Por El Guerra para de SOL y SOMBRA.
Mexico, DF.- Otro pobre balance de emociones, torería y calidad se vivió en la temporada minúscula (antes chica) de la Plaza México en la tercera novillada de la temporada. Aquellas tardes de emociones, valor e ilusión que algunos aún recordamos como un caleidoscopio de color y emociones, se han transformado en un concepto surrealista en donde la mayoría de los novilleros son una especie de obreros sin espíritu, las empresas taurinas son como La Cosa Nostra y donde los muertos, descubrimos tristemente, alternan con los vivos con total naturalidad, al no surgir nuevos talentos que nos hagan vivir del presente.
Forzar el realismo me pide la mente, pero no es un fin en sí, es tan solo proponer una manera concreta de digerir y vivir la realidad de la fiesta brava en México. Pero es una realidad muy gris, que muchos nos negamos ha aceptar en su totalidad.
Porque es una gran mentira eso de que el brujo del cempasúchil, el mítico y esotérico Pana es el último romántico de la fiesta brava en México, quedamos algunos cuantos todavía, pocos es cierto y nos estamos extinguiendo rápidamente con el nuevo siglo.
Quizás por eso yo no entiendo como vean estos novilleros el toreo, recuerdo que alguna vez leí en mi juventud algo que se me quedo muy marcado y que define en mi concepto perfectamente lo que es, Marcel Marceau lo dijo así: El único arte escénico que se alimenta a sí mismo es el arte taurino. La corrida de toros no necesita ni director artístico, ni escenógrafo, ni coreógrafo, ni texto ni música complementaria, porque el toreo es música no compuesta y poesía no escrita.
También el gran Vargas Llosa dijo «la corrida de toros es el espectáculo más deslumbrante que podemos presenciar». A Octavio Paz también le gustaban los toros porque de niño vio torear a Sánchez Mejías en Puebla, como cuenta en su “Saludo a Rafael Alberti” (1990), poeta de la fiesta grande, como García Lorca y Miguel Hernández.
Más que gusto, Paz tuvo por los toros una simpatía por ejemplo, en un poema de 1939, “Los viejos”, mira a los “toros ciegos y violentos / de huracanado luto rodeados”.
En “Picasso: el cuerpo a cuerpo con la pintura” (1982) dice: En el centro de la plaza, rodeado por las miradas de miles de espectadores, el torero es la imagen de la soledad; por eso, en el momento decisivo, el matador dice a su cuadrilla la frase sacramental: ¡Dejarme solo! Solo frente al toro y solo frente al público.
¿Pero como trasmitir esos conceptos de belleza y pureza a la afición cuando sus protagonistas no sienten el toreo ni trasmiten emociones al tendido? ¿En qué se convierte la fiesta cuando no hay arte, gallardía y bravura en la plaza?
Ya que tocamos el surrealismo en este intento de crónica que nunca tomo forma, quisiera recordarle querido lector que Salvador Dalí fue un aficionado constante. Cuando el torero Chamaco convulsionó a la afición -y a España- con sus actuaciones en Barcelona, Dalí subía a la suite que Chamaco tenía en el Hotel Ritz «para comprobar» que lo que había visto horas antes en la Monumental de Barcelona «era real y no surrealista».
Dalí se marchó de este mundo sin poder realizar con Luis Miguel Dominguín su proyecto de corrida surrealista, que finalizaba con un helicóptero sacando a un toro de la plaza y otro helicóptero a Dominguín.
En fin, regreso a la acontecido hoy en La México como Nick Nolte en su papel protagónico del príncipe de las mareas (1991) por las diversas sensaciones, decepciones (y traiciones del subconsciente) que me producen este tipo de festejos novilleriles, donde hasta el final del festejo surgió una buena noticia, quizás una luz.
La Cosa Nostra anuncio que el próximo domingo se presenta el novillero de la tierra de los buenos toreros, Ricardo Frausto. Uno de los pocos que pienso podría cambiar el rumbo del Titanic Novilleril y quizás hasta mantenerlo a flote por un par de meses más en la capital. Ojalá que tenga suerte.
Ficha del Festejo:
Plaza México, tercera novillada de temporada 2013. Se lidiaron novillos de Puerta Grande, desiguales en su presentación y juego, de los cuales fueron premiados exageradamente con el arrastre lento, 2º y 6º, que en el epílogo del festejo motivó la vuelta al ruedo del ganadero junto con el novillero Miguel Alejandro, que hizo lo único rescatable del festejo y que le valió para cortar una oreja, aunque algo protestada por el escaso publico asistente a la plaza más grande del mundo. El resto de los alternantes paso con mucho más pena que gloria.
Jaime Ruiz, palmas y silencio tras aviso; Edgar Badillo, ovación en su lote; el incipiente triunfador Miguel Alejandro, silencio y oreja protestada.
Twitter @Twittaurino






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