
El nombre puede deshacer y hacer un torero en algunos casos.
Porque, a veces, designa una clase, una estirpe, una dinastía torera.
José Bergamín.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Mucha controversia a favor y en contra ha girado en torno a la encerrona de Joselito Adame en Pachuca del pasado domingo lo cual es bueno, la pasión es el ingrediente principal para mantener viva la afición del toreo.
Como todos los toreros importantes Joselito despertó un volcán en la ‘Vicente Segura’ en el que ganaron todos, desde los organizadores hasta el propio torero, sus simpatizantes y hasta los detractores de Adame.
Decía el crítico taurino Luis Eduardo Maya en su oportuna crónica para De SOL y SOMBRA que la encerrona parecía que se tornaba en emboscada.
Personalmente no observe que el festejo llegara a tal punto, es cierto que hay voces y plumas contrarias al torero de Aguascalientes, pero Joselito tendrá que aprender que ni toreando con la sapiencia de Belmonte ni con el arte y la gracia de otro Joselito, el de Talavera, lograra unificar y poner a todos de acuerdo. Así siempre ha pasado con las verdaderas figuras del toreo.
Mal hacen aquellos personajes cercanos al torero o que giran en su entorno en decir que el que no aprecia el toreo de Joselito Adame es porque quizás no es un buen aficionado.
Sin duda son afirmaciones fuertes y poco inteligentes, que a veces las decimos o las escribimos como un desplante o arrebato, yo mismo cometí ese error hace ya un tiempo al hacer una afirmación similar acerca del toreo de Morante de la Puebla.
Porque la realidad es que el gusto por los toreros es subjetivo y así debería de ser siempre, no algo impositivo por más oscuros intereses que tenga el que de ellos opina o escribe.
Si algún periodista, crítico o líder de opinión quiere expresar su idolatría por un torero públicamente, está en todo su derecho de quitarse la camisa por su ídolo. Pero de ahí a decir que si no te gusta o aprecias su toreo, en este caso Joselito Adame, no te hace en su opinión un buen aficionado, es muy respetable. Pero también es un tema para que reflexionen su posición tanto el espectador que lo escucha o lo escuchaba con seriedad, como para que el mismo crítico analice sus futuros comentarios que hace públicamente.
Porque una cosa es aprovechar el privilegio que da una tribuna para expresarse o un micrófono para señalar las virtudes o defectos con hechos de un torero, y otra es querer venderle al espectador no a manera de opinión si no de imposición algo que quizás solo existe en la cabeza de uno mismo. Ahí en ese punto es cuando se pierde la seriedad, la imparcialidad y el objetivo que debe de tener un periodista congruente.
Ahora bien, es cierto que se puede criticar, aplaudir, elevar a los cielos a un torero pero solo a título personal, porque es como si yo al escribir estas líneas advirtiera previamente al lector diciéndole “si a usted amable lector que me lee no le gusta este torero del que voy a opinar, debería de dejarme de leer en este instante, porque si nos conociéramos pensaría que no es usted un buen aficionado o que no esta a la altura de mis expectativas”
Hay que entender que al perderse la imparcialidad surgen las dudas de la honorabilidad y más en el periodismo taurino, donde hemos visto a grandes críticos y periodistas castrados artísticamente, convertidos en simples títeres de algunos empresarios y apoderados por unos cuantos pesos o por el solo hecho de seguir en el ambiente para formar parte del sistema o de alguna ‘familia taurina’
No hay que olvidar.
Pero sobre todo no hay que olvidar que en el toreo también hay clases, hay el toreo de señorío aquel que compone la figura y que consiste en no descomponerla toreando con gracia y naturalidad, sin afección ni efectismos. Ese toreo puro no necesita que nadie lo ande vendiendo ni promoviendo, ni de aparatos mediáticos, porque ese con solo el arte y la verdad que despliega mata todo, hasta al mismo crítico.
Y existe otro toreo, que es de otra estirpe, basado en el plagio, en la vulgaridad, inelegancia o cursilería y ramplonería, y feísmo que descompone las figuras toreras, retorciéndolas y afectándolas ridículamente como marionetas siniestras.
Ese toreo quizás si necesite de los medios y de algunos críticos para transcender más allá de su nula esencia y expresión estética.
Es lo que digo yo.
Twitter @LuisCuesta_



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