José Tomás: Sin las tres plazas señeras – Sevilla, Madrid y Bilbao – su año taurino carecerá de percha, haga lo que haga.

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Ilustración: VICENTE ARNÁS.

Por Jose Antonio del Moral.

En mi diaria y prolija lectura de los medios digitales y de papel más importantes, me encontré anteayer con unos titulares que en parte me parecieron ya escritos por mí. Eso mismo ya lo había escrito yo en muchísimas ocasiones, pensé de inmediato. Entre otras frases, figuraba como destacada la siguiente: “Sin las tres plazas señeras – claro está que se referían a las de Sevilla, Madrid y Bilbao –  su año carecerá de percha, haga lo que haga”. ¿Pero, quien era el aludido? José Tomás. En el diario El Mundo jamás nadie había osado meterse con el diestro de Galapagar. Todo lo contrario. Siempre recibió parabienes. Cualquier cosa acontecida sobre, de, desde, para, cuando, por, según José Tomás, fuera la que fuese por nimia que pareciera, venía siendo calificada de inconmensurable proeza cuando no de algo histórico e inigualable. Y el juicio sobre sus actuaciones en los ruedos, una desmesura no solo por parte de los críticos, también por la incontable pléyade de oportunistas y atrevidos columnistas de toda clase y condición, dispuestos a sumarse a los cánticos tomasistas con argumentos ditirámbicos tan exagerados como incomprensibles porque la mayoría de estos no saben nada o casi nada del toreo en profundidad. Y casi todos, además, usufructuarios del  momio que encontraron al verse obsequiados cada vez que el diestro actuaba – menos mal que fueron pocas – con viajes, estancias y comidas de seis estrellas con tal de que sus escritos fueran del agrado de los que movían el tinglado. Una verdadera máquina de alta precisión propagandística como jamás ha disfrutado nadie en la historia del toreo. Propaganda que tuvo su cénit a raíz de la cornada que Tomás sufrió en Aguascalientes (México). Percance que todavía es esgrimido continuamente por sus panegiristas y por el propio afectado como principal argumento legitimador de su especialísimo caso en cada una de sus comparecencias públicas.

La última, su bochornoso comportamiento en el acto de entrega de premios en las pasadas Fallas. Un percance ciertamente grave aunque no tanto como se dijo. Me lo acaba de explicar con toda clase de detalles uno de los cirujanos taurinos más serios e importantes del mundo. Por no haber, ni siquiera hubo parte facultativo de la celebérrima cornada. Un percance tan grave como los que muchos diestros sufren cada temporada pero bastante menos que otros que sí pusieron al borde de la muerte a quienes los sufrieron y nunca lo utilizaron para venderlo y, aún menos, para hacerse propaganda. Por ejemplos más cercanos, el de Manuel Escribano de la pasada temporada o el de Enrique Ponce en León de hace más tiempo. Si el viaje desde León hasta Madrid hubiera durando media hora más, Ponce habría llegado muerto.

Parece que el motivo de este sorprendente cambio “mundial” con José Tomás ha sido su última negativa a actuar en la corrida del Aniversario de Fundación de la Villa en la plaza de Vista Alegre de Bilbao. Plaza en la que, por cierto, jamás triunfó rotundamente en sus Corridas Generales y solamente compareció en dos de estos ciclos.  La última vez en 1998  cuando se escapó sin torear su segunda tarde – iba a torear con Enrique Ponce un corridón de don Atanasio Fernández  – esgrimiendo una falsa lesión en una mano que el padre del diestro intentó que figurara como seria lesión en el parte de la enfermería de la plaza sin conseguirlo, tal y como me dijeron los médicos pocos días después. Curiosamente, Tomás toreó al día siguiente y también con Ponce una preciosa gatada de Osborne en Málaga.

En el palmarés de actuaciones de José Tomás en plazas españolas de primerísima categoría, salvo en la de San Isidro de Madrid, solamente actuó tres veces en la de Abril de Sevilla; dos en la de San Fermín de donde también se escapó de la última en 1999, otro enfrentamiento con Ponce frente a una muy seria corrida murubeña de Capea; y una sola vez en los Pilares de Zaragoza, donde solamente triunfó Ponce con una corrida de gran trapío y pavorosos pitones del Conde de la Corte.

Pero ya que hablamos de toros, ¿cuántas corridas que no sean del encaste Domecq ha matado Tomás en los muchos años que lleva como matador de alternativa?  Desde luego que victorinosde su tío, ni uno. Y de su primo Adolfito, dos en Madrid y se dejó uno vivo de entre los elegidos por el propio diestro tras rechazar personalmente los que quiso llevar el ganadero que no se escondió echando pestes impublicables sobre su pariente.

Dada la trayectoria real de este torero, desde luego sobrevalorada hasta grados increíbles porque, profesionalmente hablando, su carrera está llena de ausencias en los escenarios más importantes y de campañas medio cubiertas o apenas sin la más mínima consideración de tales,  reconozco que me ha resultado inexplicable que quienes han continuado intentando que Tomás actuara en Bilbao tras su larguísima ausencia hayan pecado de tanta ingenuidad.  ¿Qué creían, que iba a tragar? Hombre,  por favor… ¿Con quien creyeron que estaban tratando?

Celebro y hasta aplaudo muy sinceramente este repentino cambio de pareceres de El Mundo sobre José Tomás, siempre y cuando prosiga si el diestro continúa haciendo lo que ha hecho desde que reapareció con la única excepción de su doble regreso a la plaza de Las Ventas, especialmente en su primera tarde porque, en la segunda, no pasó de horrible tremendista para complacencia de los muchos que fueron para comprobar si era cierto que se dejaba matar, principal razón que explica su atractiva fuerza taquillera en las pocas ocasiones que viene actuando y nunca con televisión. Otra cosa sería si cubriera completas sus campañas y permitiera las cámaras en las más importantes. La actuación “patibularia” de Madrid, solamente tuvo lugar aquella tarde. Nunca más volvió a dejarse coger adrede José Tomás. No obstante, en tal o cual ocasión, fuimos los primeros en elogiar actuaciones magníficas dentro de la formalidad torera aunque siempre con ganado de segunda o de impresentable tercera.

Cabe preguntarnos entonces, por qué razón quien venía ejerciendo la crítica taurina desde que heredó la prestigiosa tribuna de ABC, ha cambiado tan repentinamente su manera de ver y de juzgar a José Tomás. Bien es verdad que, antes de su regreso a los ruedos, fue juzgado con encomiable rigor, poniéndole bien cuando estaba bien, regular cuando así estuvo, y mal en sus peores tardes que también abundaron hasta que se retiró. Como siempre debería ser. Hasta que, de pronto, empezó a glosar como extraordinarias y hasta siderales todas sus actuaciones fueran como fuesen.  Misterios por descubrir aunque no faltan especulaciones más o menos certeras sobre el caso.

Via: http://www.detorosenlibertad.com/destacados/2014/03/44687

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