
Por Alan Rogel.
La quinta novillada de la Plaza México fue una tarde más en que la lluvia siguió respetando el quehacer taurino de las novilladas en dicha plaza. Ayer, de hecho, pareciera que esperó hasta que todos saliéramos de la plaza para que se dejara sentir en forma de granizo.
Ojalá que así continúe.
A pesar de que Antonio Mendoza regresaba después de indultar a Bandolero de Xajay, la entrada bajó en comparación con las cuatro comparecencias anteriores. Por lo que una vez más aprovecho estas líneas para hacer un llamado a la afición taurina y encomiarle que acuda a la plaza, una de las formas más plausibles de defender esta fiesta.
La tarde de ayer fue nuevamente egoísta en emociones, un poco por los novilleros y otro tanto por los novillos, por lo que en esta ocasión limito a tres mis apuntes sobre la novillada:
(A) la tarde fue de un solo novillero: Antonio Mendoza, quien hubiera cortado una oreja, muy justita, a su segundo novillo de no haber fallado con la espada. Analizando sus dos comparecencias en la México, creo que este novillero tiene buenos detalles y buenas maneras; por ejemplo, sus pases de pecho, sus pases del desprecio con cambio de mano y cómo baja las manos en las chicuelinas. Sin embargo, también tiene algunos defectos, como el olvidarse de sus buenas maneras en momentos para buscar el aplauso fácil o abusar del pico de la muleta y consecuentemente torear a distancia. Habrá que corregir pronto estos detalles si quiere quedarse por largo tiempo en el recuerdo de la afición.
(B) Ayer, se reflejó cuánto vale la autoridad en La México en el segundo novillo de Luis Ignacio Escobedo. Tristemente, Campeón, el novillo de mejor estampa del encierro, le salió a Luis Ignacio y digo tristemente porque no pudo darle ni la lidia ni la muerte que merecía hasta escuchar los tres avisos. Se tiró a matar hasta en ocho ocasiones, pinchando en todas ellas, y adicionalmente, usó el descabello en siete ocasiones hasta que se escuchó el tercer aviso. Pero… no obstante el tercer aviso y quizás por su nerviosismo, acrecentado por la bronca que se le armó, estuvo a punto de descabellar una vez más. Es reprobable que Luis Ignacio haya desobedecido al Juez de Plaza, intentando volver a descabellar, pero es más reprobable que el Juez permita que su autoridad sea minimizada en una plaza de primera al no imponer sanción alguna.
(C) Mirafuente de Anda naufrago toda la tarde entre dudas, mientras que el encierro de Real de Valladolid, propiedad del señor Florentino Ramirez, dejo mucho que desear en cuanto a juego y sobretodo en presentacion.
Au revoir,
@AlanusIV




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