Vicente Hong, torero cantonés (I)

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Este artículo ha sido originalmente publicado en el número 27 de la revista anual «Encuentros en Catay», única publicación periódica de Oriente en la que se pueden encontrar textos taurinos, editada por la Casa de España en Taiwan dirigida por los profesores José Ramón Álvarez (Universidad Providence, Taichung) y José Campos Cañizares (Universidad Wenzao, Kaohsiung)

Por José Ramón Márquez.

A Juan Galacho, aficionado malagueño

que me puso tras la pista.

En el año 1930 se presenta en España y hace esa temporada en nuestro país el torero chino Hong Chickeen, Vicente Hong en los carteles. «Desde Venezuela, en cuya capital dirigía un periódico chino, ostentando a la vez la representación del Gobierno de su país como delegado de la inmigración»viene a España a probar fortuna. No es ningún advenedizo, pues tenemos noticias de su labor como torero en México y otros lugares de América. Su principal baza publicitaria, el exotismo de su origen, es quizás también el principal motivo de que no acabe de ser tomado totalmente en serio por la crítica y la afición; hacia ese terreno, digamos poco serio, es hacia donde apunta la columna que le dedicó Corinto y Oro, titulada «Tenemos un torero chino».

Procedente de Venezuela, como se dijo, y acompañado de su apoderado José Romero Frascuelillo, tiene problemas para pasar la aduana, pese a llevar en regla toda su documentación, por su condición de súbdito chino.

Frascuelillo remite un telegrama a los periódicos:

«Torero chino Hong detenido autoridades españolas frontera Port-Bou alegando no pueden pasar chinos, a pesar de tener visación pasaporte y permiso especial ministerio Estado.- Saludo. Apoderado»

Tras pasar un día retenido en la frontera, llega Vicente Hong a Barcelona en el mes de mayo de 1930.

Cossío soluciona la biografía del chino en tres imprecisas líneas que rezan así:

HONG (Vicente). Matador de toros chino. Residiendo en Méjico se aficionó a los toros, pasando a profesional, y toreando, el 7 de enero de 1912 en Guadalajara de Méjico, alternando con Mellaíto de Málaga, que lidiaron reses del país. Toreó mucho más, principalmente por lo singular en el toreo de su nacionalidad; pero no me es posible seguir la pista de sus andanzas.

Para tratar de obtener algunos datos de la biografía y de las andanzas de Vicente Hong hay que remitirse a la entrevista que le hizo José M. Benavides en la revista «Estampa» en junio de 1930 y a los reportajes de «Mundo Gráfico» y «La fiesta brava», en los que el torero explica algunas circunstancias de su vida, aunque con unos saltos en el tiempo más propios de una película de Alain Resnais que de la biografía de un torero.

En la entrevista de «Estampa» declara que nació en la localidad de Sunwuy, cerca de Cantón, que tiene treinta y siete años de edad, que sus padres eran comerciantes, que a la edad de ocho años se fugó de casa para formar parte de una compañía de opereta china y que después de la aventura y para evitar nuevas hazañas le hicieron ingresar interno en un colegio de Cantón donde aprendió los oficios de impresor y de tipógrafo. En un reportaje de carácter bastante publicitario editado a doble página en «La fiesta brava» en el mes de mayo se asegura que Hong procede «de familia acomodada» y que «recibió esmeradísima educación».

En la época en que nace Hong, China vivía los años precedentes al establecimiento de la República. Entre octubre de 1911 y febrero de 1912, el emperador Xuangtong, último de los de la dinastía Quing, Señor de los Diez Mil Años, asistió al derrumbamiento del milenario poder imperial. En esa época los revolucionarios se cortaban la tradicional coleta manchú como símbolo de rebeldía, y tal confiesa haber hecho también Vicente Hong.

A la edad de catorce años, es decir en 1907, la familia de Vicente se traslada a California, Estados Unidos de América, según lo confesado a «Estampa», dando como razón para esa emigración el que Hong no se avenía a contraer matrimonio a esa edad, tal y como la ley obligaba; aunque en «La fiesta brava» se asegura que el futuro torero, ávido de ver un mundo desconocido para él, no paró hasta convencer a su padre de que emigrasen a México en cuya capital establecieron un hotel

Siguiendo el hilo de la entrevista de «Estampa», el siguiente paso de la vida del torero asiático le llevaría a trasladarse junto con su familia a México, donde muere su padre. Su hermano se hace cargo del negocio familiar, acaso del hotel, pero surgen desavenencias entre ellos y entonces  Vicente decide volver a Estados Unidos para buscar trabajo en una mina de oro. Recuerda que debían recorrer siete kilómetros bajo tierra en una vagoneta para llegar a la veta que explotaban. Una noche unos bandoleros roban todos los lingotes de oro y Vicente, lleno de terror por el asalto, decide retornar a México.

