Por Oscar López Gamboa.
El domingo 12 de mayo del presente año en la ciudad de Tijuana, Baja California, en la hermosa plaza monumental de toros construida e inaugurada por el mayor Salvador López Hurtado, en el año de 1962, que se encuentra a orillas del mar, la empresa taurina Casa Toreros, presentó la primera corrida de toros de una serie de festejos anunciados por ella, dando inicio a una nueva gestión taurina para llevar dicho espectáculo a una ciudad fronteriza con muchos años de tradición taurina, misma que data desde el año de 1938 allá en lo que fue el viejo toreo por cierto ya demolido, el cual se encontraba en la colonia Cacho de la “Coqueta Tijuana”.
El cartel anunciado con el que daban inicio a esos festejos no tenía desperdicio alguno pues, originalmente aparecían los nombres dé Eulalio López “El Zotoluco”, Julián López “El Juli y Octavio García “El Payo” quienes a su vez se encargarían de torear un encierro de la ganadería “La Estancia”, propiedad del señor Alejandro Martínez Vertiz, con divisa Blanco, Azul Rey y Rosa, ubicada en San Luís de la Paz, Guanajuato; a raíz de que “El Juli” resultó herido recientemente, sé canceló su participación en dicha corrida, siendo sustituido por la nueva empresa, con el diestro hidrocálido Juan Pablo Sánchez, quien hizo su debut en dicha plaza y el nuevo cartel, seguía siendo muy atractivo e interesante por las cualidades artísticas de los toreros anunciados motivo por el cual, con mucha ilusión y gusto decidí ir a Tijuana, para presenciar aquel para mi gusto; extraordinario festejo.
Dice un refrán popular, ¡No todo lo que brilla es oro!, y siempre resulta cierta dicha sentencia ya que el encierro jugado de la ganadería guanajuatense, estaba integrado con tres toros que en apariencia, rasguñaban la edad reglamentaria y el resto era puros “novillos” es decir lo que se conoce como un encierro terciado y como es lógico pensar dicho encierro, ya había sido visto por los “Veedores” del diestro español puesto que él, torearía a dos de esos animales y obvio sus alternantes resultaban “Aviados” con aquella reseña de bovinos y todos felices pues, nadie de ellos lidiaría, toros-toros y Así fue.
Los torillos aquellos muy escasos de trapío, con cornamentas pobres, faltos de bravura, que por su debilidad y falta de raza, apenas si les hicieron sangre con un rasguño a cada uno y a cambiarlos de tercio para que pudieran llegar con un poco de fuerza al tercio final uno de ellos y que cerró plaza, se caía sólo de lo débil que resultó ese bicho que correspondió a Juan Pablo Sánchez, inclusive el “mamarracho” que funge como juez de plaza, dé apellido Carazo, hizo temeroso el intento de querer devolver a los corrales a aquel “choto” y tanto el torero como sus cuadrillas, lo ignoraron por completo y el matador sin empacho alguno, se dio gusto toreando a la res aquella como si estuviera tentado sin mérito alguno, por las condiciones deplorables que guardaba el torillo y que a esas alturas del festejo con las luces de la plaza encendidas por la neblina marina que envolvía la plaza, los para entonces ya beodos asistentes, le festejaban con gran júbilo aquel remedo de faena influenciados más por los efectos etílicos, que por conocimiento y apreciación de lo que en esos momentos sucedía en el redondel.
Habrá que reconocer que todos los toros tuvieron fijeza durante la lidia, cinco de ellos permitieron sé les toreara bien y con reposo resultando uno indultado por Eulalio López, quien desplegó un trasteo de mucho entendimiento en la lidia de aquel burel, que no se entregaba plenamente, permitiendo con aquella labor de sapiencia; terminara por ceder el toro, al dominio muletero del diestro y dar paso a una faena de gran mérito, pero de ahí que la res mereciera el indulto dista mucho ya que carecía de bravura principalmente y como mencioné antes apenas si les hicieron sangre a todos en un solo puyazo; ya en su primer toro el Zotoluco, había cortado una oreja. A Octavio García El Payo, también le correspondieron en suerte dos animales a los que toreó a placer y de no ser por la espada hubiera cortado orejas en ambos. Juan Pablo Sánchez, le tocó el lote menos bueno que fueron el segundo de la lidia ordinaria resultando malo, manso y, el inválido que cerró plaza.
En resumen, los tres alternantes torearon a placer a unos dizque toros sin la preocupación de que algún bovino, se acordara de que era bravo ya que parecían “hermanas de la caridad” que iban y venían, muletazo tras muletazo, sin siquiera tirar una cornada es por todo esto, que los triunfos obtenidos con reses de ésas condiciones y cataduras, siempre serán ¡Triunfos Ficticios!, que no son suficientes para orgullo de quién los obtuvo.
El reglamento taurino de cualquier plaza de toros, establece que los toros aprobados por el juez de plaza para su lidia, deberán cumplir invariablemente, tres requisitos fundamentales e inseparables para ello que son: Peso, Edad y Trapío si no son cumplidos debidamente estos tres importantísimos requisitos, por alguno de los toros que arribe a una plaza, entonces de inmediato deberán ser rechazados para su lidia, por la autoridad superior del recinto taurino.
Ahora bien el reglamento que rige el espectáculo taurino de Tijuana, hasta donde estoy enterado, tiene un peso mínimo permitido de 425 kilos, por toro a su llegada a la plaza y todos los toros que se lidiaron el domingo pasado, el que menos pesó fue 450 kilos, según el cartel con que los anunciaban hasta ahí, apenas sé cumplía con el peso, pero como citan los reglamentos deben cumplirse invariablemente los tres requisitos ya mencionados Peso, Edad y Trapío , sin separar ninguno y ése sujeto que funge como “juez”, se pasó alegremente por el arco del triunfo los otros fundamentos que son Edad y Trapío para complacencia de la empresa en función y festín de los toreadores.
Es todo por hoy y hasta la próxima, sí el Divino Creador lo permite.
*Ex Juez de plaza Calafia y comentarista de Grupo Radiorama.
opiniontaurina@gmail.com




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