FERIA DE VALDEMORILLO: Meritísimo Víctor Barrio.

El torero segoviano cortó tres orejas y sorprendió por su disposición y buen gusto en todos los tercios.

Por Antonio Lorca.

Cuando se aspira a ser figura del toreo y la agenda de contratos está vacía hay que vestir el traje de luces con la disposición que lo ha hecho Víctor Barrio en la feria de Valdemorillo. Tomó la alternativa en Madrid en 2012, ha toreado poco desde entonces -la temporada pasada solo hizo el paseíllo cuatro tardes-, pero se ha puesto delante de las cámaras de televisión con un oficio, una actitud, una seguridad y un buen gusto impropios de su personal historia. No solo ha toreado muy bien, sino que venía dispuesto a darse a conocer, a hacer borrón y cuenta nueva, e iniciar una nueva etapa que exige ya que se le ofrezcan nuevas oportunidades a un torero que ha demostrado que le sobran afición y condiciones para hacerse un hueco en el escalafón.

Recibió a su primero en el centro del ruedo, a pies juntos, con una tafallera, primero, y una chicuelina posterior, antes de perder el capote y hacerse el quite a cuerpo limpio. Se mostró firme, seguro y valiente ante un soso buey de carretas que se negaba a embestir. Cuando lo tumbó de una media estocada fulminante le concedieron la oreja porque había sorprendido la ilusión de este desconocido.

Se fue hacia la puerta de chiqueros antes de que saliera el sexto, y en los medios se plantó de rodillas. Cuatro faroles y una media, ya enhiesto, volvieron a calentar los ánimos. Aprovechó y exprimió la calidad, tan almibarada como justa de raza del toro, y trazó una faena presidida por la buena colocación, el gusto y la suavidad por ambas manos. Aunque la estocada cayó baja, el público premió la sorpresa de la tarde con dos orejas que, sin duda, deben contribuir a que la carrera de este torero se afiance en los derroteros del éxito.

A su altura quisieron estar sus compañeros de cartel, pero el pobre juego de la corrida de Cebada Gago lo impidió.

Volvía Paulita tras el triunfo del año pasado en esta misma feria, pero un lote infame no le permitió el más mínimo detalle de lucimiento; y es una pena porque su voluntad y decisión merecían mejor trato.

El sonriente Escribano, por su parte, dejó claro que no ha perdido un ápice de su condición torera; tiene la mente despejada, derrocha seguridad y firmeza y no se permite el desánimo. Capotea con celeridad, banderillea con vistosidad y escasa ortodoxia y muleta con poca hondura. Pero llega a los tendidos por su sinceridad y deseos de triunfo. Lo mejor de su actuación, dos estoconazos que tumbaron a los toros sin puntilla.

Por cierto, la corrida se anunció como de Cebada Gago, no fue más que una triste caricatura del famoso hierro. Nada del poderío, la fiereza, el trapío y la codicia que lo hizo famoso y temido. Seis blandos toretes, sin sangre brava en las venas y muy descastados echaron un borrón sobre ganadería tan afamada.

Nadie lo hará, pero la feria de Valdemorillo exige una reflexión sobre el toro. Está comprobado que es el mismo de siempre, el que está dispuesto a echar a la gente de las plazas. Y si no, al tiempo…

Cebada/Paulita, Escribano, Barrio

Toros de Cebada Gago, correctos de presentación, mansos, blandos, descastados y deslucidos. Nobles el quinto y el sexto, al que se le dio la vuelta al ruedo.

Paulita: estocada trasera (ovación); estocada delantera (ovación).

Manuel Escribano: gran estocada (oreja); gran estocada (vuelta).

Víctor Barrio: media estocada (oreja); estocada baja (dos orejas). Salió a hombros.

Plaza de Valdemorillo. 8 de febrero. Segunda y última corrida de feria. Tres cuartos de entrada.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/08/actualidad/1423423523_337855.html

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