El Séneca y el Toro.

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De SOL y SOMBRA.

Todo esto pensaba yo cuando apareció el tercer toro. Enfocada la atención del público aquella tarde hacia el animal, recorrió el graderío como una eléctrica y secular convicción de que allí, en el centro del ruedo, estaba el viejo “tótem” de la raza, el símbolo ibérico, unido a España por tantos misteriosos destinos que empiezan desde la extendida y desollada piel de su contorno geográfico.

El “Séneca” me hizo observar todo lo que sin él acaso yo no hubiera visto. El toro acudía donde quiera que le llamaban, aunque fuera a largas distancias.

Atacaba a los caballos sin enterarse de lo que le hacían. No abría la boca. No perdía el paso ni la dignidad estética.

A veces parecía que entraba en el juego y que sabía que estaba “concursando”.

Tenía exactitudes de máquina e iniciativa de persona.

EL “SÉNECA” Y EL TORO PERDONADO, 1955 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

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