Todo el secreto de la fiesta está en que todo sea, de verdad, lo que debe ser: el hombre muy hombre y el animal muy animal.
Es decir, valiente y duro: y sobre todo, con muchísimo instinto… y sin ninguna inteligencia.
Si el instinto se traicionara a sí mismo e imitara a la inteligencia, el toro, con las armas y poderes que tiene, acabaría en cinco minutos con el torero, la cuadrilla y los espectadores del callejón.
La gloria del toro es servir un estilo de instinto que le lleva a ser colaborador de los juegos del hombre.
Al revés de los maridos, don José, su valentía y nobleza está en “dejarse engañar”.
Lo mejor que puede decirse de ese maravilloso animal que tenemos delante es que “tiene mucho poder”… pero que no lo usa. O que sólo lo usa reglamentariamente.
¡Qué gran lección de política y de vida internacional! El “desarme” que viene a ser como el afeitado de los pitones, quizá no es la solución para los pueblos.
¡Pero si, por lo menos, los pueblos embistieran por derecho, prohibiéndose las falsedades y las armas atómicas, como ese animal divino se prohíbe las tarascadas y demás irregularidades con que podría despejar el ruedo en cinco minutos!
EL “SÉNECA” Y EL TORO PERDONADO, 1955 / JOSÉ MARÍA PEMÁN
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006




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