El Juli, una vuelta de rosca al toreo.

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Por José Morente.

Es esta una foto de colores sepias que se supondría antigua si no fuera por la pose del torero que está literalmente roto y quebrado por su cintura y por el modo de embestir de un toro que humilla como no humillaban los toros antiguos.

El toro, que no es antiguo pero que se adivina agresivo y tiene buidas astas, busca con la mirada un trapo (muleta) que suponemos rojo escarlata y que, insólitamente, esta tendido y horizontal pues la mano del torero está muy baja, tanto que casi toca el suelo. Insólita escena pues nunca una muleta ha estado tan horizontal ni tan tendida y nunca una mano de un torero ha ido tan baja al torear.

Vemos la mirada del toro pero no vemos la mirada del torero que se adivina atenta y fija en el toro, en lo que hace el toro. El torero mira a los ojos del toro y este su vez mira a esa muleta que se arrastra, tendida y horizontal, por el albero sepia en ritmo que se intuye también lento, muy lento.

La mano derecha que sostiene el estoque transmite seguridad pero es, sobre todo, la mano izquierda con el brazo totalmente recto la que indica y delata el mando absoluto del torero que gobierna la encastada embestida del toro.

Hay mando y lentitud y hay, también, casta. Por consiguiente, hay temple. Eso es torear. O dicho de otro modo, llevar toreado al toro.

Decíamos hace días que las cualidades del torero son valor, técnica y arte. Pero no en ese orden y no, necesariamente, en ningún orden. Viendo esta foto del Juli en Aranjuez resulta meridianamente claro cuál es su concepto del toreo.

Concepto donde el arte no tiene nada de preciosista ni de cursi ni de banal sino que es el resultado de una esencial apuesta por el dominio y la técnica. El valor es el necesario (y se necesita mucho) para poder pensar en la cara del toro como si se estuviera toreando una maceta en el salón de casa.

No hay arrojo, sino determinación. No hay acompañamiento sino imposición.

No hay estética superficial sino hondura y mando. No hay brusquedad sino suavidad y temple.

Es una fotografía de colores sepias pero que encierra todo el colorido verdadero del toreo de verdad.

Hubo una época en que al toro se le hacía embestir con la cabeza a su altura natural y el torero se mantenía vertical. Aquí el toro humilla y el torero se inclina con él en una verdadera “vuelta de rosca” al toreo.

Via *Burladero.com

Enlace:

http://larazonincorporea.blogspot.com.es/2013/06/el-juli-una-vuelta-de-rosca-al-toreo.html

1 comentario »

  1. con belmonte se inicia el toreo en redondo, porque al carecer de facultades atléticas “el pasmo de triana” , tenía que basar su toreo en el juego de sus brazos, no en el de sus piernas, como se acostumbrava hasta entonces, existe una fotografía de una media de juan, en la que las manos no estan tan abajo sino que el todo baja para ese remate tan forzado para el y el toro, no es lo mismo pero casi.

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