La Pasión Más Inesperada – La Puerta Grande Oculta de Arturo Macías.

Arturo Macías cierra el recibo al sexto de la tarde.
Arturo Macías cierra el recibo al sexto de la tarde con la media verónica. Foto: H. García.

Nuevo fiasco ganadero –van casi cuatro seguidos- condiciona el destino de la tarde de la guasa. La Punta con muy poco que ofrecer abona el aburrimiento y la desesperanza. En tarde de liquidación, “El Capea” hace notar las razones de la animadversión de la Afición. Y mientras Fabián Barba hace un esfuerzo torero y entendido con un lote de casi nula valía, Arturo Macías desvanece el polvo de antiguos lodos desata división, alusiones y pasiones en una inesperada Puerta Grande con más fondo de lo sospechado.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

A Don Silverio Cortés.

Serio es el primero, negro y enmorrillado, montado y armónico, que comienza apretando, que exige y sale a no dejarse.

Solo que cuando salen los caballos comienza la prueba real. Crecer o declinar al castigo.

El punteño toma la última luego que Fabián Barba, inteligente y fuerte en su proceder, brinda adentros y remata en los medios. Mas acentúa su condición el astado en banderillas, frenando y sin siquiera acometer. El castigo aplicado por el hidrocálido es efectivo, doblones consiguen atenuar resabios y mostrar que su técnica es precisa.

Tal como sus derechazos, a pesar del viento, siempre templados.

Pena que el negro toro, aun tras valiosa tanda por izquierdo, poco agradece el esfuerzo, la colocación y la voluntad de Barba de imponerse, al desarrollar sentido. No es el más alto de los toreros pero la extensión de brazos y el trazo de sus nuevos derechazos, escondiendo la muleta, pisando el terreno y llevando largo, le hacen ver como si de un torero más alto se tratara. En sí, lo es.

Cabecea el punteño, se defiende. Barba esfuerza al natural y luego domina, alinea, castiga… pincha, inoportuna y peligrosamente con voltereta y puntazo incluidos. Gran descabello y tremenda ovación en el tercio.

Fabián se encuentra de nuevo con otro negro bragado que, no obstante le recibe con larga arrodillado en los medios, le desarma al amontonarse en los lances, situación que no ocurre en un gran quite por gaoneras a pies juntos donde vuelve airoso en su remate a imponer el trazo al toro que no se emplea en banderillas.

Pero Fabián sabe que no queda otra más que apostar e incluso tira del pase cambiado en los medios y de tanda ligada con la derecha pero no hay más. Para la siguiente vez que baja la mano no hay mayor bravura en el toro, comienza a pensarlo demás y a afligirse al sentir el engaño, rompe en pedazos la esperanza de todos. Aun liga el hidrocálido impensablemente últimos derechazos. Estocada caída.

Poco es para su esfuerzo la gran ovación, ahora en los medios. Pronto puede ser con orejas en la mano. Como decía Don Fernando Marcos, en relación a Manolo Martínez en un festival en La Florecita: “Y en la Grande nos veremos”.

Que así sea.

Lo que no es fortuna o simple destino en los toros es la capacidad.

La de “El Capea” queda en total evidencia, así ha sido, desarmado y revolcado con el capote tras intentar quite por el lado derecho. Rápido y acartonado con la chicuelina, inseguro en su paso y frágil con la muleta. Lo destacado es el brindis a Dámaso González porque sus doblones de inicio, tan claves, son poco efectivos.

Es decir, el toro no tiene ordenado el tranco luego de los pases de castigo. El astado, único punteño con fuerza plena en la embestida e incluso viaje largo por el lado izquierdo, deja al diestro en pleno desierto, con el paso atrás en el derechazo, sin soltura al natural y evidenciado de cara a la gente.

Piadoso silencio.

Con el quinto, el acabose. Ni toro ni torero. Un quite horrible y varios desarmes con la muleta.

Nada lo justifica.

La apuesta de Arturo Macías en La México incluye algo más que solo cortar orejas: volver a aquella sensación de dominio, de impronta de triunfo que ha conseguido en esta Plaza alternando siempre con las figuras y con llenos anteriormente.

Hoy no es ya así. El tercero castaño tiene otras ideas.

De nombre “Mi Viejo” protesta los lances de salida y Macías solo luce en media muy cerca, vertical y torera en los medios. La vara de Nacho Meléndez dispara al punteño a la querencia, escurriéndose pero la cuadrilla frena cualquier intención contraria previo a hacer ver mal a Arturo con intento de gaoneras, desarme incluido.

A partir de entonces el hoy tercer espada toma nota y, tras gran tercio de banderillas de Alejandro Prado, se dobla perfecto a la media altura, avanzando después de las rayas para rematar en el pase contrario y por alto. Pero como casi todos sus hermanos el astado va a menos, cabecea, se frena, el viento interviene e interpela los derechazos rematados desdeñosamente con el pase del desprecio.

Hay cabezazos pero también firmeza. Y paciencia.

Entonces, atención, con el toro a menos, con la bravura que se escurre y se escapa en los derechazos, alivia con la capetillina y pasa al tercio frente a la Puerta Cuadrillas encelando con ese muletazo la embestida que se amplia pese a su menguante paso con el giro martinista y el desdén que también encela pero ahora por el lado izquierdo.

Así, acude natural a la intención del castaño, no la atropella y llega al tercio frente al toril para pisar el terreno sin estorbar. Macías, metido en lo suyo evita la protesta del toro y se mete poco a poco en el juego del toro, al que gana la partida en su propio terreno, arrimándose y alternando lados por alto quedándose quieto en toriles.

