, su clamor cuando surge sin premeditarse. La vuelta de la Afición a la Plaza tiene la recompensa a partir de la presencia de un encierro sin martingalas, con matices pero que ha exigido de los toreros sacar lo mejor de sí. Claro, todo se logra, otra vez, a partir de la sola presencia, sin hipérboles, del toro.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sucede que el celaje gris de la tarde de Mixcoac aleja el jolgorio de la Plaza México para acercarnos un poco más hacía lo trascendental de la corrida. Esto, en buena medida, porque la asistencia baja en cantidad pero eleva en calidad.

No obstante, a la muerte del primero, la Banda se sale de tal mejora al tirar, nunca mejor aplicado el verbo, una muestra del folclorismo y regionalismo que no hacen mejor el espectáculo taurino, un corrido regional para festejar la triunfal vuelta de Arturo Macías a la Monumental.

Antes, cuando los elementos de la Fiesta han tenido más taurinismo surgían de los músicos de la corrida, pasodobles taurinos. Macías, por su historia, en otro tiempo, habría tenido ya el suyo pero tiene que conformarse con un corrido que suena en la vuelta al ruedo pues el “exiliado” ha vuelto y con un triunfo numérico.

Esto llega ante un flojo y noble astado y en buena medida porque Macías ha entrado pronto a la corrida. Desde el saludo en el tercio que atinadamente no comparte con sus alternantes, en su buen caminar más allá de las rayas en el saludo donde, además, ayuda al noble barralva y, principalmente, por el gran quite por saltilleras, bien rematado que trae aire y reflejo de la seguridad en los toques y el remate por alto.

La plaza enciende, la cuadrilla cuida al toro que finta con apagarse pronto previo al brindis de Arturo Macías, sentido, a la generalidad. Los medios hacen lucir el inicio con quietud y aire al astado. Anticipadamente, Macías observa la necesidad de aliviar al toro por el lado derecho y, la media altura, toda templada consiguen que corra la mano y el astado mejore.

Cuando el cárdeno queda corto, Macías pierde pasos y camina entre pase y pase, alivia, cura el tranco cintura quebrada, compás abierto, brazo al vuelo y sus remates, cambios de mano y por alto, convencen al público a exigir una oreja bien ganada y rematada con entregada estocada. Mejor, impensable. Imposible empezar mejor.

Pena que la desigualdad del torero se extienda y aparezca en el difícil cuarto.

Macías se encuentra a un negro y muy estrecho toro con el que equivoca, por inoportuno, el quite combinado –tafallera, caleserina buena, brionesa enganchada- con el que el toro aprende demasiado.

Al grado de que al llegar a la muleta, se queda corto a las salidas. Arturo no atina cuando hilarse o cuando cruzarse, principalmente, si la muleta retrasada, por fuera de la segunda raya, podría hacer pasar con tres y el de pecho al manso astado. Sufre Macías el efecto de su desigualdad pero su nueva toma de contacto con La México es favorable. Toca asegundar, salir de Damasco y volver para encontrar redención.

En negro y plata, como noche de estrellas, Alejandro Talavante pisa el ruedo de La México, dispuesto a reventar el palpitar a arrastrar capote y muleta, a obligar e incluso, forzar el camino de la profundidad en el toreo.

Su lote es el más serio y fuerte de la corrida, cosa que nos congratula. Consiste en un toro fuerte y vuelto que hace segundo, que acude largo pero que tiene la tentación casi perpetua de doblar contrario. Talavante puede ir al frente, recogiendo la aspereza del toro a pies juntos y en los medios rematar.

Se muere el torero por derretir la sangre y la seda en el giro chicuelinero pero el burel que protesta en el caballo con fuerza, tras dos chicuelinas, se desentiende.

Bien la cuadrilla al no tocar de más ante la vuelta contraria al caballo de los mansos. Alejandro desiste y opta por recoger la embestida en los medios ante el toro que le aprieta y le obliga a bregar hacía atrás, tocarle por bajo, de lado a lado hasta que sobre las rayas, por el lado izquierdo, iluminadamente, remata con rebolera sin par. Magistral. Momento estelarísimo de la Temporada.

Torear de capote es algo más que pies juntos y giros invertidos. Es eso, someter y desplegar con arte.

