Ocho con Ocho – La chispa de la dureza por Luis Ramón Carazo.

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La ruta de última semana de la Feria de San Isidro ofrece la lidia de corridas llamadas duras, por el trapío, encornaduras y comportamiento de los toros proclives a la fiereza y por tanto tienen con el corazón en vilo tanto a los toreros como a quienes las presenciamos.

Las corridas duras, las tienen que lidiar los toreros que en ese renglón se vuelven figuras. Con su punto de compulsiva desesperación, ellos mantienen la poca y, a la vez, gran verdad del toreo de alto riesgo.

Pues bien, una soberana corrida de toros lidió en Madrid Adolfo Martín el 30 de mayo, para un festejo inolvidable.

La tercia Antonio Ferrera, Alberto Aguilar y Javier Castaño le sacó todo el partido de que era capaz el encierro, con mayor lucimiento Antonio Ferrera -quién recibió la alternativa en 1997 de manos de Enrique Ponce y de testigo Pedirito de Portugal – a México vino en el 2002 a confirmar la alternativa en la Plaza México de manos de Miguel Espinosa y como testigo Polo Casasola con toros de la ganadería de Carranco -propiedad de la gran dama de la cabaña brava, Doña Laura de Villasante– el 17 de noviembre de 2002.

Lo anterior para ubicar a aquellos que me llamaron para decirme que no tenían idea de quienes eran los integrantes de una tarde memorable en el ruedo madrileño, además Ferrera fue el único en recibir una oreja y me quedo con la impresión de que bien hubiera merecido la del primero para irse merecidamente en hombros de esa tarde.

Los de Adolfo Martín, hermano de Victorino son del mismo encaste Albaserrada aunque buscando cualidades distintas en la tienta, con las mejores sangres de Santa Coloma y Saltillo.

Los alternantes de Antonio fueron Alberto Aguilar quién ingresó en la Escuela Taurina de Madrid el 5 de octubre de 1998, bajo la enseñanza de los profesores Carlos Neila, José Luis Bote, Serranito y Joaquín Bernadó y en la temporada del 2006 toma la alternativa en Miraflores de la Sierra día 13 de agosto, con Iván Vicente como padrino y El Capea, obteniendo tres orejas y Javier Castaño la recibió el 1 de abril de 2001 de manos de Enrique Ponce, como testigo El Juli con un toro de Santiago Domecq.

Tres toreros con varios años de alternativa, que pechan con encierros duros y por tanto ocupan un espacio que merece el respeto de todos los taurinos.

El festejo por el juego de los toros, no dio espacio para distraerse, combinando en la lidia de muleta cierta sosería con acometividad y fiereza en las embestidas, el sexto fue extraordinariamente picado por Plácido Sandoval, “Tito” de apodo, subalterno de Javier Castaño que lidió el sexto al ser cornado en la mano en el segundo y correrse el turno de Alberto Aguilar.

Los banderilleros David Adalid y Fernando Sánchez de la misma cuadrilla dieron clase en los garapullos que así se le llama también a las banderillas.

La actuación de Ferrera inmaculada, casi perfecta -si eso es posible en el toreo- bien colocado todo el tiempo y agigantado, de otra manera no se puede describir su perfecta colocación, su capacidad para moverse a centímetros de los toros, su variedad y, por encima de todo, su claro entender la lidia de los astados.

El clímax lo alcanzó en su segundo turno, con el capote ejecutó vibrantes verónicas. Dirigió a la perfección la lidia en el tercio de varas, dejando al toro colocado en el lugar adecuado.

Después de colocar al astado, dejó el capote en los medios y colocó tres soberbios pares cerrando con uno al quiebro hacia las tablas. Con la muleta faena poderosa para culminar con una estocada valerosa y bien ejecutada para llevarse una oreja de gran peso.

Respondieron Alberto Aguilar y Javier Castaño quién al final por fallas con la espada, después de una gran faena sustentada en los pases naturales arrancados entendiendo el fondo insospechado del toro, falló con la espada y la vuelta al ruedo al cierre del festejo fue clamorosa para quién con este tipo de astados se ha ganado un sitio importante.

Alberto Aguilar tuvo pocas opciones con su lote pero demostró que es un torero de gran capacidad lidiadora y salió con las banderas desplegadas después de sustituir a Iván Fandiño, quién poco a poco se recupera de la cornada que sufrió hace unos días y ya se prepara para reaparecer el 7 de junio con El Cid y Juan Pablo Sánchez con toros de Alcurrucén de los hermanos Lozano.

Y para cerrar el 31 de mayo de Celestino Cuadri de una extraordinaria de Javier Castaño y su cuadrilla; el picador Tito Sandoval y los banderilleros Marco Galán, David Adalid y Fernando Sánchez dieron una apoteósica vuelta al ruedo antes de que su matador, el salmantino Javier Castaño, iniciara la faena de muleta con el quinto de la tarde.

El caso es que, con permiso de Castaño para llegar a esas alturas, su cuadrilla se entregó al máximo y consiguieron, con la puya, el capote de Galán y las banderillas de Adalid y Sánchez a poner en pie al público de Madrid, en uno de los momentos más eufóricos de muchos años.

Castaño con una batacazo en la boca y sangrando terminó mal con la espada pero dio una lección de cómo provocar un espectáculo completo, habrá quién lo critiqué, yo me quito el mítico sombrero ante un gran torero que da su sitio a cada uno de su cuadrilla.

La próxima semana tendremos; las actuaciones de los mexicanos y la Corrida de Beneficencia en Madrid. No se la pierda.

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