Por Jesus Fontenla.
NO le digo “cosa” por despreciarla sino porque me da la impresión de que aún está sin cocer, muy falta de criterios sólidos que consigan liberar al movimiento de tópicos e ideologías que no voy a calificar, sólo a describir. Vaya por delante que respeto a quienes defienden una posición con entusiasmo y trabajo.
Aclaro también que no soy aficionado a la fiesta de los toros, aunque sea capaz de ver en ella bastante más que un jolgorio embrutecido. Asistí a una corrida en toda mi vida. No he vuelto a pisar nunca una plaza.
El movimiento antitaurino denuncia el maltrato a los toros. Pasaré por alto el que no sea tan fogoso en censurar otras fiestas ligadas a otras nacionalidades. Sólo me limitaré a señalar que el maltrato es evidente; el sufrimiento, no tanto. Se ha escrito mucho sobre la materia y conviene leerlo. Las terminaciones nerviosas, las sensaciones consiguientes, precisan de una conciencia superior para formar una experiencia de dolor.
El segundo apunte tiene que ver con los toreros. Personalmente, sufro más por la exposición innecesaria de una persona al peligro que por el sangrado profuso y espectacular de un animal. El hombre pertenece al reino animal, pero no es sólo un animal.
Acabo subrayando una incoherencia que se hace cada vez más flagrante: el antitaurino que denuncia el maltrato a los seres vivos y defiende el aborto, tiene un problema. Y no es con los toros.
Via: http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/cosa-antitaurina/idEdicion-2013-10-20/idNoticia-832970/



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