
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.
Solo un pasaje en los primeros seis turnos de la Corrida Inaugural logra sostener el interés pleno y la absoluta atención de la concurrencia en La México, el tercer turno.
Antes la megafonía en la Plaza hace saber que Paco Camino, el hombre del natural perfecto de hace casi cincuenta años, estaba en sitio donde lo pegó. Es triste ver como poca gente lo nota. Así anda la Afición, cada día con menos memoria histórica.
Le han dado un cristal, de moda en estos días, que deja a un lado para recoger ovación en los medios, ahí donde su izquierda detuvo a “Novato” de Mariano Ramírez. Procede vuelta al ruedo pero da la sensación a La México le hace falta recordar quien es quien.
Ni hablar. A los hechos.
Ocurre que previo a ese tercero, salta un serio astado de Barralva para el turno de mayor calma de toda la Temporada, el que abre Plaza en la Inaugural. José Mauricio enfrenta con el capote, artista y valiente, verónicas y gaoneras en el quite, a un toro que comienza a espiar y a dejar de emplearse en banderillas, a huir y a llevar la cara fuera del engaño.
Solo los doblones iniciales, la quietud del torero, la ligazón inicial, pueden oponerse a la vuelta contraria y huida del burel, a la cara alta, al viento y al hachazo e incluso la casi voltereta tras derechazo. Y a la impaciencia de la gente. Pincha y no hay más, el barralva ha sido serio en apariencia, por fuera, en facha, pero informal y sin sustancia por dentro.
Luego en el cuarto, tras quite combinado, brinda a todo un Señor como Paco Camino, Sergio González y Javier Escalante no atienden a su matador y cierran al astado en el burladero contrario al indicado por el diestro, el de la Porra. El barbas arranca y menos mal José Mauricio hace el quite al Maestro que al toro, ni disecado hay que perderle la cara, que “hasta en la barra del bar, hay que estar bien colocado”.
Una tanda por la derecha de plena realización y no más es lo que el diestro consigue. El toro, incierto, tardo y cabeceante incapaz de dar pelea por bajo, diluye toda posibilidad. Aun Mauricio lo intenta en una arrucina que emociona pero la gente ya no quiera nada. Solo nos quedó la seda de sus caleserinas a modo de quite en el octavo.
El trapío de la corrida es discutible. Lo normal en estos casos.
Talavante enfrenta un astado tan aparatoso como el séptimo o tan discreto como el quinto o el segundo, mejor hecho este último. Alejandro no termina por marcar rotundidad, indubitable estela de mando y de impronta que hace palpar el donaire sobre la amenaza. No hay pleno acople con el capote y sí prisa por despachar al primero.
En traje de sombras, Talavante hace notar que el astado no responde a sus toques a sus cites ni mucho menos es capaz de seguir la muleta repetidamente. Lo despacha breve.
Con el quinto esfuerza y alarga la embestida pero poco trae bueno un toro que aprende demasiado en banderillas al prender y herir a Juan José Trujillo. Aun regala uno, que arrea, se defiende y, para variar, mansea. El extremeño pisa el terreno en plenos medios y su cintura comienza a embelesar.
Convence al manso y peligroso cornipaso en faena maciza con cuatro derechazos y un puñado de naturales que a cualquier toro con fondo habrían de hacer romper. Pero no. La apariencia hace ver al barralva mejor de lo que es. Talavante olvida la fantasía pero gana en el buen toreo y logra arrancar olés para estrellar todo en la estocada tendida que deja todo en gran ovación.
A la salida del tercero Arturo Saldívar tiene el clima como mayormente le conviene: dos turnos sin premios y el favor del público siempre receptivo de su toreo. Largas cambiadas y lances coreados muestran flojedad del hermoso castaño. Aun así, tira del cambiado por la espalda que alborota pero que poco abona al juego del astado.
Son demasiadas veces que le vemos esa forma de iniciar, parece no hay otra.
