Ocho con Ocho – Por la Puerta Grande por Luis Ramón Carazo.

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En la ciudad de México el Reglamento Taurino para el Distrito Federal en vigor (a diferencia de los reglamentos españoles) no regula las circunstancias para que al final de los festejos sean izados en hombros los toreros por los aficionados.

Sin embargo, de unos años a la fecha se ha impuesto la costumbre de izar en hombros sólo a aquellos que obtienen la suma de dos orejas como mínimo en sus turnos regulares o los de regalo.

Cabe mencionar que por ejemplo en Sevilla para salir en hombros por la Puerta del Príncipe, se demanda que a las dos orejas se sume una o dos más en el otro turno o bien que se otorgue el rabo (situación poco frecuente) por eso muy pocos toreros en la historia de La Maestranza lo han logrado.

En Madrid dos orejas son el requisito para salir por la Puerta Grande ya sean sumadas o de un solo turno. Es tan complicado hacerlo que en Madrid desde hace 40 años que Eloy Cavazos lo logró en 1972, ningún matador mexicano lo ha podido hacer.

Lo traigo a colación cuando recientemente se efectuó la última corrida de la Temporada Grande de La México y al final dos toreros se fueron en andas de los aficionados, Pablo Hermoso de Mendoza quién obtuvo dos orejas de Quijote de Los Encinos y Alejandro Talavante los máximos trofeos (orejas y rabo) de Rebocero de Campo Hermoso.

El otorgamiento del juez de plaza Chucho Morales, de los trofeos, trajo como consecuencia un protesta leve a la premiación de Pablo y de franco rechazo a la de Alejandro.

Me preguntan ¿El torero español Talavante quién rechazó recibir el rabo de la mano del alguacilillo cuando escuchó la protesta generalizada del público que en gran número acudió el domingo 17 de febrero de 2013, le cuenta o no? Para la estadística sí, existen casos similares a los de Alejandro y han contado. El rabo mal otorgado (de acuerdo al prisma de muchos y me incluyo) por un pinchazo y luego en la segunda ocasión por la defectuosa colocación de la estocada, se otorgó y no hay manera de borrarlo.

El hecho de rechazarlo al alguacil por parte de Alejandro, fue una manera muy inteligente y categórica del torero extremeño de reconocer la voluntad general y no pasearlo en la vuelta al ruedo triunfal luego del rechazo de los asistentes que hubiera sido aplastante en su contra.

Alejandro estructuró una faena variada con el capote y la muleta, toreando con gran exposición ante el toro de Campo Hermoso que tuvo la virtud de ir a más en la lidia.

Me parece que cuando interpretó un natural combinado con un pase de derecha rememoró (y sin tal vez saberlo) a Jorge de Jesús El Glison, quién en Guadalajara hace muchos años, interpretó los dos muletazos al unísono y le llamé la Glicerina por el autor y también el riesgo tan alto en el que incurre el torero al obligar al toro a cambiar su recorrido de manera súbita.

Afortunadamente no fue el caso y surgió la imaginación del pacense combinada con el entrenamiento arduo para realizar una faena de grandes momentos de inspiración y de lo que los toreros llaman el abandono que se da cuando torean más con el sentimiento que con el conocimiento, una vez que se ha acoplado la muleta a las embestidas, en este caso las de Rebocero que al final fueron nobles y codiciosas y de menos a más. Por esa razón el público aplaudió a los restos del toro en el arrastre.

El rabo que se otorgó para Talavante es el 128 de la historia de la México y si descontamos el que obtuvo Arruza como rejoneador y los 3 que lleva Pablo Hermoso, entonces son 124 para los matadores de a pie.

En total los matadores de toros españoles de a pie, llevan 20 rabos en La México 104 son para toreros mexicanos y sólo 14 matadores españoles han tenido en sus manos el máximo trofeo.

El primero fue para Manolete del toro Manzanito de Pastejé el 11 de diciembre de 1946 misma fecha en la que el inmortal Lorenzo Garza obtuvo dos, uno de Buen Mozo y otro de Amapolo. Todo con la información puntual del inolvidable Luis Ruiz Quiroz.

Viene siendo habitual la gran convocatoria del rejoneador Pablo Hermoso, nos encontramos con un caso único en la historia del rejoneo pues además de ser magnífico al fijar los toros de salida y llevarlos de un terreno a otro encelados en el estribo, Hermoso tiene una gran sincronización con sus cabalgaduras que se gesta desde el entrenamiento y el entendimiento de la naturaleza de los caballos, sin fustigarlos ni obligarlos, como sucede con la gran mayoría de sus contrapartes.

Le tocaron 2 buenos toros de Los Encinos el primero más fijo y emotivo que el segundo. El primero recibió el homenaje del arrastre lento, el segundo sin las excelsitudes del anterior le permitió desplegar su gran tauromaquia. En el primero recibió dos orejas, en el segundo por haber descordado al toro fue primero protestado y luego se retiró con el silencio respetuoso de los asistentes entendiendo que la suerte final es muy compleja.

Fermín Spinola en su primero de Marrón tuvo pasajes muy brillantes con el capote, banderillas y muleta pero falló en la suerte suprema y perdió trofeos. No declinó y en su segundo de San Diego de los Padres tuvo capacidad para recibir justa oreja premio a su constancia y para demostrar que no declina en la búsqueda de convertirse en figura del toreo.

A Víctor Mora le tocaron un toro de La Soledad y otro de Xajay a los que por más que se esforzó no encontró el camino para abrir la puerta del triunfo.

Así cerró una temporada que conllevo momentos inolvidables que analizaré en alguna posterior colaboración.

Por lo pronto, en la última corrida a hombros Talavante y Pablo Hermoso para concluir el ciclo 2012-2013 de las corridas de toros en La México la cual (aparentemente en julio próximo) arrancará su temporada de novilladas con los ojos puestos en el futuro que cada vez se viene con mayor velocidad a nuestras vidas.

Por lo pronto tenemos Guadalajara, el próximo domingo 24 de febrero de 2013 con un gran cartel que integran Talavante, Juan Pablo Sánchez y Saldívar con toros de Begoña y ya se anunciaron los carteles de Texcoco muy bien rematados para marzo. Ya los detallaremos.

Por toros pues no paramos y que alegría.

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