
UN 22 y 23 de Marzo del 2009 en Guadalajara Jalisco…
Por Miguel Ángel García.
Un beso a su mujer fue la reacción a una pregunta que de pronto pareció como una involuntaria indiscreción. “¿Que cuál ha sido el mayor descubrimiento de mi vida?”, reflexionó unos segundos el genio Gabriel García Márquez: “Esta mujer que tengo aquí a mi lado”, dijo dirigiendo la mirada hacia Mercedes Raquel, su esposa.
Aquella noche todo apuntaba para que fuera inolvidable.
Ese mismo día, el domingo 22 de marzo, la plaza de toros Nuevo Progreso de Guadalajara había sido el escenario perfecto para un importante duelo entre los matadores Eulalio López “Zotoluco”, Arturo Macías y Joselito Adame, ante un impecable encierro de Xajay y bajo una de las mejores entradas que el público aficionado había hecho.
El festejo resultó un éxito y la gente abandonó el coso hablando sólo de toros y toreros.
La tarde marcaba el crepúsculo y lo que a continuación sucedería, quedará en la mente de quienes estuvieron presentes en una de las veladas más maravillosas que hayan vivido.
Luego de la corrida de toros, en un lujoso hotel de Guadalajara, varios taurinos se comenzarían a reunir para hablar sobre lo acontecido en la plaza tapatío.
Minutos después arribaría el matador “Zotoluco“, luego de haberse duchado y dejado atrás las preocupaciones. El escenario, ahora, era una terraza rodeada de vegetación, fresca y bajo una noche estrellada.
El tiempo se iba como agua y el tema taurino ya no solamente era Guadalajara, sino de todos los rincones del planeta donde se celebra la fiesta de los toros.
Las anécdotas iban y venían, también los buenos y los malos recuerdos. Para ese entonces, la bohemia estaba en su apogeo y claro, no tardaron en salir las guitarras.
Mientras, el personal de dicho lugar prácticamente tenía su atención en este grupo de taurinos, quienes se vieron inmersos entre las notas del mariachi.
Pero algo más grande se sentía en el ambiente. Para entonces ya era de madrugada y ahora los presentes se encontraban en un salón de corte clásico.
Y, como salido de la nada, apareció en escena el mítico escritor colombiano, Gabriel García Márquez, quien se acercó al grupo de taurinos en compañía de su esposa, doña Mercedes Raquel Barcha y amigos.
Se saludó afectuosamente con el matador “Zotoluco“, y sólo entonces, cuando pasó la sorpresa, siguió la bohemia. Ahora, con dos grandes maestros juntos, uno de la literatura y otro de la tauromaquia.
El Premio Nobel de Literatura (1982) disfrutó la velada junto a su pareja, ante quien se mostró amoroso como no es común verlo en público, sobre todo cuando le preguntamos cuál había sido el mayor descubrimiento de su vida.
El escritor respondió pronto: “Esta mujer que tengo aquí a mi lado”, dijo en uno de esos rarísimos momentos en los que el genio colombiano responde aunque sea una pregunta. Un beso a su mujer fue el epílogo de apenas un momento.
Pareció como si el tiempo se hubiese detenido. El punto sublime de la reunión fue cuando el matador “Zotoluco” se fue al centro del recinto y calló al mariachi para decirle a García Márquez: “Maestro, pues no sé cantar ni tengo una bonita voz, pero esta canción se la dedico de todo corazón…”. Y se arrancó con, ‘Cucurrucucu Paloma’, canción que hiciera famosa otra gran figura, Lola Beltrán, del compositor Tomás Méndez.
La velada continuó hasta que una voz del mariachi dijo, “Ya estamos cansados”.
Las luces se apagaron y el sitio quedó como testigo de los hechos, con el recuerdo que cada unos de los presentes llevarán en su mente para toda la vida.
Tal vez el desenfado del maestro García Márquez en una reunión informal con un grupo de toreros y taurinos, permitió saber algo más del hombre, trascendiendo el mito. Dejó ver al amoroso, que del Olimpo de los escritores inmortales, descendió un ratito para convertirse en ser humano de carne, hueso y corazón.
La anécdota contada por el reportero es simplemente eso y por ello quisimos compartirla con nuestros lectores. Al mismo tiempo, encontramos estas reflexiones del Premio Nobel colombiano dedicadas a la mujer a la que se ama:
EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA
Gabriel García Márquez.
Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.
Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.
Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes… Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.
Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE……..UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así…
Que se siente orgulloso de tenerla como compañera…
Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento…
Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes…
La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘muy machas’ nos llevan gran recorrido…
¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque…
¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come m… en la calle, teniendo un exquisitísimo manjar en casa.
Vía: http://www.oem.com.mx/esto/notas/n1139033.htm



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