Sobre su iniciación al mundo taurino,  dice Vicente que al volver a México de su trabajo en la mina de oro norteamericana, encontrose en la Estación Central con una multitud de gente, muchos obispos y sacerdotes, dice, llorando y mesándose los cabellos mientras esperaban la llegada del féretro que contenía el cadáver de Antonio Montes, escena que le impresionó grandemente… Podría ser, aunque el traslado del cadáver de Antonio Montes, muerto de septicemia a causa de la cornada que le infirió el toro Matajacas de Tepeyahualco, desde el Panteón Español a la estación de ferrocarril en la Ciudad de México se verificó en la tarde del día 25 de enero de 1907, el mismo año en que Vicente declaraba estar en Estados Unidos. A cambio, en «La fiesta brava» se explica que fue el trato con las gentes del toro que se alojaban en el hotel de su familia lo que le puso en el camino de probar fortuna con la seda y el percal. Ambas versiones se concilian en una graciosa pirueta, rizando el rizo de la inexactitud, en el «Mundo Gráfico» de julio de 1930 cuando explica que su padre:

«tenía en Méjico un hotel en el que paraban casi todos los toreros españoles. Allí, al contemplar el cadáver de Antonio Montes, fue tanta la impresión que le causó el entierro que le hicieron hasta dejarlo depositado en el barco, que ya no quiso otra cosa que ser torero»

Hay una cuarta versión sobre el nacimiento de la afición taurina en Vicente. En unas breves notas biográficas firmadas por R. Solís, que aparecen en el diario «El Heraldo de Madrid», previas a la reseña de la corrida que Hong estoqueó en Carabanchel, se explica que:

«Con unos pesos que logró ganar, instaló un restaurante económico en un barrio popular de la capital mejicana y al frente del servicio se puso Vicente, logrando pronto numerosa clientela en la que predominaba el elemento taurino. Y este elemento taurino, integrado en su mayoría por novilleros y aficionados españoles, fue el que despertó poco a poco en el chino su afición a los toros»

El caso es que Vicente va por vez primera a los toros y queda fascinado con el espectáculo. A partir de entonces comienza a frecuentar la compañía de toreros, viendo en ellos a «seres extraordinarios llenos de heroísmo y valor». Se declara admirador de Gaona y en seguida comienza el aprendizaje a base de porrazos, recibiendo las enseñanzas de su futuro apoderado Frascuelillo en la Escuela Taurina que este dirigía, mediante el abono de la suma de 50 pesos.

Será por entonces, antes del inicio de la revolución mexicana cuando Vicente –anunciado como Vicenty- se presentó en la mexicana plaza de El Toreo de la Condesa, participando en alguna de las corridas de novillos que se celebraron entre el 17 de abril y 16 de septiembre de 1910, pues así lo recoge Dulzuras en su «Toros y toreros en 1911».

Entre tanto, la azarosa vida de Vicente le lleva de nuevo a ejercer el oficio de minero de oro, en este caso en la mina de San Juancito, en Honduras, próxima a Tegucigalpa, donde en un año de trabajo es capaz de reunir la suma de 40.000 pesos. A la vuelta a México y hallándose en Manzanillo, Colima, explica Vicente que se declaró la revolución contra Porfirio Díaz, que le obligó a enterrar el baúl en que guardaba todos sus capitales en el patio de la casa en que se alojaba. Estaríamos hablando entonces de entre noviembre de 1910 y mayo de 1912, años de la revolución maderista que acabó llevando al exilio a Porfirio Díaz, cuando el torero debía andar alrededor de los diecisiete años de edad.

Propaganda de Vicente Hong «Pocos profesionales en el toreo pueden compararse al torero oriental, es único en el mundo.Ha estado viajando por México, por Centroamérica y Sudamérica. En todos los lugares que ha toreado ha tenido reconocimiento social.En nuestra tierra ofrecerá una actuación torera incomparable e imprescindible»

Declara Hong al periodista que su primer gran éxito como torero lo tuvo en Guadalajara, Jalisco, de cuya plaza fue sacado a hombros. De esa corrida, verificada el día 7 de enero de 1912 en la que Vicente Hong alternó con Antonio López, Mellaíto de Málaga, en la muerte de novillos de la hacienda de Rivera, tenemos la crónica, firmada por López, que se publicó en El Toreo. Acaso por méritos propios o acaso por la total incompetencia de Mellaíto, que fue incapaz de matar a su primero y vio como también se iba al corral su segundo, la tarde fue por completo de Vicenty Hong:

«Demostrando que no es, ni mucho menos, un lego en el manejo del capote, toreó a su primero maravillosamente. ¡Así, como suena! Con todo el vastísimo repertorio de la alegría y la sandunga toreril, por verónicas, faroles, navarras y largas, y oyó aplausos sin cuento, mejor dicho cerradas ovaciones.

