Opinión: Que salga el Toro.

imagePor Fermín González.

Se piensa muchas veces: que cuando un aficionado reclama el toro con cuajo, trapío, poder y pitones íntegros Esta reclamando un toro con romana, cornalon y terrorífico, que siembre la tragedia. Nada más lejos de la realidad; sin embargo, un buen torista no se da por satisfecho con que vayan saliendo ejemplares gordos y bien criados, si la casta y demás virtudes antes señaladas asoman palidecidas y ahogadas por las arrobas.

En los tiempos presentes, con la ganadería brava de capa caída, un mayor porcentaje de los toros, en cuanto a peso, están a la vista – en favor de que se les cría bien -. El resto de sus condiciones continúan siendo menguantes. Y sin apurar mucho las cosas podríamos, en contadas ocasiones, juntar las manos para celebrar el arrastre de algún ejemplar, que haya lucido las cualidades genuinas, que le hacen llamarse toro de lidia;

Para que vamos a engañarnos, con nombres y divisas de prestigio. Es más: en esta cuestión de los prestigios, se esta creando un clima de fetichismo del toro, pues tanto estos, como otros de menos fuste, salen dando caídas, carecen de fuerza, con freno a las cuatro patas, cumplen en varas acorralados en el tercio, más que por su bravura estilo y pujanza, y esto es un pobre mérito. Y como tal, el resultado de la desilusion de un aficionado que demanda el toro, y no al cebón duro y peligroso, como algunos pudieran entender cuando se trata de la exigencia expuesta.

En la vida, en las artes y en la fiesta con el uso y el abuso acabamos por perder la noción de muchas cosas, que deberían estar más claras que la luz del día y por rutina o conformidad han sido estrepitosamente deformadas. Al toro bravo le ha ocurrido algo parecido.

El toro de hoy esta definido por el gesto de “engatillar” los índices de las manos y codos pegados a los costados, es la postura que identifica que la corrida es “preciosa”. Y ya se sabe que entendemos por preciosa, cuando los deditos “brochitos”y cornicortos que todo taurino sabe identificar, como anunciando que la figura de turno puede dormir tranquilo.

¡Pero Dios nos libre! de anunciar que la corrida está, elevando los brazos como expresión de cornamenta. Un toro cornalón, esto puede causar asombro y pavor, a ese toro dirá justamente ofendido el apoderado, ¡ que lo mate el ganadero!. No lo matara el ganadero, pero tampoco ira a ningún cartel de “postín”.La antigua y noble profesión de ganadero, atraviesa el momento más humillante de su historia.

El tinglado económico del negocio taurino no cuenta apenas con el proveedor de la materia prima y esta es de primera importancia. Se le esta negando el derecho de mandar en lo suyo. Hoy a los toros les ponen precio y lo seleccionan los demás. El ganadero se limita a criar lo que le exigen o se expone a no vender.

Se comprende perfectamente que la consecuencia de la comercialización ha dedicado toda su atención al torero y ninguna al toro.Y seria conveniente que fuéramos distinguiendo. Conviene saber de una vez que es y hasta donde deben llegar un empresario, un torero y un ganadero, ellos tienen su papel en la fiesta ,pero el publico también tiene el suyo, respetémoslo.

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