Ocho con Ocho: ¡Olía a Manzanares! Por Luis Ramón Carazo

El domingo 2 de noviembre de 2014 en la plaza México en la misa solemne a la memoria de quién recién ascendió a la gloria, nos dio nostalgia al recordar el tiempo que muy callado ha transcurrido desde la primera vez que algunos vimos torear a José Marí Manzanares en la plaza México en su confirmación de alternativa, el 3 de diciembre de 1972.

¡Que lejana se ve la fecha de su última actuación en La México el 9 de febrero de 1997! Cuando alternó con Guillermo Capetillo y Miguel Armillita o el mano a mano del 29 de abril de 1984, alternando con Eloy Cavazos quién inmortalizó a Mesonero, para que a su vez Manzanares lo hiciera con Gazpachero, toros ambos de un gran encierro de la ganadería de don Javier Garfias.

El domingo 2 de noviembre próximo pasado, me parece que pudiera haber sido la última tarde del torero capitalino Guillermo Capetillo, quién se retiraría (si así ocurre) con la categoría de artista consumado plasmada en sus 37 años de matador de toros, en los que dejó momentos inolvidables en los ruedos. En su primer astado ejecutó bellas verónicas y después no hubo de piña por la pobre calidad de los astados y se abre la duda de si habrá o no, una tarde posterior para Memo en los ruedos.

Manzanares era torero académico esto es interpretaba todas las suertes con lo que se le conoce como técnica y dominio de la lidia, entendiendo las embestidas de los astados para plantear las faenas aderezadas con la estética natural del trazo en sus faenas, con la madurez, la estética fue a mi modo de ver, su característica preponderante.

Ayer Sebastián Castella quién sustituyó al hijo del maestro que se fue a la gloria, dedicó su actuación a la memoria del padre y a la gran amistad que tiene con el que reemplazó, José María Manzanares y ha tenido una tarde rotunda, mezcla de momentos artísticos con valor a toda prueba, que le valieron para salir por la puerta grande de La México, su segundo astado de La Estancia, de nombre Miel en Penca, fue un toro de embestida codiciosa y la aprovechó muy bien el galo.

Fue la primera corrida de la mancuerna de Sebastián con el empresario taurino Manuel Martínez Erice y el debut fue con el pie derecho. Me comentó Manolo “espero que funcionemos bien y lástima que la sustitución fuese por el motivo de la muerte de un gran torero, hubiéramos preferido por el cariño que le tengo a la familia que si acaso hubiéramos sustituido a José María por un percance, él mismo por el dolor que vive lo hubiera preferido, pero…”

Al ver la voluntad de triunfo de Diego Silveti en tarde tan especial, no podemos dejar de lado el reiterar que el toro light cuando es malo, es aburrido, desalentador para el más pintado, desafortunadamente en muchas ganaderías mexicanas como San Isidro, ese es el modelo de comportamiento y por eso es de las preferidas de los toreros, pero cuando la sosería y la mansedumbre predominan, ni cómo hacerle, para colmo el toro de La Estancia le salió a Diego por la misma vereda.

Nos retiramos de La México con el pensamiento en el toreo de Manzanares que lo resumiría en una palabra, elegancia, la cual era evidente al ejecutar las estocadas con calma, sin prisas, que como diría Juncal “que las prisas son para los rateros y para los malos toreros” Por eso se convirtió José Marí en un torero modelo, que se va de este mundo habiendo sido uno de los grandes pilares del toreo de todos los tiempos.

Mucho le vamos a extrañar a Manzanas, como le decían en México sus grandes amigos entre otros Chabola y Aurelio García Montoya (el más valiente novillero gitano) el primero en el cielo, el segundo derramando lágrimas llorando seguramente por su gran amigo ahora ya en la inmortalidad de los tiempos y en el recuerdo de los que lo vimos actuar y triunfar en los ruedos. A Castella seguramente le veremos en las corridas de febrero, el público de La México le tiene cariño y respeto.


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