De la Peña: Torero de la escultura.

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Por José Armando Garcia.

Hablar con Jorge de la Peña (Guadalajara 1953) es integrarse en un mundo en el que las artes se vuelven un todo que engloba sólo tres temas, toro, caballo, hombre.

Y así es, ya que en su obra artística, generalmente esculturas monumentales, este pintor, escultor, ingeniero agrónomo zootecnista, abocado al toro de lidia, y ganadero, reúne estos temas para plasmarlos.

La cita se hace en un café de la Colonia Americana, donde nació y ha desarrollado prácticamente toda su vida, poco antes de su arribo se percibía ambiente de toros, se emitía en las televisiones del lugar una corrida en directo desde Bilbao, toreaba Enrique Ponce, y una solemnidad casi religiosa, sólo interrumpida por los sonidos de las tazas de café, se apoderaba del lugar.

Al llegar, De la Peña, vestido de camisa azul, pantalón de mezclilla y una boina campera, se procedió a iniciar la charla.

–¿Cuándo empezó a ser escultor?

–Yo empecé desde niño, mis primeras esculturas las hice a los 11 años, en ese tiempo era barro. A los 11 hice mi primera exposición de pintura, posteriormente le seguí con la escultura. Hacía mucho de caballos, de toros, de figura humana, que es lo que sigo haciendo.

–¿Qué lo atrae del mundo de los toros?

–Para empezar, yo crío ganado bravo, soy bibliófilo taurino, he sido aficionado práctico desde los 11 años, estudié la carrera de ingeniero agrónomo zootecnista abocado al toro de lidia, he sido escultor taurino y pintor taurino, mi padre fue muy aficionado a los toros. Cuando empecé a crecer, mi padre ya no tenía tanta afición, y yo pues fui adquiriendo cada vez más afición, me fui introduciendo más al mundo del toro y durante toda mi vida he toreado.

He toreado por toda la República, en España, en ganaderías allá, en la ganadería de Juan Pedro Domecq, en la del Capea, en México, en muchísimas plazas y ganaderías.

–¿Por qué ser escultor?

–Mi salto era ser escultor, ese era el salto, no ser torero, el salto para ser escultor sí lo he dado. Llevo cincuenta y tantas obras monumentales en México, Estados Unidos, Colombia, Japón, creo que soy de los escultores mexicanos que más esculturas monumentales he hecho.

Entre las esculturas realizadas alrededor del mundo por De la Peña, se encuentra el Monumento a Franklin Delano Roosevelt en la Ciudad de México, la escultura en homenaje a Don Ignacio García Aceves, antiguo propietario de la Plaza de Toros El Progreso, además del conjunto monumental “Encierro”, ubicado frente a la Plaza de Toros de Aguascalientes.

Usted es aficionado práctico, ¿por qué no ser torero profesional?

–A mí me dio poliomielitis de niño, entonces a la hora que tuve fotos mías toreando toros de 480, 500 kilos, ahora veo que realmente he hecho demasiado para tener pierna y media y estaba muy consciente desde niño que si vas a hacer algo vas a ser el mejor, si no, no; como torero no puedes llegar a ser un torero de primer nivel con pierna y media, pero sí puedes disfrutarla como aficionado práctico, y gozándolo como lo he gozado toda mi vida, y ahora lo gozo con los caballos de rejoneo, que los crío.

Ubicada en la Glorieta de Niños Héroes, antes conocida como la de las Jícamas, se encuentra la escultura “La Estampida”, mejor conocida como la Glorieta de los Caballos. Dicho conjunto escultórico se desarrolló en un inicio para la Plaza Tapatía y se colocó a espaldas del Instituto Cultural Cabañas.

Dicha pieza se inauguró el 5 de febrero de 1982 y posteriormente se reubicó en 1997.

Háblenos de “La Estampida”.

–La pieza, cuando se hizo, ni siquiera era para donde estuvo; la Plaza Tapatía la cambiaron, el proyecto fue cambiado, era diferente, y la pieza iba a estar cerca de donde está el “Quetzalcóatl”, pero poco a poco le fueron haciendo más edificios y la fueron achicando, y un día me hablaron: “ya no cabe ‘La Estampida'”, la pusieron en otro lado.

Planeación y urbanización del Gobierno había dicho que iban a remodelar toda la zona, lo intentaron, pero fue una oportunidad desperdiciada, porque creo que esa Plaza Tapatía, si hubiera quedado como la había soñado don Nacho Díaz Morales, que fue el que ideó primero la plaza, hubiera sido la gran cosa, imagínate que hubiera conservado la Plaza de Toros El Progreso, que lo hubieran remozado para que quedara con una arquitectura acorde al Cabañas, que hubiera habido lugares con categoría en la zona, podría haber sido otra cosa y esa era la idea de que esa zona tuviera esculturas y muchas otras cosas.