Toreó también admirablemente de muleta, marcando de un modo soberano la salida en unos de sus pases de pecho, y entrando con ferocidad y sin acordarse de que para evitar las formales caricias de los toros, hay que marcarles la salida por el lado derecho, valiéndose de la habilidad de la mano izquierda, entró derecho y fue cogido, después de atizar media estocada delantera, a la que añadió una entera, caída, y un pinchazo bajo.

Muchas palmas.

En su segundo se estrechó todavía más, jugándose la piel en los cuernos, y concluyó con media estocada, siendo sacado en triunfo por los incondicionales de la fiesta, y organizándose  a la salida de la plaza una  manifestación que vitoreaban sin cesar al héroe amarillento, embriagado por su éxito, parodiando con Vicente lo que en Madrid se hace con Vicente

En febrero repetirá Hong en Guadalajara con toros mansurrones de La Colonia junto al madrileño Enrique Fernández y Méndez, Carbonero, que estuvo bien. De nuevo vuelven a sacarle a hombros tras estar superior en su segundo, tanto toreando como matando.

En el reportaje de «Mundo Gráfico» afirma que en 1912 actúa de nuevo en México, esta vez alternando con el temerario torero sevillano José Álvarez Tello.

A España llegan las primeras noticias de la existencia del torero chino en 1913. En el primer número de Palmas y Pitos, 24 de marzo de 1913, se puede leer: «Dícese que este año nos visitará el valiente matador chino Vicenty Hong El Chale. A ver a su lado quién de nuestros lidiadores presume de coleta». Es la única vez que se le relaciona con ese apodo, sin embargo el chiste de la coleta será recurrente.

Continúa Vicente Hong el relato de sus aventuras a «Estampa» explicando cómo el general Jesús Agustín Castro le encargó reclutar un ejército de dos mil chinos, entre los cien mil que entonces habitaban en México, para incorporarse a sus tropas en Veracruz. Con esa fuerza, le fue encomendada la misión de custodiar un tren cargado con nueve furgones de lingotes de oro y doce de campanas de iglesia destinadas a «acuñar monedas de cobre».

Esto debió ocurrir hacia el año de 1918, cuando el general Castro realizó las campañas contra rebeldes como Pancho Villa o Félix Díaz que le valieron el ascenso a general de División, puesto que nuestro torero militar declara haber entrado en combate contra un numeroso destacamento de caballería que Villa había enviado para detener el tren y recuperar a ochenta prisioneros que iban detenidos en el convoy. Se formó la batalla antes de entrar a la estación de San Marcos, durando la lucha desde las seis de la tarde hasta las cuatro de la mañana.

Doscientos prisioneros y más de trescientos muertos fue el resultado general de la escaramuza, de la que Vicente, particularmente, sacó en claro un balazo en una pierna y un nombramiento de comandante. El periodista Benavides anota que Vicente Hong le muestra un escrito con su nombramiento. Luego, cuando llegó a Veracruz entregó el ejército y lo que se le había ordenado custodiar, abandonando definitivamente el mundo bélico y revolucionario para volver a las lides taurómacas.

En «Toros y toreros en 1922: detalles y apreciación de la última temporada taurina», por Don Luis, aparece la siguiente nota:

«Ha vuelto a los toros el chinito. Esta vez hizo de reír a la gente de de San Luis de Potosí y Tampico.»

En el «Consultor indicador taurino universal» de 1923 figura José Romero Frascuelillo como su apoderado.

En el verano de 1926 sabemos que actúa en Caracas.

A su llegada a España confiesa que lleva toreadas más de cuatrocientas corridas, que de todas ellas la que más dinero le dio a ganar fue una en Lima por la que le abonaron la suma de diez mil dólares y que sólo ha tenido tres cogidas de gravedad, de las que una fue en Navalcalientes, México, y otra en Perú.

Se declara admirador de Juan Belmonte:

-Belmonte ¡oh, qué gran torero! Le vi en el Perú. No se me ha borrado de la retina aquel portentoso toreo suyo.

Con ese bagaje es con el que se dispone a darse a conocer en España.

(Continuará)

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