Torear de muleta es también hacer suya la embestida, de protesta revestida, con ese, clásico y poderosísimo muletazo genuflexo, alternando lados, avanzando a las rayas y rematado por arriba. Obligar sin derrumbar, Talavante se da el lujo en tal postura de pegar vitolina y abrir sobre la raya el personal derechazo, largo y estéticamente avasallador.

Muleta arrastrada, cite arrebatado, el derechazo se mece con el trapo al piso y la mano aun más allá, en mando absoluto y revestido de temple, abrochando arrucina magistral en compromiso pleno con su obra que el toro resiente al probar y fintar tirar el ancla.

Solo que la izquierda de Talavante invierte la intención del barralva, que sin mayor alcance por bruto y por falta de raza. Se impone el diestro, muñeca de seda y brazo de hierro en cada pase. Alivio y quietud en la manoletina antes de que eche a perder todo con su inexplicable fragilidad al oficiar con el acero donde toda la tarde ha estado fatal.

Por ello el triunfo no ha tenido la fuerza que sí su toreo. Cuándo será el día que Talavante se decida a no salirse del pitón derecho, a tirarse con fe…

El hierro de Barralva tiene una mejora en su línea mexicana a destacar. Pero la realidad es que la corrida no ha tenido uniformidad en su remate, rubro en el cual el quinto rompe todo el molde posible. Es el toro, en tamaño perfecto para La México, con una seriedad que hace que la taurinísima cátedra guarde aun más respeto y silencio a su salida.

“Marinero”, negro y cinqueño, ofensivo pero sin exageraciones por delante, hace notar que la edad es seriedad, incomodidad, que no se puede engañar a un adulto como sí a un niño. El toro no debe salir a dejarse o prestarse. Pero una cosa es salir a atacar y otra a defenderse y, peor, hacerlo a mala idea como hace éste que hace quinto.

Duro con el capote y la cabalgadura, solo puede Talavante endilgarle una media a pitón izquierdo. Pezuña inquebrantable, Alejandro plantea las cosas a toma y daca, con cites naturales y claro, a cara o cruz.

Habrá faltado un puyazo. Habría quedado el toro parado, quizá. El segundo espada se lo juega, bajo la noche cerrada, hace pasar y obliga desdeñando el percance que se advertía en una colada por el lado izquierdo. Sequedad y seriedad en los toques, en las salidas de la suerte.

Con el aire apagado de una víbora el toro tira el hachazo y alcanza la muleta.

La gente se desorienta pero, en realidad, el que se ha impuesto, en la línea de fuego, donde crujen el palillo, la tela y la seda, es el torero.

Nunca agobiado, siempre suficiente, se estrella Talavante con el pinchazo, claro está. Pero además con el toro mexicano que no conocía: el que no se deja pero en sentido negativo, sin fondo bueno oculto y contrario la “calidad” acostumbrada.

Con éste, el difícil, también, le ha entendido y seguro le ha traído un escenario no del todo conocido o acostumbrado pero que ha dejado estoy seguro, taurinamente, con el corazón encendido a fin de reavivar la flama de su taurino deseo. Que la suerte lo conceda… que nosotros lo veamos.

El rigor de La México y su Afición al momento de saludar no han hecho más que generar, muy gradualmente, el momento de hacer surgir el derroche de fondo y de forma posterior del torero denostado que es el tercer espada.

La corrida ha tenido un toro más que interesante, el cárdeno, bajo y degollado, tercero. Siempre dispuesto a embestir, se emplea poco de salida ante el templado capote del “desterrado” Octavio García “El Payo”.

Se confía el queretano y deja perfecto en suerte al astado con un recorte maravilloso. Picado el toro se enciende y Luis Alcantar, primero, Rafael Romero después, han bregado perfecto y elevando el juego del toro para que “Payo” se juegue la partida desde el comienzo por la espalda.

Emoción en la embestida. Firmeza de plantas aunque brevedad en las primeras tandas exigen de “Payo” dejar la muleta muy puesta, muy planchada y punto más que templada. La noticia es que el de Querétaro lo consigue. Tarda levemente en encontrarlo pero, cuando lo ha logrado, en el tercio frente a la Puerta de Arrastre, la cosa a sido de fervorosa entrega porque el ritmo ya no lo impuso el toro, sino él.

Cómo se rompe la cintura, cómo se anuncia el muletazo en el pase anterior, por su colocación y el desahogo de la muleta en el remate, con esa claridad de cada tanda tiene a la gente en plena entrega. La zurda está en esa misma altura, el toreo bueno vence y convence, García se gusta y su, semblante, desde su terno, en bajo perfil inicial, se colorea y se alivia a partir del arte.