–¿Qué le pareció el cambio de lugar?

–Fue un cambio muy afortunado. Sí, porque cuando me propusieron si la cambiábamos, si la cambiamos a un mejor sitio, está bien, allá ya la habían empezado a destruir, ahí había un caballo tumbado y había estado dos años caído, la potencialidad del sitio es mala porque no llegó a ser lo que tenía que ser.

Desde muchos años antes me habían hecho la petición de cambiar la obra. Nunca se concretaba nada. Hubo una carta muy interesante que mandó el Colegio Militar donde decía que a los militares es la obra que más les gusta de la Ciudad, que estaban dispuestos a meterle dinero para cambiarla de lugar, me dio satisfacción pensar que los soldados la veían con esos ojos.

Antes de continuar con la plática, De la Peña abre una carpeta de cuero, extrae algunas fotografías de piezas monumentales y se aprecian toros, con una casta increíble, y dos mujeres, dos bailarinas de flamenco, una de ellas de nombre “Marea”, cuyos vuelos de la falda asemejan olas.

Son piezas que forman parte de una retrospectiva que espera hacer próximamente, en un lugar por confirmar, ya que por el peso de las obras, cerca de tres toneladas, es difícil realizarla en algún recinto como el Cabañas.

Por lo pronto, dice, el plan es realizar esta retrospectiva para acercar más su obra a más gente.

–¿Qué es para usted la belleza?

–La belleza existe y la percibes por los oídos, por la vista, el tacto, está difícil contestar qué es la belleza, pero creo que es algo que te mueve por dentro y te da un estado de ánimo positivo. Porque el momento puede ser bello, porque respiras un recuerdo, porque vives con intensidad un momento, y ese momento ya es bello.

–¿Se considera un bohemio?

–La bohemia hay que ver cómo la consideramos, porque tengo una parte que sí creo que soy bohemio y tengo otra parte que soy hombre práctico que tengo que salir adelante siempre. A mí me dan envidia los bohemios, porque el bohemio no tiene que preocuparse por otras cosas. Yo de alguna manera sí me siento atado o esclavizado porque a la hora que tienes un taller de fundición, más de 14 empleados te conviertes también en empresario sin querer, tienes que pagar tu Seguro Social, el Infonavit, las vacaciones de los empleados, como un empresario, dónde termina el bohemio y dónde comienza el empresario, y a la hora de crear las obras pues no puedes ser un empresario, tienes que ser un artista, pero a la hora de plantear cómo vas a hacer determinadas obras tienes que tener un planteamiento de los tiempos, de los costos. Así han de haber sido los artistas del Renacimiento que eran ingenieros, arquitectos, escultores, ingenieros de guerra como Da Vinci, entonces tenías que ser el todólogo. La parte como yo la he vivido, he tenido que ser milusos.

PERFIL

Nombre: Jorge de la Peña

Año de nacimiento: 1953

Lugar de nacimiento: Guadalajara, Jal.

Especialidad: Escultura y pintura

Estudios Artísticos: Artista de formación autodidacta, da sus primeros pasos artísticos contando con muy pocos años de edad, primeramente en la pintura y más tarde en la escultura.

Cursó la carrera de Ingeniero Agrónomo Zootecnista, de la cual egresó en 1977. A lo largo de su carrera artística se ha desarrollado con más amplitud dentro de la escultura, después de haber incursionado en la fundición y encontrando en el bronce su metal preferido para trabajar.

Principales Exposiciones

En 1972 presentó su primera individual en el Centro de la Amistad Internacional. Galería Once, Guadalajara (1973); Casa de la Cultura Jalisciense, Guadalajara (1974); Martin Gallery, Dallas, TX. E.U.A. (1979); Galería Anubis, Guadalajara (1980); Galería Arconte, Guadalajara, Galería Uno, Puerto Vallarta, Jal. y Husans Gallery, Dallas, TX. (1984); Justin Lester Galleries, L.A., CA. (1985); Galería Uno, Puerto Vallarta (1986), Club de Yates, Chapala, Jal. (1989), Kyoto International Community House, Japón (1990), entre otras.

Premios y Distinciones

Recibió el Premio Ocho Columnas de Oro en 1982. En 1987 es galardonado con la presea “La Gran Pirámide” que se otorga a lo más sobresaliente en artes y deportes. Se le rindió un homenaje en 1989, organizado por la Secretaría de Educación y Cultura, el Departamento de Bellas Artes y el Grupo Integrart A.C., de Guadalajara.

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