Juan José Padilla: Los toreros somos unos locos maravillosos»

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Por Gonzalo Pajares.

El 7 de octubre de 2011, en Zaragoza, un toro le destrozó el rostro, lo dejó sordo de un oído y le hizo perder un ojo. El mundo se conmovió y todos pensamos que Juan José Padilla (Jerez, España, 1973) se retiraba del toreo. Sin embargo, solo 104 días después de aquella tarde terrible, Padilla anunció su regreso al ruedo. Su recuperación, su amor propio, su don de gente y el amor a su profesión lo han convertido en un modelo a seguir. Por eso, más que una entrevista, esta charla es un homenaje a un artista que no se ha dejó vencer por el infortunio –tiene 37 cicatrices enormes en el cuerpo– y, por ello, es un ejemplo de persistencia y pasión.

Es devoto de San Martín de Porres…

En un momento delicado de mi vida –era aún novillero y tuve una cogida muy fuerte–, con las esperanzas perdidas en continuar con mi profesión, me presentaron a Fray Martín. Me encomendé a él y, desde entonces, me ha dado seguridad y me ha ayudado a conseguir los logros que me he ido planteando en mi vida. Tan importante es su presencia en mi vida que mi hijo se llama Martín de Porres.

¿Sabía que Fray Martín era peruano?

Lo supe entonces y me preocupé por saber más sobre él. Allí me enteré que era peruano, limeño. Hace unos años me vine solo a conocer el Convento de Santo Domingo, pues me emociona y me llena de fe y esperanza estar donde San Martín vivió.

¿Siente que Dios lo ha puesto a prueba?

Mi profesión es arriesgada, y algunas veces toca triunfar y salir por la puerta grande, pero también hay días que hay que pagarlos con sangre, porque también ganan los toros. El torero debe estar preparado para sobreponerse a los percances y volver a ponerle la cara al toro. Es verdad que estos me han pegado fuerte, en sitios delicados –duodeno, cuello, columna vertebral–, pero la ciencia y las manos de los médicos conducidas por Dios me han ayudado a sobrevivir.

Es un ejemplo de valentía y de la pasión por un oficio…

Mi familia estaba dividida, la pasó muy mal y no quería verme otra vez de cara al toro. Además, mis facultades ya no estaban intactas. Mi padre me pidió que no torease más, que me dedicase a mi recuperación, a mis hijos y a nuestros negocios, pero yo siempre supe que el torero salvaría al hombre, que la mejor forma de recuperarme era dedicarme 100% al toreo. Mi relación continua con los toros fue lo que me dio ánimos y fuerza.

Con la herida aún abierta por la cogida de Zaragoza empezó a tentar toros…

La pasión por los toros no se me fue nunca. Tenía aún los puntos puestos, pero quería convencerme que con un ojo y un oído –no veo ni oigo por la izquierda– podía torear.

¿Cómo le explicaría a la gente que la persistencia en su oficio le ha salvado la vida?

A mi profesión tengo mucho que agradecerle, me ha recompensado muy bien. Y no lo digo por el dinero, sino por el respeto, cariño y admiración que me he ganado en 19 años de carrera. Por eso, hubiera sido muy egoísta que me retirase por el percance de Zaragoza. Dios me ha dado la oportunidad de volver y de rehacer mi vida con naturalidad y, sobre todo, con mucha humanidad. Si puedo conducir una bicicleta y llevar a mis hijos al colegio, ¿por qué no puedo torear? Además, no entiendo mi vida sin la fuerza del toreo, sin el compromiso por mi profesión.

¿Es consciente de que se ha convertido en un modelo a seguir?

Yo no quiero que tengan compasión por mí, yo quiero que se me exija como a los demás, porque si he vuelto a los toros es porque estoy pleno y puedo dar batalla.

¿Le han dicho que está loco?

Muchas veces. Los toreros sí estamos locos, pero somos unos locos maravillosos (ríe). La de los toros es una fiesta de pasiones y de vivencias únicas, por eso, todo el que se acerca a ella termina convertido en un loco (ríe).

¿Se siente más valiente que el común de las personas?

Para nada. Soy, más bien, temeroso, sencillo, tranquilo, con una vida normal. Eso sí, cuando salgo al ruedo trato de que el público no se vaya de la plaza con una sensación de desánimo por la falta de entrega del torero. Al público hay que respetarlo dándole la máxima entrega.

En el ruedo, ¿prioriza el arte o la valentía?

Me siento un torero artista, un torero con profundidad y gusto. Y cuando el toro te da la oportunidad, uno cala hondo en el público y llega a su corazón. Dibujar lances y medias verónicas con expresión y gusto emociona, contagia, nos hace hermosos. Hoy se está toreando muy bien y con muchísimo gusto, pero también hay un tipo de toro donde es muy difícil expresar el arte y la belleza del toreo, pero a ellos me dedicaba yo (ríe). Sin embargo, hoy tengo la oportunidad de ir por otros terrenos y otros toros y sorprender al público.

 AUTOFICHA

 – No quiero que me tengan compasión, quiero que se me exija como a los demás, porque si he vuelto a los toros es porque estoy pleno y puedo dar batalla.

– Los toros son una fiesta popular, auténtica y llena de verdad y se la está juzgando desde el desconocimiento. Esto me llena de impotencia.

– Al ganado de lidia se le respeta y se le quiere. Los ganaderos y los toreros dedicamos nuestra vida a ellos. Por eso, me siento violentado por las prohibiciones.

Email: gpajares@peru21.com

Via:  www.peru21.pe

2 Comentarios »

  1. LO QUE NO SABE DE FRAY MARTIN ES QUE AMABA A LOS ANIMALES Y A LOS TOROS, NO LE GUSTABA VERLOS SUFRIR ASI QUE ESTABA TOTALMENTE EN CONTRA DE LO QUE HACE EL TUERTO, TORTURAR Y ASESINAR ANIMALES. QUE INVESTIGUE MAS ANTES DE HACERSE DEVOTO DE ALGUIEN ,DEBE SER DEVOTO DEL DEMONIO, ESO SE ACOPLARIA MAS A ÉL

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