RECAPITULANDO. La Sonrisa de la Puebla – Desquicio y Exquisitez Morantista.

Media de Morante, Torería Total. FOTO: TAR.

Debemos y pagamos, aun con interés. Aun lejos de cualquier conexión, suspiramos por brindar al menos unas ideas sobre la socarrona propiedad torera, el donaire en la escena y el irrenunciable sabor torero de Morante de la Puebla que evidencia y deshace los tópicos más recurrentes en la actual Plaza México: la ignorancia y la desorientación de la mayoría asistente. Otrora sensible al toreo bueno, La México hoy gusta del relumbrón y no del auténtico oro. Con el peor lote (otra vez) Morante esfuerza y roza el triunfo que, de rebote, obtienen “Zotoluco” y Silveti con dos de los mejores toros de una decepcionante corrida.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Salen a pie los tres espadas en el epílogo de la tarde. Bajo el escrutinio público, claro.

El más antiguo sale haciendo gestos al callejón, como el empleado que al terminar la semana en la oficina avisa “comemos en la semana” según su gesto digital. Así se ha llevado su Temporada, todo para la tarde que viene. Cuatro realmente han sido y en esta solo ha medias vemos a aquel “Zotoluco” que algún día ha tenido preeminencia.

En el aguante y en el embate.

Su actuación es vacilante por su falta de quietud, pierde pasos cada vez que tiene que ligar un muletazo ante un primer toro tan discutible como estrecho que solicita mando y quietud pero Eulalio vive de tapar la embestida de que esta frene, con toques por la espalda o retirando la muleta, para no tener solo que girar. Esto preocupa porque, otra vez, lejos de los medios el cárdeno parece tan solo pedir quietud para pasar completo.

A veces ocurre, otras no. Le enganchan unas otras también, “Zotoluco” se justifica en una gran estocada, una de las mejores en el ciclo, volapié perfecto en la suerte contraria. En otros tiempos la oreja habría llegado sin protesta. En doce turnos esta Temporada su toreo no deja dudas sino una implacable respuesta: el tiempo de su mejor y mayor expresión parece haber pasado.

Incapaz de solventar con brevedad al debilísimo cuarto, aburre y vuelve a decir nada.

La corrida, otrora importante, muestra que de Fernando de la Mora perdimos sus cinco mejores años: 2006 a 2011. La divisa amarilla y blanco tuvo un periodo de ensueño, donde el ideal del toro bravo en México se reflejaba lo mismo en su versión más seria en plazas de primera que en la más habitual del resto. Hoy no distinguimos si de lo que mandan queda algo de aquel lustro de gloria que no vimos en la Plaza México.

Solo Dios sabrá por qué.

El encierro, dispar de presencia, presenta toros tan feos como segundo y sexto, o tan armónicos como tercero y quinto. Lo que antes habría distinguido a la Afición de La México a protestar, no el tamaño sino la fealdad, hoy resulta ser que ya no existe. Hasta la toman contra Morante al ordenar sabiamente el segundo puyazo, luego del geniudo tumbo, ya le había cobrado carísima una verónica enorme por el lado izquierdo. Pena que en La México se viva del tópico de “acabar con el toro en el caballo”

Como el silencio es oro, callados quedan los desafectos al observar como el alto y estrecho segundo vuelve a derribar por geniudo y malaje. Diego Silveti perdona el quite. Ni pío en el tendido. Raro, porque a Morante no le perdonan evidenciar que el astado sirve para nada. Aun así luce en los trincherazos y logra que la aspereza del calamocheo se reduzca, corre la mano pero, podido, el astado descompone.

Queda solo la espera al quinto.

Mientras, el toro de la tarde, chico y pobre de cabeza, vuelve a tocar a Diego Silveti.

Otra vez.

Qué no habrían hecho quien sabe cuantos toreros con esta suerte proverbial del guanajuatense. Silveti intenta y se advierte mejor con el capote, a compás abierto las verónicas y carga elegante la suerte en la cordobina del quite, que muestran la nobleza del toro y también su falta de fuerza. Lucido remate con cambio de mano en la rebolera.

Y el toro de la consagración llega.

Largueza y recorrido en la embestida, nobleza y una fijeza maravillosa. Lo que se espera que llegue es que, tras el inicio arriba, Silveti logre escalar el único camino posible, el triunfo y el furor. No llega. Y esto es porque sus tandas son ligeras, inician y terminan a la misma velocidad, todo es plano en un mismo ritmo sin la cadencia que implica mandar sobre el toro.

