La guerra sigue en Málaga y Sevilla.

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Por Zabala de la Serna.

La sangre sí alcanzó el río esta vez. La polémica entre el grupo de cinco figuras –Morante y El Juli al frente de José María Manzanares, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante– y la empresa Pagés que gestiona el destino de la plaza de Sevilla no se quedó en esos culebrones de invierno que hacen las veces de los de verano en el fútbol.

La ruptura en las relaciones -diplomáticas a lo peor jamás lo fueron-, aparentemente por unas declaraciones tabernarias del empresario Eduardo Canorea, no ha hecho más que empeorar desde que Los Cinco advirtieron por carta, o lo que fuese aquel papel sin DNI ni puerta de emergencia, a la Real Maestranza de Caballería: «O Canorea o nosotros». Por resumir.

Y, por no hacer muy largo el cuento, desde entonces la gestión de la crisis ha sido horrorosamente egoísta por ambos bandos. El combate sigue su curso y se escenifica por vez primera en el inmediato Domingo de Resurrección.

Morante y El Juli se anunciaron en Málaga mano a mano, primero ellos y después los toros (bajo el brazo); y la empresa Pagés anunció en Sevilla la histórica ganadería de Miura como banderín de enganche para el público sevillanon y Manuel Escribano -el humilde triunfador del último abril- y Daniel Luque. Por este orden.

Cuesta hasta escribirlo, pero los contrincantes están deseando que el enemigo se desbarranque, que Sevilla se vacie y Málaga se ahogue. «Lo importante es defender la Fiesta antes que los intereses particulares», dicen unos y otros con la boca chica en cuanto atisban un micrófono o una cámara.

La ausencia de Morante -y más, tras los rumores que lo situaron en la capitanía de un desembarco mexicano en la plaza de sus entretelas- duele especialmente en la Maestranza. Entiéndase por la Maestranza la afición de Sevilla, herida en la balasera, víctima del fuego cruzado, en la que no ha pensado nadie.

El descuento de la empresa del 15% en los abonos suena a torniquete de cirujano clandestino para compensar la hemorragia millonaria del caché de las figuras; las pataletas de José Antonio Morante Camacho y Julián López Escobar en las posaderas del espíritu sevillano con su desprecio a los premios de los médicos y de la Real Maestranza confundieron el culo (de Canorea) con las temporas.

Juli alegó su reciente paternidad en defensa propia: «Se está poniendo en tela de juicio que ser padre no sea una prioridad en la vida». La próxima lucha de las figuras puede ser por el derecho a los 15 días que establece la Ley de Igualdad.

Sevilla no se merece el emparedado sufrido. Pero Sevilla seguirá siendo Sevilla, y se abrazará a los miuras legendarios en Resurrección como en su día a sus guardiolas, y en La Malagueta gozarán con el toreo -a última hora sin Canal Plus, hombres de poca fe-, y la Fiesta continuará mal que bien.

«¡Se acabaron los toros!», sentenció Guerrita en 1920 a la muerte de Gallito, único e irrepetible como Juan Belmonte. Y aquí estamos, maltrechos pero en pie.

Vía: http://www.elmundo.es/cultura/2014/04/17/534f928e268e3ea3238b456c.html

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