Antonio Nazaré: “A la Feria de Sevilla llego en el mejor momento de mi carrera”

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De SOL y SOMBRA.

Antonio Nazaré sabe que este viernes tiene una de esas tardes grandes con la que sueña todo torero. El escenario, la Maestranza. Corrida de Farolillos de la Feria de Sevilla. Viernes, día 19. Y, como compañeros, a dos de las máximas figuras del momento: Julián López El Juli y José María Manzanares. “A ella creo que llego en el mejor momento de mi carrera”, ha asegurado el torero de Dos Hermanas.

Antonio José Marín Domínguez (Dos Hermanas, 1985) siente tanta pasión por el toreo que casi no hace falta preguntarle nada para que cuente y enlace unas detrás de otras las vivencias y experiencias de las que ha sido protagonista en sus 28 años de vida. Cuando él habla de su mujer y se le pregunta si tiene algún hijo, cuenta ya sin parar. “Un hijo de 3 años, Antoñito. Y otro motivo para arrimame más, ¡porque no veas lo que come y lo que gasta de ropa! Éste me tiene muy ilusionado. Mi mujer se quedó en estado en el año en el que tomé la alternativa, y para mí fue una inyección de moral tremenda. Y si tenía motivos por los que luchar, ya ése me empujó. Y además me quita el sueño…”

Ésta, por tanto, más que una entrevista, es una historia de vida. El viernes debe hablar Nazaré en la plaza. Pero, mientras, habla, tranquilo y relajado.

“Nazaré viene de nazareno, claro. La idea del nombre fue mía, y además se me ocurrió bastante pronto. Recuerdo que toreé la primera vez con 8 años de edad, y me dijo el presidente de la Escuela Taurina de Alcalá de Guadaíra que me buscara un apodo porque iban a hacer unos carteles para ver cómo toreábamos. Recuerdo además perfectamente que iba con mis padres en el coche, en un Renault 18, por el centro de Dos Hermanas, y cuando pasamos junto a la Iglesia de Santa María Magdalena, en ese mismo trayecto me surgió el nombre de Nazaré”.

‘“A mí la afición a los toros me viene en parte por mi padre, que fue siempre muy buen aficionado.

“Mi padre era aficionado, pero él nunca me habló del mundo de los toros. ¿Y tú sabes la que yo le di a mi padre para que me apuntara a la Escuela de Alcalá de Guadaíra? Yo le decía: “Papi, quiero ir a la Escuela, Papi que quiero ir a la Escuela”, pero, claro, como no iba bien en el colegio, porque nunca he sido buen estudiante, pues se negaba. Pero, mira, yo creo que al final acertaron, porque aparte de que después fuese o no torero, en estas escuelas taurinas también te transmiten una educación bastante buena, y, sobre todo, te enseñan en el camino de la vida. Después, claro, llegarás o no llegarás, pero te tansmiten allí muchos valores”.

“Y, al final, claro consigo convencer a mis padres para que me apunten a la Escuela de Alcalá, a la que llego con poco más de 7 años de edad. Es curioso, pero como yo venía de aburrirme de tantas cosas y en nada había durado, los de la Escuela le dijeron a mi padre que no me iban a abrir ficha de momento, porque lo normal es que me aburriera. Pero pasó un mes, dos meses, tres meses, y como ya vieron que lo mío iba en serio, pues me acabaron hiciendo la ficha”.

“Lo que sí es cierto es que cuando yo veía una corrida en la tele, o iba a la plaza de Alcalá porque alguien iba a matar un toro, o cuando veía a Morante, que iba algunas veces allí a entrenar, siempre sucedía algo que me inquietaba, que no era normal. Yo nunca había ido a los toros antes de empezar en la Escuela. Ya después, sí, claro, hasta el punto de que he llegado a aburir a mi padre de lo pesado que me ponía para que me llevara a algunas plazas”.

