En Tauromaquia el orden de los factores sí altera el producto.

Foto Arjona.

¡Zaragozáaa!

Por Pedro J. Cáceres.

La temporada da sus últimos estertores mandándonos un mensaje razonablemente optimista.

La Feria de Otoño en Madrid ha registrado excelentes entradas y el abono, sin más reclamo que aquellos que se lo han ido ganado en la plaza, ha sido renovado en un 100% respecto del San Isidro pasado.

Fuera a parte la reinserción de los “adolfos”, la consolidación de Urdiales como “torero de Madrid” y los muebles que salvó, tras la voltereta, Serafín Marín, el vínculo vivo con la tauromaquia catalana.

La reactivación de La Coruña de la mano de Tomás Entero y la recuperación, en tiempo record –una temporada-, del “solar” que quedó en Zaragoza son hechos muy positivos cara al futuro.

De la misma manera que la corrida del Día de la Comunidad en Valencia argumentó su razón de ser, pese al poco público, ante el triunfo incontestable de un torero valenciano como Jesús Duque que abre una expectativa local interesante cara a las próximas Fallas.

Está siendo esta Feria de El Pilar un señuelo para concienciar a los organismos públicos propietarios de plazas de toros en cómo han de hacerse las cosas: los pliegos y la elección del empresario.

No ha podido ser más oportuno para la celebración del 250 aniversario del Coso de La Misericordia que las cosas a orillas del Ebro se hubieran puesto tan negras para dar un giro de 180 grados en la asunción de las responsabilidades de la Diputación y elegir a la UTE idónea para pilotar el rescate.

La gente, la afición, estaban ahí. Y se ha demostrado que no querían aventuras ni “seroladas”; exigían seriedad y compromiso. Y ante la programación –no sólo taurina- del equipo del “productor” Simón Casas, el cliente ha respondido.

Pero han respondido, también, los espectáculos en cuanto a éxito artístico y ganadero. Lo cual es un afianzamiento de futuro.

El triunfo, indulto incluido –con tufo chauvinista, pero por bien empleado-, de una ganadería local y de encaste con poco mercado como la de Los Maños es un revulsivo más para la afición aragonesa a falta de toreros de la tierra.
Una tarde en que se palpó que en cuanto a los novilleros hay futuro. Ahí está el castellonense Varea, para ampliar la nómina de “los Garrido y cia”.

El triunfo de Fandi, espectáculo en estado puro, saliendo en hombros y estando a la altura de un toro de Fuente Ymbro de los que dignifican un hierro por muchas irregularidades que le hayan aquejado durante la temporada.

Lo mismo que el extraordinario ejemplar de Bañuelos con el que Luque empezó su recital de profesionalidad y madurez en su encerrona, cuyo resultado final merece un párrafo aparte.

El viernes, la corrida de Cuvillo no aportó más que el único espectáculo mediocre de lo que va de feria. A penas una oreja cortó Hermoso de Mendoza quedando inédito Perera (ayer se le esperaba con máxima expectación) y la mejor noticia fue la reaparición de Talavante, sin merma en su mano, y en un son de no hace mucho, como demostraría 24 horas después.

Ese momento de Talavante, en tarde en que faltó poco para colgar el “cartelito”, su repetición ayer sábado, junto con la vuelta de Ponce a la capital maña y el acierto de la empresa al sustituir a Finito por un espada emergente y con ambiente reciente por su actuación en Madrid (como complemento a un ciclo norteño extraordinario y la aureola de muletero puro), Diego Urdiales, provocó que la plaza volviera a casi llenarse para mayor satisfacción del público que con una corrida muy de “toro medio” –excelente presentada y astifina- de Juan Pedro, la terna desplegara toda su artillería para ofrecer una tarde intensa y torera que pocos de los que allí estuvieron y el resto por la TV podrán olvidar.
Esta es la forma de levantar una plaza en la que no se han notado las ausencias que posiblemente hubieran hecho mella en otras circunstancias.

El suceso más anómalo (este es el párrafo a parte) fue el ocurrido en la tarde en que Luque resolvió –en maestro en ciernes- con total solvencia su compromiso de actuar en solitario para poner colofón a la temporada de su vida.

Cortó 3 orejas, pero no pudo tener foto “en hombros”, ni que –lo importante- el público pudiera expresar, como en toda la corrida, su satisfacción total materializada con esa Puerta Grande. Un galardón para el torero pero una reivindicación para quien la propicia, un alivio de compensación después de haber pasado por taquilla.

El dichoso reglamento autonómico, con lo que los políticos regionales le hacen un guiño a una minoría –entendiendo falazmente que le dan categoría a la plaza- estima, sin discriminar tipo de festejos, que para abrir la PG han de cortarse 2 orejas a un toro.

Es decir, que como no se detiene en espectáculos no habituales como la encerrona en solitario, que un torero puede cortar 6 orejas e irse a pie. Y, el mismo torero cortar 2 en 1, y pegar un petardo en 5 y salir en volandas. Absurdo de toda absurdez.

En este punto habrá que comentar cual fue la función del Presidente al que se le está censurando su cicatería para dar las 2 orejas- pedidas con fuerza- del gran toro 1º de Bañuelos (que, por cierto, en la refriega se quedó sin los honres de vuelta al ruedo, que sí había tenido el de Fuente Ymbro la tarde anterior, y el ya comentado indulto, a favor de paisanaje, del novillo de Los Maños) y que con el discurrir del espectáculo abortó la más que merecida, por su actuación completa, salida en hombros de Luque.

Ocurrió que al igual que en la estrategia de Luque –un acierto y a contra corriente de lo habitual de otros espadas en estos festejos- fue darlo todo desde el minuto 1, no dosificarse en vano a la espera de cómo resulten los siguientes animales, el Presidente sí quiso administrarse y no empezar sacando dos pañuelos de golpe, por si acaso aquello terminaba siendo un verbena. También le asistía su criterio de valorar la estocada, pelín defectuosa. Sin embargo está fuera de toda duda la actitud del palco de ir a favor de espectáculo cuando sin apenas petición concedió la oreja del “Victorino”. A ver si era un golpe de moral, y una reconciliación con el público molesto por no conceder su petición –el público en estos casos no es un ente pasivo-, pero los bueyes de Victoriano del Río y Puerto de San Lorenzo no estuvieron por la labor.

Es así como en Tauromaquia el orden de los factores sí altera el producto.

Por lo que los legisladores, o no dejan resquicio en sus reglamentos particulares –una insolencia que sólo beneficia a aquellos que se creen únicos y mejores que los demás, Madrid incluido- arbitrando todo tipo de posibilidades o habilitan una excepción discrecional a la Presidencia para poder decidir, con flexibilidad, cual es el verdadero reflejo real de un festejo y autorizar, si como ocurrió el jueves es colofón, esa salida en hombros que –antes que devaluar la seriedad de un coso- pone en valor la importancia y la excelencia del mismo.

¡Tomen nota!

Via:http://www.elimparcial.es/noticia/143175/opinion/Zaragozaaa.html

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