Opinión: Los porrazos duelen y pasan factura.

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Por Pedro J. Cáceres.

Entre los nombres propios que arrojo Madrid y San Fermín está el de Iván Fandiño. Podría haber estado también, si hubiera andado como Dios manda con la espada, el nombre de Julián López “El Juli”.

Fandiño y “El Juli” son toreros que han sufrido esta temporada las hieles de las cogidas más espeluznantes y graves que arroja la temporada en lo que va de curso. La de Juli en Sevilla y la de Fandiño en Madrid, y oigan, los porrazos duelen.

No es que “El Juli” haya bajado el listón, ni Fandiño tampoco; pero lo que hemos visto en Pamplona a tan altísimo nivel que tienen estos dos toreros (porque de Fandiño se puede hablar ya de una figura del toreo y “El Juli” es la máxima figura), son secuelas de esas cogidas anteriores. Pese al triunfo incontestable de Fandiño (con el toro de Fuente Ymbro) y el digno paso de El Juli.

Toreros como “El Juli”, no refugiado, sino abusando de un poder que a veces ya es regañina y es destrucción de toros. Obsesionado con ello, sin rebuscar en su amplia tauromaquia otras armas según la condición del animal; alguno de los 4 de Pamplona necesitaba más zanahoria que palo para lucir más y mejor. Quizás por la psicosis que todavía deja la cogida de Sevilla.

El caso de Iván Fandiño es el mismo. Excelente y extraordinario aunque tremendamente medido: apenas fueron dos series y media con la derecha, una con la izquierda, para cortar las dos orejas con el colofón de las bernadinas y ese pedazo de estocada.

Cierto que hubo toros que no sirvieron, pero no es menos que en su época de hambre, o mayor sufrimiento en el aspecto de no tener contratos, esos toros que más o menos se lidiaron con oficio,, hubieran sido aprovechados de otra forma, a morir o matar para cortar las orejas porque hacían falta…entonces.

¿Qué es lo que ocurre?

Los porrazos duelen y los toreros se resienten. Por eso es importante cuando hablamos de Jiménez Fortes haya que decirle “bien torero”.

Estamos pidiendo toreros que pasen las rayas rojas, toreros que hagan de esto una emoción, pero también cabeza, sensatez y dosificación del valor.

No consiste en gastarlo todo un día y que al siguiente quede poco o que una serie de golpes, porrazos y cornadas te vayan minando el mismo y lo que has dado en un momento el público te lo va a exigir siempre y tú no puedas volverlo a dar…hasta recuperar todo el sitio, al cien por cien.

Tales espejimos, pese al paso airoso, se reflejaron en la prensa local. Al fin y al cabo no tiene otra oportunidad de verlos en todo un año.

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