Por ello, el castaño resiente en los primeros derechazos tantos cambios de perfil del inicio, descoordinado avanza por el pitón derecho y muestra su flojedad. La noticia es que Saldívar no tira del empujón, del arrebato. Sino, en desacato a su pasado reciente, toma aire, brinda confianza y afianza el tranco del burel en templados y sentidos naturales donde el castaño le obliga a tragar.
Pero para eso, incluso con la mirada en el parón, torero hay.
Y temple hubo, corre la mano muy despacio y sereno, e incluso anuncia los pases siguientes al no dejar que el toro escape de la muleta. Pena que regresó a la derecha solo para las cercanías. Qué habría sido de seguir, sin estorbar, sobre la mano izquierda… Arturo Saldívar vuelve a descubrirnos un fondo que ni él sospechaba y el efecto en el toro es encelarse e, incluso compuesto ya su tranco, arrancarse a la larga distancia.
Quizá este castaño le muestre que hay aun más camino que recorrer en su pase natural. El tiempo dirá si esta oreja trae a un Saldívar en mejor y más refinado sabor.
Pues aun con los otros dos, un regalo ilegalmente autorizado, Arturo Saldívar se topa con un mulo, de más de cinco años, precioso en estampa, terrible en juego. Nada que hacer. Y un horrible octavo, tan insustancial que ni todos los mimos le han ayudado.
La desesperación cunde al Palco de Ganaderos, al grado de indicar a los toreros que hacer. Cuando esto ocurre, es claro que se sabe a la perfección lo que fallo: la bravura.
Ni otros toros seis regalos habrían salvado ayer a Barralva. Su encierro, tristemente, se rompió lentamente, como una muestra de prolongada agonía, no la de un toro bravo, que defendió atacando la vida toda la lidia, sino la del toro manso que solo hasta al final se acuerda que tenía que haber sido bravo.
Se ha aplaudido tanto la tardanza en morir de los toros, como si de bravos se tratara. Preocupante. Hay que preocuparnos algo. Al rato entronizaremos al toro manso.
Si no, ojalá no.
Twitter: @CaballoNegroII
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Corrida Inaugural. Octubre 27 de 2013. Primera de Derecho de Apartado. Media plaza en tarde fría con nubes iniciales e intermitente y molesto viento. Le llovizna al finalizar el largo festejo. Cierto ambiente previo al festejo.
8 Toros, 8 de Barralva (Divisa Azul celeste, rosa y amarillo) Los últimos lidiados como sobreros, ilegalmente por ser anunciado fuera de tiempo el octavo. Desigual de presencia en su conjunto. Pobres de cara algunos, muy serios primero, sexto y séptimo, agradable de hechuras el tercero pero flojo. Falta de bravura y flojedad manifiesta ante las monturas, solo en momentos el tercero mantuvo en pie su estrechísima condición mientras que el séptimo ha tenido movilidad no obstante arreó la mayor parte de su lidia.
José Mauricio (Botella y oro) Silencio y División tras aviso. Alejandro Talavante (Obispo y Azabache) Silencio, Ovación en el tercio y Gran Ovación en el de regalo. Arturo Saldívar (Obispo y oro) Oreja, Silencio y leves palmas en el de regalo.
Posterior al paseillo se llevó a cabo un homenaje al Matador de Toros Paco Camino en el cincuenta aniversario de su confirmación en esta Plaza.
Pese a anunciar regalo fuera de tiempo, la Autoridad permitió a Saldívar lidiar el octavo.
Las cuadrillas han tenido una muy difícil tarde, derrumbado por el octavo Juan Pablo González Villagómez y corneado Juan José Trujillo a la salida de un par de banderillas. Destaca Alejandro Prado.
Inexplicablemente una camioneta negra se mantuvo todo el paseillo, dejando de observar una regla fundamental del Paseillo, el despeje. Nadie explicó la razón.



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