
Por Carlos Ilían – Marca.
La suerte se merece cuando se juega fuerte y sin miedo. Por eso Sebastián Castella camina fulgurante como triunfador de esta feria. Sin esconderse en una sola tarde como Morante, se ha dejado anunciar en tres y una de ellas la de Adolfo Martín. El resto va corriendo a cargo de esa suerte que llega cuando se busca de verdad. Dos de los tres toros excepcionales que han salido hasta ahora se los ha llevado el torero de Beziers. Dentro de la infumable corrida de Alcurrucén, iba un regalo de lujo de nombre Jabatillo, un toro de clase inmensa al que Castella entendió para acoplarse a su embestida franca y humillada.
El comienzo de la faena fue explosivo con unos cambiados de angustia, unos muletazos por bajo torerísimos para contiuar muy rotundo en los naturales y redondos de tersura y largo, larguísimo trazo. Series de cinco muletazos, sin escatimar uno solo de los que merecía la clase del toro. Luego la faena se espesó, algo repetitiva, pero lo arregló al final con los muletazos arqueando la pierna preciosos, pero, ¡ay!, mató de una puñalada en los bajos. No merecía la faena ese sablazo horrendo que le quita entidad a la segunda oreja que cortó.
Ah, y la vuelta al ruedo al toro una exageración. Esto no es Brihuega…
Morante paga muy caro eso de venir a Madrid una sola tarde. El año pasado se estrelló con la corrida de El Pilar y ayer con un lote repugnante de Alcurrucén. ¿Quién aconseja a este torero?.
Y El Juli bregó ramplonamente con dos toros de cara arriba y nula casta.
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