“Traía yo, entre las cuatro cartas de recomendación, una para un tal Adolfo Suárez, desconocido y mítico… Este Suárez parece que dirigía una cadena de emisoras como del Frente de Juventudes o así… La carta para el tal Suárez iba ya tomando la forma de la cadera que no tengo, de tanto ir y venir al despacho donde él nunca estaba. Una mañana… le eché la carta sobre la carpeta de cuero negro. ‘Que quiero ser locutor’. Se levantó, dio la vuelta a la mesa y vino hacia mí. ‘Necesito algo, estoy sin trabajo, he sido locutor, tengo experiencia, que me hagan una prueba, quiero trabajar’. ‘¡No puede usted pedirme nada así a tenazón!’ Recuerdo la palabra, vieja palabra castellana, abulense: ‘tenazón’. Me cogió de un brazo, con asustante energía, y me sacó del despacho.”
DE SOL Y SOMBRA
Crónicas y Periodismo Taurino Independiente


En la muerte de Adolfo Suárez.
–Desengáñate, Santiago [Carrillo]. En España sólo hay dos políticos: tú y yo.
Adolfo Suárez, el hombre que susurraba a los caudillos
Francisco Umbral
Madrid, tribu urbana
Twitter @Twittaurino
PUBLICADO POR IGNACIO RUIZ QUINTANO
Descubre más desde DE SOL Y SOMBRA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario