
El regreso de Enrique Ponce a la Plaza México ha sido un regreso a media luz, no hubo finalmente la cantada reconciliación que muchos esperaban.
Y si no la hubo en su totalidad fue porque una vez más se impuso la comodidad y la polémica que lo acompañan en cada tarde en que se viste de luces en México.
El escándalo de la decadencia persigue desde hace tiempo al toro bravo. Es triste ver como en un espectáculo que es protagonizado por un animal que debería de ser poderoso y fiero, este se muestra como un animal débil, tullido, al que genéticamente le han manipulado y exprimido hasta la última gota su sangre brava.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
La tarde de ayer era el cartel más fuerte que se había conformado en los últimos dos meses en la capital, del tipo de carteles que entre los taurinos califican como un cartel rematado.
Toros de Teófilo Gómez, una de las ganaderías consentidas de las figuras “modernas” y el regreso de Enrique Ponce. Tarde de revista social. La gente se emocionaba solo de pensar lo que podía pasar, después de los petardos anteriores.
Pero las cosas se torcieron desde el principio. De entrada el primer toro ya anunciaba con su falta de casta y su casi nula movilidad, lo que nos esperaba. Y así paso, fue un encierro de Teófilo Gómez decepcionante, desesperante por su bajísima casta y su juego pobre, apagado, sin chispa en líneas generales.
“Pirulero” de Teófilo Gómez fue el toro con el que Juan Pablo Llaguno confirmo su alternativa. El de Teófilo tuvo calidad, pero poca fuerza y Llaguno aprovecho esas embestidas que le obsequio “Pirulero” de acuerdo a sus posibilidades, instrumentado algunas pinceladas de buen gusto.
Con su segundo, otro astado débil y anovillado pero sin malas ideas, se le vio nuevamente actitud y solvencia para poder pensar que en él diestro queretano hay potencial para ilusionarnos. En resumen podemos decir que cumplió en su confirmación y esperemos que el próximo año lo veamos más toreado.
Enrique Ponce fue SOL y SOMBRA porque una vez más apostó al toro chico, solo que esta vez disfrazaron el escándalo con las cornamentas, por cierto algunas sospechosas de manipulación, del destartalado encierro de Teófilo.
Con su primero salió el sol después de una faena con pasajes de maestría técnica.
A pies juntos con el capote fijo a un toro manso e huidizo, para después iniciar la faena de muleta con unos doblones hacia los medios con mucho temple y poder. Fue en ese momento cuando el toro se sintió sometido y la faena rompió.
Inolvidables resultaron los muletazos en redondo que arrancaron el olé largo de La México. Por el izquierdo el toro protestaba mucho, pero aun así el diestro valenciano lo intento en varias ocasiones, consiguiendo extraerle algunos naturales de buena factura. Después vinieron las horribles y elásticas poncinas en la parte final de su trasteo que provocaron el éxtasis en el tendido y los gritos de ¡Torero!. Señaló una estocada entera, levemente caída, pero la euforia era tal que le dieron dos orejas.
Un premio quizás exagerado para una minoría, pero justo para la mayoría (y juez de plaza) por el aspecto artístico de la faena. Pero lo que realmente valió la pena de su actuación, fue la técnica con la que se inventó una faena en donde parecía que no había nada.
Con la “cabra loca”, famélica y desclasada que salto en quinto lugar, se fue el sol, llego la sombra y Ponce extrañamente pasó fatiguitas. No salió ni por asomo la técnica poderosa de su anterior astado y tan solo se limitó a espantarle las moscas para retirarse en silencio.
Juan Pablo Sánchez es un torero prometedor, dueño de un temple privilegiado, se que lo he escrito mil veces desde su época de novillero, pero la verdad es que a estas alturas ya se cansa uno de decirlo y de no ver resultados con la regularidad que debería de tener este torero.
Porque a pesar de todas las virtudes que posee, en muchas ocasiones resulta un torero frío.
Ayer estuvo irreconocible con su primero, sobrado, sin espíritu, y así no se puede venir a La México en su situación. Hay que arrasar, demostrar ese poder y cualidades pero con corazón.
Seguramente su apoderado Mario del Olmo hablo con él seriamente porque con el impresentable sexto salió más dispuesto, pero topo con pared o más bien se topó con un toro -con perdón a los toros bravos- que fue una escoria, que rodaba sin descaro por la arena y ofreció un lamentable espectáculo.
Con la tarde cuesta arriba no se quiso ir en blanco y recurrió al trillado recurso del regalo, después de mas de tres horas de festejo, que sirvió para que saltara al ruedo otro astado justito de prestación inválido y descastado. Con el muerto en vida, Sánchez hizo un titánico esfuerzo al que le saco muletazos con más corazón, aguante y casta que a los de su lote. Dejo un estoconazo y se llevó una oreja merecida, cómo premio de una tarde en la que anduvo por encima de un lote muy complicado.
Abrió la tarde el rejoneador Emiliano Gamero con un astado de Rancho Seco y fue ovacionado.
En resumen fue una tarde con muchos claroscuros, en donde una vez más la mayoría de los aficionados desertaron de la plaza, y ni siquiera el público de ocasión acudió al conjuro del diestro valenciano, como hace apenas dos años lo hacían en cada oportunidad que se dejaba ver por la capital mexicana.
Fue lamentable que la empresa accediera a los caprichos administrativos para traer este encierro, que los toreros se decantarán por la comodidad y que la autoridad los haya aprobado.
Pero ya sabemos que todo esto se hace ventajosamente, porque saben que el aficionado exigente ha desaparecido y no tienen quien los presione. Y de esta manera están acabando con un espectáculo que debería de ser grandioso como su nombre lo dice: Fiesta Brava.
Para el próximo domingo anuncian al Zotoluco y Morante de la Puebla, que harán su segundo paseíllo en la presente temporada, junto a Diego Silveti que va por su tercera comparecencia, para lidiar un encierro de Fernando de la Mora.
Es lo que digo yo.
Twitter @LuisCuesta_
Siguenos en Twitter https://twitter.com/Twittaurino



Deja un comentario