Suma la manoletina que brinda aire y le deja de espaldas al toril, armado a la muerte pero con la salida a las rayas. Pincha en buena parte por no tocar abajo. Ovacionado se va desde el por matar perfecto al encuentro luego de cambiar en el terreno natural.

Y pasan dos turnos. De frustración y desánimo con un encierro que frena su embestida.

Pero el sexto parece cambiar el sino de la tarde que se va para el ala de Morfeo. Alto, serio por delante con algo más de cuajo que sus hermanos tiene las patas traseras blancas, a lo calcetero debemos sumar lo rabón, se nombra “Tito” como aquel gobernante europeo que viniera a la Plaza México en 1963 en visita oficial.

Tal como el Mariscal Tito, este punteño parece emplearse mejor, diría Juan de Marchena, por el lado izquierdo. Eso no obsta para que de salida comenzando por el derecho, Arturo Macías temple a la verónica y no fuerce al astado a volver pronto. Le consiente, le deja a su aire y paladea sintiendo mucho los lances con los que llega a los medios, preciosa la media por el lado natural.

Y la esperanza se aviva.

Valor es pensar, cuando se utiliza correctamente.

Macías muestra capacidad de serenarse delante de la cara del toro. Por ello el quite por saltilleras, además de su finalidad de brindar sitio y aire al astado, luce la planta, la verticalidad e incluso el gusto al invertir la caleserina para devolver al frente el capote y rematar con pleno mando el quite mencionado justo cuando el toro acorta la embestida.

Tanto Prado como Quiroz bregan con precisión primero el hidrocálido en banderillas, luego el tapatío al cerrar al toro en banderillas. El brindis a Miguel Espinosa “Armillita” acarrea ovación, palmas y… nueva espera.

El toro tarda en arrancar, Macías se queda quieto en el cambiado por la espalda. Se emplea el toro cuando viene el de pecho y el remate abajo. Fundamental la primera pausa de aire pleno, Macías sabe que en cualquier momento el punteño tira el ancla. Corre la mano, templa el cansino paso y vibrante el cambio de mano con el desdén.

La cara del toro sale alta.

Será de bravo, claro.

El cite con la izquierda, a media altura, demandante de aire, es el preciso para la embestida, construida a partir de omitir la tozudez o maltrato en cada muletazo que con lo medido del toro, de fuerza y casta, no habría tolerado. Punto decisivo pues resulta que la faena trae oleaje de emoción pese a la baja marea de la bravura del toro.

Por ello Macías retrasa el cite, aguanta el parón e incita al toro aun con esa cara por las nubes del punteño. Ahí, vuelve a intercalar la pausa larga, que de otro modo habría frenado toda embestida, primer mérito de la faena. El pase invertido que intercala, aunque remanguillero, tras los derechazos tiene mérito, oportunidad y favorece a su realización la exacta colocación para cambiarse de mano y lograr convencer al público.

Doble mérito.

Decía Don Fernando Marcos, “la pasión llega siempre por oleadas” y aunque Macías bajó sus revoluciones, el toro exhausto sobrepasó las suyas al prenderle tras exagerar el aguante, llega el momento de definir la suerte suprema, de romper el oleaje contrario. Todavía pega la bernadina y un abaniqueo no del todo bien logrado pero efectivo para alinear el tranco del toro.

Casi entera y tendida estocada hace al astado buscar la querencia, pleno toril, en síntoma seguramente de bravo. Ahí cede a cabeza armada, justo cuando todo el camino y desasosiego de Macías están en la mano diestra del viejo puntillero, Emilio Ríos que, a como puede, vence su venerable y vulnerable miedo, y da el cachetazo al astado.

El mérito de Arturo Macías consiste en descubrir el fondo declinante del toro, levantar su oleada y cambiar la corrección técnica por la completa pasión. Siendo faena para una oreja, su actuación en conjunto es de puerta grande.

A menos de que se nos ocurra, como el Juez otorgar homenaje donde no lo hay.

Rematar en cuatro palabras: en oleaje de pasión. Puerta Grande para Macías.

No se atormenten.

Las reacciones vienen y van a favor… en contra. Como las altas olas.

Diría Don Fernando Marcos, cuando las pasiones brotan.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Enero 12 de 2014. Décima Tercera de Derecho de Apartado. Menos de un cuarto de Plaza en tarde fresca con fuerte viento molesto durante diversos pasajes del festejo. Frío final.

6 Toros, 6 de La Punta (Divisa Gris, Rojo y Oro) Desiguales en presencia y tipo. Justo el castaño tercero. Serios primero y sexto, cómodos de cabeza el resto. Faltos de casta en lo general, declinantes en su juego, salvo el segundo que muestra recorrido no obstante apretar a la salida de las suertes. El sexto, nombrado “Tito”, cárdeno obscuro, ha sido indebidamente homenajeado con el Arrastre Lento, corto de bravura con la cara alta y por fuera del engaño cada que era exigido por bajo.

Fabián Barba (Azul Purísima y Oro) Fuerte Ovación con Saludos en ambos. El Capea (Marino y Oro) Silencio y Pitos. Arturo Macías (Turquesa y Oro) Saludos con fuerte ovación en el tercio y Dos Orejas.

A la brega destacaron Alejandro Prado y Fermín Quiroz con el sexto. 

Saluda Alejandro Prado en el tercer turno tras dos tremendos pares de banderillas.

1 comentario »

  1. El Capeita lo que debiera hacer, es irse de mayoral a la ganadería de su Papá. Es una pena que no haya logrado captar ningún gene del valor, el arte y el carácter que como figurón del toreo, tuvo su señor padre.

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