Telegrama para Sebastián Castella

 
Por Miguel Ángel Aguilar.

Maestro, su faena en Las Ventas al toro Jabatillo del hierro de Alcurrucén, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, puso a la plaza en pie. Como escribe Barquerito acreditó un prodigioso sentido del temple, una ligazón impecable, pases cambiados por alto, trincherazos, el del desdén y un molinete improvisado. Tandas citando de lejos con una y otra mano. Estocada certera. Un público entregado ante la verdad. Dos orejas y puerta grande. Una tarde de las que crean afición. ¿Aprenderán en Génova el toreo grande?

Castella “Toque el cielo”

El gran triunfador de lo que va de San Isidro, el francés Sebastián Castella, utilizó un refrán muy castizo para resumir su felicidad por haber conseguido abrir la Puerta Grande de la Las Ventas: “De Madrid al cielo, y toreando“.

“Estoy tremendamente feliz, no sólo por el triunfo logrado sino también por mi apoderado y el ganadero, que ha echado un toro de esos que no te cansarías nunca de torear. No puedo casi explicar lo que siento, tengo la adrenalina a tope, qué ganas tengo de que llegue ya el día 4 (de junio) para volver hacer el paseíllo otra vez”, dijo Castella.

A pesar de lo bien que estuvo, el francés se mostró también autocrítico: “Siempre se puede estar mejor, aunque cuando se tiene buena materia prima delante, todo es más fácil. Pero tendría que haber matado mejor a este toro, pues no ha sido la mejor rúbrica a una faena tan rotunda. Tampoco he podido hacer nada con el sexto”, dijo.

“Pero bueno, lo importante es haber logrado emocionar y emocionarme con un toro de bandera, gracias al ganadero y gracias a Madrid”, dijo Castella.

Fuente: Finanzas.com

2 Comentarios »

  1. LA FRAGANCIA DE CASTELLA

    “Una faena en la cumbre, quiera Dios se haga costumbre.”

    Vigésima la corrida,
    que San Isidro decida,
    en histórico festejo,
    gran cartel, del sol reflejo.

    Sebastián, ¡viva la Francia!,
    dio muestra de su fragancia,
    en Las Ventas, fue Castella,
    torero de digna estrella.

    Vestido, tabaco y oro,
    santiguado fue su imploro,
    muy formal, fiel paseíllo,
    soñando en el propio brillo.

    Astado serio, sincero,
    de la tarde fue el tercero,
    cuernos altos, colorado,
    bella estampa, asaz armado.

    “Jabatillo”, se llamaba,
    raza fuerte, estirpe brava,
    los genes al cien por cien,
    divisa de Alcurrucén.

    Capote pulcro, educado,
    con tersura dibujado,
    “chicuelina” pinturera,
    suave media a la cadera.

    Varilargas son las jaras,
    polémico tercio, varas,
    verónicas en el quite,
    arte joven se transmite.

    Que decir de la muleta,
    tela roja cual veleta,
    faena por naturales,
    suertes espectaculares.

    Público puesto de pie,
    de tal magia me apropié,
    con ambas manos, maestro,
    ¡que zurda, del galo diestro!

    Un fino lance cambiado,
    molinete destacado,
    trincherillas, el desprecio,
    pases que no tienen precio.

    Con ritmo, profundidad,
    la templanza sin piedad,
    largueza de cabo a rabo,
    en mi memoria lo grabo.

    El deseo del ganadero,
    dualidad, toro, torero,
    hermanados en la lidia,
    entregados, sin perfidia.

    Toro que humille, que embista,
    que nunca pierda la pista,
    que tenga un tranco de más,
    que muestre siempre esa faz.

    Y, un hombre, torero, esteta,
    tauromaquia de etiqueta,
    que conduzca acometida,
    de manera muy sentida.

    Cóncavo, feliz, convexo,
    final, genial, genuflexo,
    matador tozudo, exalto,
    estoconazo, en lo alto.

    Toda tienta así germina,
    ser humano, adrenalina,
    vuelo de pañuelos blancos,
    tendidos, aplausos francos.

    Presidente justiciero,
    par de orejas, premio entero,
    “Jabatillo”, vuelta al ruedo,
    arrastre despacio, quedo.

    Finca del “Egido Grande”,
    pasto verde que se expande,
    Pablo Lozano Martín,
    este triunfo buen festín.

    Por el peto, por la espada,
    dos “peros” que no son nada,
    como la nube que empaña
    el astro de la mañana.

    Puerta grande bien lograda,
    española tan deseada,
    un francés que sale a hombros,
    que no cesen los asombros.

    En Madrid se toca el cielo,
    toreando con mucho celo,
    surtió efectos la oración,
    Castella, en su mejor versión.

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    México, D. F., a 27 de mayo del 2015
    Reg. SEP Indautor No. (en trámite)

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  2. “…un toro que no te cansarías nunca de torear “. ( Castella ). ¿ Y por qué lo mataste ?. Jabatillo tenía todavía tres o cuatro series por lo menos. Si hubieses seguido toreándolo hasta que el público y sobre todo el presidente de la corrida hubiesen visto que era un ” toro de vacas “, ahora estaría gozando de una vida que se había ganado. ¡ Lástima de bravísimo toro que pagó con su vida la ignorancia de unos y la premiosidad de otros !

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