La misión (casi) imposible de Joselito Adame.

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A Joselito Adame las empresas lo tuvieron parado la temporada anterior, pese a sus dos rotundos éxitos en San Isidro  –de hecho, fue el triunfador de la feria, en pago a lo cual tuvo que conformarse el resto de su campaña española con pueblear. Y esta vez, cuando aparentemente lo han tomado más en cuenta para participar en las ferias de mayor fuste –no todas, solamente algunas–, resulta que está viéndose confinado a puros carteles para desesperados, con alternantes habituados a pechar con bicharracos ante los cuales ya es un triunfo salir indemnes del duro trance. Trato, pues, de segundón, a un torero dispuesto siempre a dar la cara, y que en nuestro país se ha entretenido en bañar sistemáticamente a las principales figuras hispanas, empezando por las del G–5 dichoso.

Un caso –uno más– de reciprocidad al revés: aquí nuestros empresarios le dan a cualquier español trato de figurísima, mientras los de allá se complacen en destinar a nuestros toreros de más cartel y garantías fechas, combinaciones y ganaderías que nadie en su sano juicio elegiría por su gusto.

Que viva, pues, la reciprocidad, y la sana y limpia confrontación entre las dos torerías. ¿Dónde oí o leí esto?

Madrid: la tercera en la frente

El tercer toro de El Montecillo –un tal  “Farruco”– debe ser hasta hoy el animal más peligroso que ha salido por toriles en la presente isidrada. Joselito Adame no se asustó con sus embestidas al bulto, entero como llegó a su muleta que,  para acabar de arreglarla, se sacudía sin orden ni concierto a impulsos del fuerte viento. Y luego de soportar una colada brutal al principio de la fanea, y de aguantar lo indecible en busca de un toreo en redondo más que improbable, el público agradeció que el hidrocálido macheteara con energía al boyancón y, salvando otra acometida al cuerpo, le hundiera la espada con habilidad. Las reseñas reportan “silencio”, pero la verdad es que respiramos todos. Y quién sabe cómo le habrá quedado la conciencia al juez de plaza, que ordenó el cambio con dos insuficientes puyas, obligando a José a contender con un morlaco, a más de geniudo, tremendamente poderoso. Este año, los jueces le han salido a Joselito tan ásperos y correosos como los bichos que en mala hora sorteó.

Porque el sexto, “Mensajero”, fue otra prenda, que el único mensaje que transmitía era el de un peligro sordo, disfrazado de sosería. Adame, que comenzó faena con ayudados por alto, se fue con él a los medios y se la jugó en serio por ambos pitones, especialmente el izquierdo, por donde el de El Montecillo buscaba con descaro sin arredrar al azteca, siempre cruzado y con la muleta muy baja. Al público madrileño, entre consternado y hastiado a esas alturas, le faltó sensibilidad para agradecer tan sincera entrega, y se dio de santos con que, entre el ventarrón y a pesar de haber sonado un aviso, consiguiera José liquidar al mastodonte aquel sin demasiados problemas.

Mala feria del G–5

Como la empresa venteña dio amplia cabida cancha en sus carteles a las cinco figuras ausentes de la feria Sevilla, alimentando la expectación consiguiente, mucho se animaron los tendidos los tendidos se animaron extraordinariamente dichos ases aparecieron anunciados en terna, ocasionalmente con algún no asociado –como Ponce y Castella– pero en uso de buen cartel en Madrid. Luego sucedió que, casualmente, las reses destinadas a los grandes nombres tenían una presencia irritantemente desigual, y un comportamiento, en general, pajuno y sosote. El típico toro que tanto gusta a las figuras, vamos.

Abroncado Morante el jueves 22 con descastados montalvos, ante los cuales tampoco Finito de Córdoba encontró acomodo, inédito El Juli y hostilizado Manzanares con los de Victoriano del Río –tan cuidadosamente elegidos como insulsos de comportamiento–, y silenciado un Castella definitivamente atorado pese a su tenaz voluntad, los únicos aplausos se los llevaron Enrique Ponce –por aquello de la reaparición y la asolerada maestría– y Alejandro Talavante, que al revés de Manzanares tiene en un uño al público de Madrid y por poco corta oreja dos veces  –del 3º de Montalvo el jueves 22 y del 6º de Del Río una semana después, el 29. No lo consiguió porque ni los bureles eran tan completos ni acertó al matarlos bien ni ha desterrado ese brusco muñecazo que últimamente afea su toreo en redondo.  Pero saludó dos ovaciones en el tercio.

Perera la borda

Mas resultó que el miembro menos aparente del G–5, Miguel Ángel Perera, armó un taco monumental  con los de Victoriano del Río –casualmente a él sí le embistieron, producto de una lidia cuidadosa y un medido castigo en varas– y ha sido hasta ahora el único triunfador rotundo de este San Isidro tan salpicado de sangre y discusiones. Los dos de su lote, de un negro cerrado, eran casi tocayos    –“Bravucón” y “Bravucón II”–, y con ambos se cruzó el torero, arrastró la muleta y les corrió la mano desde aquí hasta allá, con mando firme y temple impoluto, convenciendo desde el primer momento a la afición de que así se va a Madrid, así se torea y así se triunfa de verdad. Las dos orejas del 3º y una del 6º daban de sobra para la salida por la puerta grande que el extremeño se ganó a ley, así haya habido pelafustanes que la afearon con improcedentes jaloneos al triunfador.

Perspectivas poco halagüeñas

Para terminar por donde empezamos,  habrá que insistir en que Joselito Adame, tan puesto y dispuesto como está, tiene ante sí un panorama complicado en su campaña europea, confinado a puros carteles de relleno, y con encierros destinados a los más esforzados gladiadores del escalafón, en obvia desventaja frente a las fechas, hierros y ternas que se reservan para sí las figuras y figurines de la baraja actual, que, olvidados del trato –y los dólares– que en nuestro país perciben, prefieren eludir la competencia con el torero de  aguascalentense. No vaya a ser que el impulso triunfal que en tantos aprietos los puso por estas tierras vaya a tener reedición ante sus propios públicos.

Y si así de torcidas pintan las cosas para Adame, ni hablar del posible futuro de Arturo Saldívar y Diego Silveti, las otras dos bazas fuertes de nuestra torería, cuya falta de fortuna en sendas presentaciones únicas en Sevilla y Madrid ha dejado reducidas al mínimo sus posibilidades de hacer campaña este año en cosos europeos.

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Una respuesta a «La misión (casi) imposible de Joselito Adame.»

  1. Avatar de Jose Andrés Rosado Rivera
    Jose Andrés Rosado Rivera

    Eso de la reciprocidad nunca la habido, estoy de acuerdo en eso pero también hay que ponerse a pensar que el público mexicano es sumamente malinchista y eso es algo que nos debilita ante los españoles que bién lo saben. Ahora , por si fuera poco su baraja de toreros es mas amplia que la de nosotros y siembran triunfos importantes, cosa que los nuestros no, hasta ahora Jose Adame es francamente el único . La diferencia es que en España son mas regionalistas y dan preferencia a sus toreros, nosotros somos malinchistas y le damos a los extranjeros lo que no nos damos como mexicanos. Lo único que nos damos mutuamente son zancadillas. Perdón , pero es como yo veo las cosas. Aquí el peor enemigo de un torero es otro torero.

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