Desde el Barrio: Tiempo de recortes por Paco Aguado.

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Las estructuras del toreo en España están exactamente como el propio país, mal. El de los festejos taurinos, reducidos en un sesenta por ciento desde 2007, es uno más de los cientos de sectores atenazados por la crisis provocada por los intereses financieros de la aldea neoliberal.

Y es así como a la tauromaquia española también han llegado los recortes económicos y laborales. Como a la sanidad, como a la educación, como a los funcionarios, como a la industria, como a tantas y tantas actividades más importantes del país, para desgracia de millones de habitantes.

El recorte, algo tan garboso y tan torero cuando se hace frente al toro pero tan deleznable cuando se aplica tan salvaje y arbitrariamente en lo económico, es hoy por hoy la única solución que plantean gobierno y grandes empresas para salir del hoyo en que se encuentra esta sociedad asustada por los acontecimientos.

En los toros, ante un empresariado incapaz de ofrecer cualquier mínima alternativa mientras se empeña en someterse a la dictadura de los pliegos de condiciones, los recortes han ido en aumento exponencial durante las dos últimas temporadas. Hasta llegar a extremos absolutamente bochornosos en esta del 2012.

Sin vocación de resolver los convenios colectivos –exactamente igual que sucede en otros muchos sectores – la gran patronal taurina sigue empeñada en recortar los gastos de organización por una única vía, la del ruedo: recortar gastos de toros y toreros, sin reparar en que se atenta así contra la propia calidad del espectáculo y, por tanto, contra su propio futuro. A estas alturas de la película, cuando tanto cuesta meterse la mano al bolsillo, nadie paga por algo caro y malo.

Resulta paradójico que las empresas mantengan año tras año de la crisis ese lastimero discurso que acusa de todas sus pérdidas al dinero que “se llevan” los toreros, cuando la realidad, el día a día de los hechos generalizados, habla de una brutal reducción de honorarios a la inmensa mayoría de cuantos empuñan espada y muleta.

Tal vez podría aceptarse la queja de que algunas figuras -¿dos o tres?- puedan estar manteniendo unos cachés demasiado elevados con respecto a la repercusión en taquilla de su anuncio en los carteles.

Pero, tras esas mínimas excepciones, toda una legión de toreros, los que, como en la propia sociedad española, engrosan la cada vez más devaluada clase media del escalafón, ha visto reducidos sus ingresos a niveles tan ínfimos que casi se les podría calificar de “jornaleros” del arte. Y eso si torean, al revés que sucede con otros tantos, incluso más y mejor capacitados que ellos, que apenas si suman diez o doce festejos al año por intentar mantenerse en el oficio con un mínimo de dignidad.

Sí, cuesta creer las quejas de las empresas cuando es un secreto a voces que a una joven promesa de los matadores, que ha estado presente este año en muchas grandes ferias, se le han presentado unas cuentas según las cuales aún les debe unos cuantos millones de pesetas a sus poderosos apoderados. A esos mismos señores que han preferido así reducir ridículamente su balance general de pérdidas que apostar por las ganancias que augura en próximas temporadas la proyección del valiente aspirante a la gloria.

En cambio, otros toreros que se dicen «independientes» y que se han visto obligados a tremendos esfuerzos, andan presumiendo incautamente de haber ganado una gran cantidad de dinero… por obtener no más de un millón y medio de pesetas netas de media (unos 9.000 euros) en los más de cincuenta contratos firmados a lo largo del año.

Es decir que, teniendo en cuenta sus actuaciones repetidas en Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Pamplona y otras plazas de categoría, donde es de suponer que hayan cobrado por encima de los 40 mil euros brutos (unos 685 mil pesos), una simple cuenta de la vieja demuestra no ya que lo hayan hecho gratis sino que incluso les ha costado dinero cumplir con un buen número de sus actuaciones de la temporada.

Lo peor del asunto es que casos como estos son cada vez más abundantes en una deriva que conduce inevitablemente hacia una Fiesta indigna y pobre, consecuencia de un sector empresarial que no apuesta por el futuro porque, en el pan para hoy de unos pocos, se eliminan los estímulos a todos quienes la sostienen delante del toreo.

Estamos llegando así a promover un toreo funcionarial y cumplidor, en el que se cobra, poco, apenas por matar dos toros vestido de luces. Hacia un arte menor, sin gloria ni reconocimiento, en el que no merece la pena jugarse la vida. Y en el que el esfuerzo, la maestría, la genialidad y el orgullo profesional serán sólo un viejo recuerdo del pasado y, sobre todo, un mal ejemplo a seguir ante quienes siguen empeñados en recortar a golpe de hacha su implícita grandeza.

Vía: altoromexico.com

Link: http://altoromexico.com/2010/?acc=noticiad&id=14024

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