“La primera becerra que toreo en mi vida fue en Alcalá de Guadaíra, cuando yo tenía 8 añitos. Yo entré en la escuela en un mes de octubre, y debuté un 14 de febrero. Y ahí sí que sucedió algo que ya… Recuerdo una cosa que, claro, del miedo que tenía…, porque, claro, para mí hoy es una becerra pequeña, pero con 8 añitos, para mí aquello que me pusieron delante era un toro… Recuerdo que la becerra era muy mansa, porque le pegaba dos muletazos y salía corriendo y me tenía que ir detrás de ella en una plaza que de diámetro era como la de Sevilla. Y no se me olvidará nunca que, del miedo que tenía, se me secó tanto la boca que no sentía si tenía lengua o no… Pero lo que me pasó allí fue algo que me volvió loco. Y ya no paraba: “Papá, que cuándo voy a torear, que cuándo me van a poner otra vez…”. Fueron unas sensaciones…, mira, le pegué ocho o nueve derechazos…, no sé por qué motivo, pero me salieran los pases, y para mí aquello fue muy grande. De aquel día tengo fotos en casa. Y, sobre todo, la gente que estaba allí ese día…

Cuando eres más grande, los olés te impactan, pero cuando uno no tiene ni idea de lo que sucede delante de una becerra, y al final lo que tú haces causa esa reacción en la gente, pues te preguntas qué es lo que has hecho. Aquella fue, sin duda, la etapa más bonita que yo he pasado en el mundo del toro”.

“Yo he vivido muchos momentos en mi profesión. Momentos bonitos y también momentos muy amargos. Cuando comienzo a torear sin caballos, me empieza a ayudar un hombre de Alcalá que viene de la familia de los Alcalareños. Yo salí de la Escuela con 14 o 15 años, y comencé a torear certámenes de novilladas sin caballo por algunos sitios. Toreé en Sevilla en la nocturna de 2002 y llegué a la final cortándole una oreja a un novillo de Guardiola. Y así estuve hasta que en 2003 debuté con caballo.

Fue tremendo, porque toreé cuatro novilladas picás, y de pronto, sin saber por qué motivo, se paró todo. Seguí entrenando, unas veces con más ilusión y otras con menos, porque desconocía el motivo, y así estuve lo menos dos años. Fueron momentos muy duros. Me fui con mi padre a trabajar al campo, luego también con un tío a una tapicería que tiene en Alcalá de Guadíra…

El problema estaba, claro, en que me pedían dinero por torear, cuando mi padre trabajaba en el campo y mi madre era una limpiadora del Virgen del Rocío… Pero es que, aunque mis padres fueran ricos, yo no iba a permitirle a ellos que pusieran dinero para que su hijo se jugara la vida. Porque yo no concibo eso de tener que pagar para ponerte delante de un toro”.

“Y así estuve hasta 2007, que fue cuando me coge mi actual apoderado, Emilio Moreno, por una de esas casualidades de la vida.

Yo seguía sin torear, trabajando con mi padre en el campo, y de pronto me llama un hombre, al que yo había ido a ver y que apoderaba a un amigo mío de la Escuela, Marco Antonio Gómez, que ese año había toreado 25 o 30 novilladas, y al que yo llamaba a la desesperada para que me echara un cable…

El caso es que me llama y me dice que le había llamado un tal Emilio Moreno, al que yo no conocía de nada pero del que me contaron que era apoderado de Fernando Robleño. Me dijeron que el torero iba a venir a Sevilla para hacer unos pocos tentaderos y quería un chaval que lo acompañara al campo a matar y que le ayudara… Y para mí es como si viniera Dios a verme. Recuerdo que tiré una herramienta con la que estaba trabajando en el campo y le dije a mi padre: “Papá, esto ya no lo cojo más”. Y aunque parece esto un poco de película, realmente fue así”.

“Y a partir de ahí empecé de nuevo a torear y fue cuando las cosas empezaron a ponerse ya más de cara. A Emilio Moreno ni yo lo conocía ni él me conocía a mí, pero en el primer tentadero, que fuimos a lo de Manolo González, una finca que tiene en Montellano, pues yo, pese a las lagunas técnicas que tenía, porque llevaba dos años y medio sin torear, le debí gustar porque al día siguiente llamó a su hijo y le dijo que viniera a verme. Fuimos a lo de Torrestrella, que fue un tentadero muy fuerte, con las vacas con unas puntas muy astifinas, en la que estaba Víctor Mendes, el torero portugués, y le encanté también a él. Recuerdo que no paró de hablarme y de preguntar que de dónde había salido yo. Y ya Emilio Moreno dijo rápidamente: “A éste lo apodero yo”. Él la verdad es que confía en mí plenamente”.

