En las charlas taurinas, cuando queremos explicarnos la baja asistencia a los cosos, entre otras causas hablamos acerca de lo poco codicioso que es en sus embestidas el toro actual y del futuro que le aguarda al espectáculo taurino, cuyo protagonista principal se encuentra, en general, ayuno de fuerza, brío y acometividad. Tenemos la sensación de repetirnos al explicar el porqué, ya que cualquier aficionado sabe que se ha llegado hasta aquí por tomar un camino, aquel que transita solamente por la búsqueda de la nobleza y de la suavidad en la embestida.
Un toro así es poco capaz de emocionar , pero desde hace años, las figuras y la cohorte de taurinos que les protegen, han exigido un toro noble, colaborador, que les permita el lucimiento y así torear más corridas al año. Sólo si el ganadero cría este tipo de producto tiene asegurada la venta y el futuro de su explotación.
Muchos ganaderos, son conscientes de la presión a que se ven sometidos y no tienen otra alternativa que claudicar ante sus exigencias si quieren seguir vendiendo sus toros. Sin embargo, existe aún un reducto de ganaderos que persisten en sus principios, y es refrescante escuchar que existen quienes como Don Adolfo Lugo Verduzco que no cejan en el intento de no dejarse seducir por la mayoría y saben que a la larga esperamos les será fructífero. Muy merecido es su distinción de la Medalla al Mérito Ganadero que le otorga el presidente de México Enrique Peña Nieto.
En San Isidro en Madrid, el martes 13 de mayo de 2014 pasado nos dio enorme gusto presenciar por televisión un momento álgido de estupor cuando Iván Fandiño soltó la muleta y se perfiló al volapié con el estoque en la mano frente al toro, Fandiño pegó contra la testuz y ejecutó una gran estocada. La desesperada voluntad de salir por la Puerta Grande, lo impulsó a meterse entre los astifinos pitones, apoyó el codo y echó todo el cuerpo sobre el morrillo con el estoque por delante y a la par que se hundía el acero, la testuz del Parladé de Juan Pedro Domecq, impulsó al torero al aire y lo catapultó para caer y llevarse un feo golpazo. Salieron las cuadrillas al quite. El momento dramático daba paso a la alegría y luego de dos descabellos, en el palco asomó el pañuelo que daba la orden de conceder a la oreja que no dejaba ni un resquicio a la primera Puerta Grande de Madrid para Fandiño que en su primer turno había conseguido otra. Por cierto en México paso de puntillas por la elección de encierros para sus actuaciones, paupérrima.
La corrida de Parladé en conjunto larga y fuerte, con gran armonía en las encornaduras. Embistiendo preponderantemente con acometividad y fijeza, manteniendo la prontitud al mínimo toque de los engaños repitiendo y humillando al máximo, un galope relacionado con el ritmo de la embestida y el temple y Fandiñ quién fue el que mejor aprovechó la oportunidad, toreó cercano a las tablas pero para guarecerse del viento, era claro que en general los toros preferían embestir en los medios, además hacia momento final de sus embestidas lo hacían con cierta fiereza. Toros así no son fáciles para el torero, por eso vaya el reconocimiento pleno para Fandiño. El Cid Y Ángel Teruel aunque con buenos detalles, fueron desbordados por la bravura emotiva de los de Parladé criados por Juan Pedro Domecq quién seguramente está orgulloso del encierro enviado a la plaza más importante del planeta de los toros, Madrid.
Y qué decir de la actitud decidida y valiente de Joselito Adame a quién usía en Madrid birló una oreja justamente ganada el 14 de mayo de 2014 ante un toro de Torrealta al que instrumentó una faena de capote y muleta plena de conocimiento para dar clamorosa vuelta al ruedo. Esperamos de su próxima actuación del 20 de mayo en San Isidro, la misma actitud, suerte en el sorteo y a salir por la Puerta Grande que la roza en cada actuación José y dejar atrás la última vez que un mexicano la atraviese como lo hico hace más de 40 años, Eloy Cavazos.
¡Bravura! A defenderla para bien del futuro de la fiesta que se nutre de la emoción y de las gestas toreras, en el equilibrio de un toro bien presentado con un comportamiento noble balanceado con codicia y un torero preparado, para extraer grandes faenas. Que así sea.




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