Finalizo la temporada grande, que de grande acabo en temporada chica en su recta final. Ayer el público acudió e hizo una buena entrada en la plaza con la ilusión puesta en el rejoneador navarro y los nombres de Fermin Rivera y Arturo Macias. Pero ¡Oh sopresa! Se encontraron con una corrida de Lebrija escasa de casta y de temperamento borreguil, salvo dos, el tercero y un sexto (bis) de Javier Garfias que tuvieron mas calidad y movilidad.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Tarde de triunfo y también de sopor en donde nuevamente falto la casta y la bravura, ya que no apareció en su plenitud el toro bravo que tiene acometividad y que en todo momento quiere coger la muleta. Tampoco había una diferencia muy abismal entre el comportamiento de los toros del pasado domingo de La Soledad con los de hoy: mansos y sin casta pero los de Lebrija iban y venían sin molestar y dejándose hacer de todo, excepto el tercero el cual no era el tonto del pueblo, por lo que había que andarse con cuidado, pero ha sido tratado como si fuera un peluche y, en un achuchon que ha arreado, le ha acabado dando un disgusto al matador Arturo Macias.
La tercia de a Pie
Después de una buen actuación de los alternantes el domingo pasado, ayer llegaron tres señores de a pie y nos sometieron a una tarde soporífera. Unos porque simplemente así torean y el otro porque no tuvo suerte en el sorteo.
Fermín Spinola no estuvo bien con su primero, frió, dubitativo y descolocado en los cites. La lidia de este astado fue en general desastrosa y la faena de muleta plena de altibajos. Sin embargo mato de un estoconazo que le valió una oreja.
Con el sexto, un sobrero de Garfias que sustituyo a uno del encierro de Lebrija que se despitorro, devolvió la oreja de su primero. Preocupante el momento de Spinola, que ante un toro potable y con condiciones de triunfo, se le vio fuera de sitio, sin ambición ni recursos. El potosino solo pudo tirar líneas, que vienen a ser simples proyectos de pases, vaciando las embestidas hacia afuera y sin dejar quietas las zapatillas. Al final, sin conseguir estructurar un proyecto de faena, lo mató sin más con justificadas protestas del público.
En el tercero surgió el toreo verdad y el destoreo, lo hizo la versión taurina del doctor Jekyll and Hyde: Arturo Macias. Que por unos momentos estuvo cumbre y en otros muy por debajo del extraordinario toro de Lebrija. La realidad fue que cuando el Cejas se puso serio no conecto con el público, a pesar de que toreo con buen gusto con el capote, después vinieron algunos muletazos por el derecho de buena factura y en una tanda dibujo un natural muy largo y sentido que calo muy hondo en la plaza.
Pero en la parte final de la faena surgió el toreo pueblerino de siempre, el achuchon y los efectos especiales y fue hasta ese momento cuando el tendido le respondió. Mal con la espada se tardó un siglo en descabellar, pero aun así el fiestero público le reconoció con una ovación su malograda actuación.
Con su segundo Macias dio una lección mas del concepto del destoreo, en donde si eres valiente y has decidido que tú no te mueves, el destoreo se camuflajea en una sucesión de sustos y arrimones los cuales para su mala suerte en este toro no se produjeron por la mansedumbre del de Lebrija. En resumen toreo sin compromiso y sin finalidad. Macias se está desperdiciando con estos torillos. Debería asumir riesgos y anunciarse con toros de los que meten miedo y debería también mirar más hacia su interior y menos hacia la sultana del norte.
Ninguna opción ha tenido Fermín Rivera. Toreó con temple y hasta con mimo al deslucido primero, pero fuera de la satisfacción personal, resultaba inútil para alcanzar el triunfo ante un toro que nunca humillo ni demostró interés por la muleta. No muy distinto fue su paso por el octavo de la tarde, éste con molestas complicaciones.
El rejoneador y la comodidad de la cumbre
La tauromaquia a caballo de Hermoso de Mendoza no encierra a estas alturas ningún misterio: es un torero consumado, un catedrático. Con una cuadra espléndida, Hermoso es de esos genios al que siempre se le supone un magisterio indiscutible. Ha alcanzado un nivel que, sean cuales sean las circunstancias de cada tarde, siempre se tiene la impresión de estar asistiendo a una clase magistral, de esas que dejan aroma de toreo grande.
Qué pena que esa clase exquisita y suprema en nuestro país no compita en mas ocasiones en festejos únicamente de rejones y no mixtos. Parece que en este punto de su carrera Pablo tiende a huir de las exigencias, con lo que en realidad pierde la fiesta; y lo que no está claro es si las figuras en general asumen o no un serio compromiso con su papel en la tauromaquia actual.
Es lo que digo yo.
Twitter @LuisCuesta_
Ficha del festejo:
México DF (México), domingo 23 de febrero de 2014. Toros de Julio Delgado, para rejones, Lebrija y Javier Garfias (6º bis), desiguales de presencia y juego. El 4º, indigno de la categoría de la plaza. Hermoso de Mendoza: Oreja y silencio; Fermín Spínola: Oreja y silencio; Arturo Macías: Ovacion y silencio; Fermín Rivera: Silencio y palmas. Entrada: Casi tres cuartos de plaza.




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