Se pierde Diego no de tanda a tanda sino de muletazo a muletazo, principalmente con la izquierda, con ese estaquillador caído y el brazo amarrado le hacen perder casi todo. Por algo Silveti nunca sale tras cada pase al frente con la izquierda. Precipitadamente, tras vuelta a la derecha, se dobla y el toro reacciona mejor, la faena está incompleta, hueca.

Ni los buenos naturales de frente la rescatan peor aun los pinchazos.

Pero a Diego le queda la raza que saca con el espantoso sexto al que hace pasar arrimándose, a empujones y tirones, aun con la cara arriba y los cabezazos el toro toma tres dosantinas y al gente se

Así embistió el berrendo, Con él ha podio Morante en todo momento.

entrega, aun con el pinchazo le dan una oreja. Le ovacionan como al que más los mismos que ignoran la faena al quinto de Morante de la Puebla.

Parece que el relumbrón le gana al bueno torero.

El berrendo aparejado “Nueva Luna” aparece en el ruedo y las verónicas de Morante, perfectas de trazo, con los brazos al vuelo. Cada lance del sevillano produce una reacción del toro que pone a prueba su condición al siguiente. A cada verónica el berrendo reacciona frenándose perdiendo su embestida al ser exigido. De ahí que se dosifique el castigo en varas.

Mas no el arte en el quite.

Chicuelinas perfectas que hacen tomar aire al toro y a La México recordar que siempre ha tenido un sitio para los toreros de arte. A la altura perfecta el cite, cuatro y el remate. Ya en la muleta su faena es muestra de colocación perfecta. Poderoso pero sosegado inicio con la izquierda, ayudándose: firmazo y pase de pecho sobre las rayas con el toro que rebrinca y no da crédito a como está siendo toreado.

Así los derechazos, sólidos de estructura, rotundos de ejecución muestran que el toro rebrinca, se quiere quitar el engaño y pide tregua, Morante, sonrisa en los labios prosigue, no perdona ni cae en la treta, cambio de mano tras derechazos y arriba en el de pecho la muleta

Sensacional.

Luego la zurda, primero en cambio de mano por bajo y luego inaugura la tanda con afarolado. Tres series de inmenso poderío de clásico envite, al centro tomado el palillo y la altura perfecta, a tiempo arriba y a veces poderoso abajo hasta que le berrendo frente a matadores raja. Nada raro. Sin reponer casi, Morante saca el latiguillo que acaricia, verticalísimo y remata remanguillero en el invertido.

Y luego la tanda de máximo oro, de mayor brillo.

Vuelta a la derecha, vertical como columna, gracia de un pañuelo al vuelo cuatro derechazos fundidos en oro y en la cintura troquelados. Aun así le discuten.

Como la puntilla por él mismo sostenida y cara a cara, de frente, que prosigue al volapié entero apenas caído, por cierto, en la suerte natural. Le apuntilla y desata la tonta polémica, la muestra clara que la Afición se hace astillas ante los peñascos de la idiotez taurina.

Por ello Morante ríe.

Porque es de risa razonar con la idiotez, la falta de afición y de conocimiento. Y porque lidiar como lidia, torear como torea y matar, hasta el último suspiro, como a matado, dejan el alma satisfecha.

Pese a los zumbidos del tendido.

Afortunadamente, como dicen por ahí, la sonrisa de Morante es hoy el remedio infalible.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2014-2015. Domingo, 25 de Enero de 2015. Décima Cuarta Corrida de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fresca, despejada y con viento en diversos pasajes de la lidia.

6 Toros, 6 de Fernando de la Mora (Divisa Amarillo y Blanco) Desigual de presentación, terciados los lidiados en los tres primeros turnos, protestado el tercero de salida. Basto el cuarto y debilísimo, mejor hecho el berrendo quinto y muy feo el sexto. Mansos en general y faltos de fuerza, el segundo tumba dos veces al caballo por geniudo, el quinto dura un suspiro al rajar mientras que el sexto saca todos los defectos posibles en el último tercio. El tercero, negro, bajo de nombre “Anda Solo” ha tenido gran nobleza aunque poca casta; espléndido en la muleta, tuvo tremenda clase, fijeza y recorrido. Homenajeado justamente con el Arrastre Lento.

Eulalio López “El Zotoluco” (Berenjena y Oro) Oreja Protestada y División. José Antonio “Morante de la Puebla” (Verde Bandera y Oro) División y Vuelta con división tras aviso. Diego Silveti (Burdeos y Oro) Ovación con Saludos y Oreja con protestas.

Destaca en la brega a pie Gustavo Campos y César Morales a caballo.

La verónica que no perdonó el segundo. El poder de Morante con el capote es incalculable.

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