El toro raja tras trincherazo a pies juntos. Entonces juega a la contra en la dosantina que tapa ojo contrario y corta salidas. Cierre valiente y por alto. La expectación servida.

Pena que estando tan bien, se mate tan mal. Pero – no se extrañen- esto ha sido mejor, detener cualquier premio y cualquier dádiva a fin de dejar al torero en tres muy largos turnos para aumentar sus ganas de reventar la escena.

“El Payo” aguarda hasta la aparición de la postrera aurora de la corrida su momento para retomar lo que deja ir ante el tercero. Pero el que cierra corrida es el más flojo y débil de todos. Hay un momento en que la gente amaga el mitin para la devolución pero afortunadamente la cuadrilla sostiene el cristalino tranco del noble toro.

García no lo piensa más y lo siente mucho. De inicio alivia la estrecha por cuanto a fuerza embestida. Apenas ligazón en los derechazos y opta por el tercio frente a la Puerta de Arrastre porque el toro no cae, rota tiene su motricidad. Ahí, la muleta con la derecha, donde paso a paso el toro acude, muletazo a muletazo, “El Payo” lo borda .

El toro eleva y la mano izquierda también.

Tan roto en el centro de la suerte, la unidad de su empaque y expresión se ponen al compás de la embestida del toro, tan suave, tan sutil que el barralva rompe por ese lado izquierdo y la gente igualmente en consonancia con la obra. La clave es presentar, tirar, extender el viaje y girar rompiendo la muñeca zurda para que “El Payo”, colocado con absoluta despaciosidad, arrastre la muleta en el centro del palpitar.

El camino de la redención es tan cansino como cada muletazo en plata bordado. De Ley. Como ese de pecho que tarda eternidades en lograrse y perpetuidades tardará en su recuerdo olvidarse.

Y las cercanías y las redondeces, a medio aire y a medio toro frenado, con toque pleno y entrega sin reservas. Ahora la muleta cuadrada a la arena desplegada en muñeca idílica anticipa el nuevo cierre joselillista por encima, remate abajo y… -adivinan ustedes bien- “El Payo” pincha y marra. Cómo puede ser…

La oreja viene como un pequeño acicate tras acertar en el segundo viaje. Hay quien la protesta pero la realidad es que la redención de Octavio García ante la rendición de la Afición ha de llegar pronto para los tres toreros.

No ha sido hoy la culminación sino apenas el primer paso de la recuperación del sitio y la ilusión taurina.

Sera pues a la vuelta, a la tornata. Cuando los tres, entonces puedan expiar la pena, cualquiera que sea, a partir del martirologio del toro y del arte. Puerta grande incluida.

Como ayer ha sido que mañana sea.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2012-2013. Domingo, Noviembre 4 de 2012. Segunda de Derecho de Apartado. Menos de media plaza en tarde muy fría con cielo taurinamente encapotado y cárdeno. Neblina en el quinto y viento fuerte pero intermitente. Mejora sustancial en la asistencia que ha guardado silencio y ha puesto atención todo el tiempo.

6 Toros, 6 de Barralva (Divisa Azul celeste, canario y rosa) Desigual en presencia, con interés para el público la mayoría. Flojos primero y sexto. Con emoción y bravura el tercero, homenajeado justamente con el Arrastre Lento, tuvo amplio recorrido con la muleta y fijeza. El cuarto tuvo recorrido corto y el quinto, todo un toro por fuera, tuvo peligro principalmente por el pitón izquierdo. El sexto superó su flojedad y tuvo nobleza.

Arturo Macías (Obispo y oro) Oreja y División. Alejandro Talavante (Negro y plata) Ovación y palmas. Octavio García “El Payo” (Blanco y plata) Fuerte Ovación con Saludos y Oreja con leves protestas.

Buena tarde para las cuadrillas en lo general con las telas, aunque menos con los palos. Vuelve a destacar a caballo Salomón Azpeitia y Efrén Acosta Hijo tras picar al sexto y al tercero, respectivamente. Debutó como Juez de Plaza el subalterno en retiro Jesús Morales, sin mayores complicaciones.

2 Comentarios »

  1. No entiendo como a un pega-pases como Macías, que se la pasa dando trapazos por todo el ruedo y repartiendo sonrisas, le dan tanta importancia, en verdad no lo entiendo…

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