San Marcos 2014, Treceavo festejo de Feria: “El Cejas y “Armillita IV” empuñaron orejas.

Arturo Macías “El Cejas” (Hidrocalidodigital.com)
Arturo Macías “El Cejas” (Hidrocalidodigital.com)

Por Sergio Martin del Campo.

Bonito encierro reunió para esta tarde el amo de Arroyo Zarco, cuyos ejemplares sustituyeron a los originalmente anunciados de Teófilo Gómez, supuestamente por chicos y escasos de trapío. Esta negociación ganadera fue para dar motivos a la treceava función del serial sanmarqueño en el coso Monumental, que se vio con un poco más de la mitad de su aforo cubierto; ello sin considerar el graderío de las alturas.

Pero lo que se arreó, ya dicho en anteriores renglones, más bien dio mal juego según boleta general. Algunos de los bureles amagaron con clase y bravura, sin embargo en el último tercio, sea por mal comprendidos o por falta real de buena sangre, se apagaron y poco pasó de emoción.

Padilla, que se presentó como matador en Aguascalientes, tuvo modesta comparecencia; “El Cejas”, toda la tarde esforzado, cortó una oreja y el novillero “Armillita IV” reeditó su clase, finura y manejo del oficio de lidiar reses bravas.

Con arte y tersura Juan José Padilla (palmas en ambos) lanceó cabalmente al primero, y al modo de “Chicuelo” lo puso en suerte en el terreno del varilarguero. Usando variedad y gran deseo, puso banderillas halagando al cotarro. El bonito toro siempre embistió claro y bien, lo que ya en el tercio mortal acogió en su mitad el jerezano, quien le pegó pases, algunos muy buenos y en su estilo propio, pero al que no supo sostener atento en la muleta y no ligó como lo merecía, matándolo con una estocada bastante tendida y colocada casi a media columna. Hermosa lámina la de su segundo toro; tras dos duras varas, en cuya primera generó con su poder un tumbo impactante, se aplomó en serio y ni los anhelos del coleta le hicieron embestir, optando correctamente por acabar pronto, no sin herrar varias veces la suerte suprema, hasta herirlo de muerte de horrible bajonazo.

El gordo cárdeno, agradable de cuerna, solo al pisar el arenosos teatro, tiró bastante alto en sus acometidas y de inmediato se arraigó al suelo; no obstante Arturo Macías “El Cejas” (oreja, división tras dos avisos y palmas tras aviso en el de obsequio), se obligó y le interpretó meritoria y completa labor capotera. Fue más presto el burel en la sarga, aún tardo, al ir tras ella metía con clase la cuerna, y esta aceptable condición la tomó el joven diestro para hacer una faena seria, de buen trazo, pero de modesta percusión en la clientela. No fue sino hasta las últimas series, en plena querencia natural, que hubo mejor comunicación entre actor y espectadores tras lo que se vio un excelente estoconazo. Otro precioso burel soltaron en el turno de honor; castaño de capa, era un ejemplar de armónicas hechuras. Tafalleras el diestro le ejecutó bien plantado en el centro del anillo. Fue fijo, noble y con clase, pero no se le acopló el diestro ni en distancia ni son y se opacó en la tercera tanda. No le quedó más que ponerse hacendoso. Con una voltereta, una estocada atravesada y un descabello fallido terminó la intervención. Insatisfecho se le ocurrió regalar un séptimo, soltando para el efecto al segundo reserva, éste de la dehesa de San Isidro; feo como él solo, de inofensiva y sospechosa percha. Descastado sólidamente, se aplomó, situación ante la que el entusiasta y carismático torero puso muchos deseos, intentando sacar algún provecho que al público agradara; y lo logró en momentos con el basamento de la obstinación y parándose muy adentro de la órbita del indeseable animal, y granjeada la oreja en mal instante dejó el estoque tendencioso y sin herir de muerte al adversario teniendo que empuñar el de cruz, haciéndolo eficazmente.

Sólidamente enterado está el dinástico joven Fermín Espinosa “Armillita IV” (oreja y palmas) de lo que es desempeñarse profesionalmente en un redondel y delante de tanta gente. Estas virtudes diamantinas le sumaron una distinguida actuación, ya abriendo el percal, ya la sarga, ante un tres añero ciertamente noble aunque sin energía para mover su masa, y sobre el que se posó con ese su toreo delicado, fino, de fondo y no dado más que a lo clásico, nunca a la interpretación efectista, terminado de estocada algo caída y un punto delantera. A su segundo, novillo huidizo, ganándole un paso el frente y durmiéndole el engaño púrpura en la cara, le hurtó buen partido. El espigado chaval sabe muchos secretos de la muleta y sabe desarrollarlos imprimiéndoles belleza. Buen paso tuvo por el serial, despidiéndose con dos pinchazos y media estocada suficiente para remitir con los carniceros al mal utrero.

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