“Una vez que me apodera Emilio Moreno, la primera vez que toreo con él es en Sevilla. Fue el 28 de agosto de 2006, y me fue bien. Pude haber cortado una oreja a cada toro, pero, volvemos a lo mismo, yo llevaba desde 2003 sin torear y no tenía por qué estar bien, la verdad; lo normal es que hubiera estado mal, pero no, estuve bien…, sólo que no los maté. Di una vuelta al ruedo en el segundo, pero estuve muy mal con la espada. Pero, mira, el 10 de septiembre me pusieron otra vez en Sevilla en otra novillada, y ese año, sólo en septiembre, llegué a torear siete u ocho novilladas, entre ellas en Madrid, en Málaga, en El Puerto…”.

“De novillero, la tarde más especial fue la de mi presentación en Madrid, por la importancia del escenario y porque lo corté una oreja al segundo toro. Fue el 29 de septiembre de 2007. Para mí aquello fue una inyección de moral bastante importante. Además, ya era final de temporada y de cara al año siguiente se me puso la cosa muy buena. Y así hasta que vino mi alternativa en Sevilla, que me había ganado cortando varias orejas de novillero.

Fue en 2009, con Morante, y con Ponce de padrino, en una corrida de Juan Pedro. Es curioso, porque ese día es muy bonito, pero tampoco tengo ningún recuerdo especial que se ma haya quedado grabado.

En la alternativa siempre se tienen muchas ilusiones puestas, porque es lo difícil, llegar a lo más alto en tu carrera, per fue, al contario, un día muy duro. Y como el toreo está muy difícil, quedaba claro que si no triunfas el día de tu alternativa, te quedas parado. Y ése fue mi caso. El toro tiene que ser tu cómplice, y ese día no me ayudó. Toreé después algo por los pueblos, pero en los pueblos no está la gloria.

“La verdad es que Sevilla siempre ha sido la plaza que me ha lanzado. Aparte de ser mi tierra, es la plaza que me ha servido siempre como trampolín. Me dieron de nuevo otra oportunidad en septiembre, en una corrida de Martín Lorca, y le corté una oreja a un toro y di la vuelta al ruedo con el otro. Ese día, además, un toro me pegó un ‘palotazo’ en la frente y me abrió la cabeza. El toro se llamaba Lunero. Pues ahí me gané un puesto en la Feria del año siguiente, que fue en 2010, con una corrida de toros del Conde de la Maza.

Pero el factor suerte no estuvo tampoco ese día de mi lado y no pasó nada. Y entonces ahí sí que se jodieron las cosas, porque ya en 2011 no me pusieron en la Feria de Sevilla, y, claro, sin ese escaparate, a ver dónde iba yo”.

“Curiosamente, sin embargo, ése año parado fue uno de los más importantes de mi carrera, porque estaba muerto y conseguí resucitar. Me pusieron, por fin, el 15 de agosto otra vez en Sevilla, y ese día sí di una dimensión muy grande, y además la gente se sorprendió, porque, con lo poco que tenía toreado, no tenía motivos para estar como estuve. Al primero le di una vuelta al ruedo y al segundo le corté una oreja. Y, sobre todo, estuve muy bien con el primero, que fue un toro muy complicado. Recuerdo que el maestro Espartaco que estaba ese día en la plaza, me dijo al final que le había encantado. Luego ya me vuelven a poner el 12 de octubre, y cuajé la faena que creo que es de las más importantes que he hecho en mi vida. Le pude cortar las dos orejas al toro, pero sólo le corté una porque la espada cayó trasera y lo tuve que descabellar, pero me sirvió para que al año siguiente me pusieran dos tardes en Sevilla, y para que me dieran además la confirmación en Madrid, y para ir a Pamplona, y a Zaragoza…, en total ocho corridas de toros, de las cuales siete fueron en plazas de primera. A partir de ahí es cuando ya se empieza a hablar de Nazaré”.

La corrida de este viernes.

“Y, por fin, a la corrida de este viernes de Feria creo que llego en el mejor momento de mi carrera. Primero, porque es en la que más ilusión tengo puesta, pero es que nunca he tenido las cosas tan de cara como ahora mismo, y con ese ‘run-run’ que hay ahora mismo entre los aficionados y la gente del toro. Y eso me motiva verdaderamente. Y, claro, de pasar por la situación por la que yo he pasado, conseguir salir y empezar a entrar en la Feria…, eso no es fácil. El viernes está claro que es un día importante en mi carrera y estoy convencido de que a la mínima que un toro me embista quince o veinte veces, la puedo liar”. Francisco Gil Chaparrro / Redacción.

Via http://www.doshermanasdiariodigital.com

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