Tendido Siete: ¡Y de nuevo, en agosto!

Cogida de Lucas Blanco (Lám.)

Por: Xavier Toscano G. De Quevedo

Nuestro soberbio y magno Espectáculo Taurino tiene como característica fundamental ser una celebración que está revestida de un gran fondo de solemnidad milagrosa. Formado a través de los siglos, recordemos una vez más que en sus inicios surgió gracias al ingenio y a la disposición mostrada por hidalgos y caballeros que montados sobre sus corceles realizaron actos de gran destreza y templanza ante el peligro que les significaba el enfrentar por primera vez a unas bestias de violenta acometividad llamados “Toros Bravos”.

Al transcurrir de los siglos, y con los cambios que poco a poco se iban forjando en la fiesta, ésta, sin trabas ni subterfugios, se arraigaba más y más en el fervor popular, y quiérase o no acabó por convertirse en hecho cultural de primera magnitud para un pueblo que no solamente la adaptó a su vida social, sino que finalmente fue tan grande su acogida que se apropió como parte de su existencia cotidiana, fundiéndose en sus costumbres y cultura, cómo lo aseveró el filósofo Ortega y Gasset.    

La lidia de reses bravas está compuesta por un esquema perfectamente bien establecido y definido en las reglas del toreo, que han ido pautando principalmente en los últimos siglos los grandes genios y privilegiados de la fiesta, que logrando entender y descifrar los enigmas y secretos que le han ido planteando los toros bravos, consiguieron ir creando e introduciendo las diferentes suertes, además de imprimir los cánones y normas en el oficio del toreo.

Para que tenga vida este inmortal Espectáculo, es ineludible el encuentro del hombre y su Majestad el Toro Bravo, es así como se da el proceso de la lidia, que consiste en ir guiando y encausando la rústica acometividad de un burel, desde el inicio de su aparición en el ruedo, pero para que ello esté revestido de autenticidad, es fundamento indispensable que el Toro se presente “Íntegro”; con su legítima edad, auténtica casta, serio trapío y sin fraudulentas manipulaciones ——tristemente tan comunes y reiterativas en nuestro país— y que a él se enfrente un lidiador con grande y probada afición, voluntad y arrojo, que además conozca perfectamente el oficio y que esté dispuesto a celebrar este rito con toda verdad y pulcritud. Y así al irse desarrollando las suertes,  lidiador y toro se van fundiendo en una creación estética y de gran belleza, plena de identidad, pero que tiene como principal enigma el riesgo, la incertidumbre, la posible tragedia y las algunas ocasiones el holocausto, siendo éste misterio el tronco piramidal que sustenta a esta mágica, irrepetible y excepcional celebración que es “La Tauromaquia”.

Sin la probabilidad y el dilema del riesgo, nuestro Espectáculo Taurino se quedaría sin su fundamento medular, y ello nos traslada a una reflexión seria y rigurosa sobre el hecho de que los toreros son personas que aceptando libremente intervenir en la fiesta, asienta ellos mismos con gallardía la eventualidad de caer frente a las astas de un toro. Es por ello que estamos ante un enigma tremendamente serio, grave y complejo, que por lo menos debería hacer recapacitar y situar a una mínima reflexión, a tantos “enemigos de nuestra fiesta” que con total y absoluta imprudencia se conducen insulsamente.

Este enigma tan incierto es la base que da grandeza, hidalguía y esplendor a nuestra hermosísima fiesta —injusta e irreverentemente atacada— que invariablemente en este octavo mes del año, que es el de mayor número de ferias, en el que más festejos se programan, se convierte en una tarea difícil y extenuante para los toreros, razón por la cual las estadísticas nos muestran una creciente cifra de percances, y que en éste año tampoco ha sido la excepción.

Los toreros caídos en desgracia ante las astas de los toros en las diferentes plazas se vienen sumando uno a uno en cada tarde, y no hay día en el que no observemos las notas y los reportes de estos sucesos. Así la lista de percances va en aumento y es impresionante, y como nota relevante se leía el lunes 10 que el torero Francisco Rivera Ordoñez “Paquirri” era gravemente cornado en la plaza de Huesca. Rivera Ordoñez había tomado la decisión en éste año de regresar a los ruedos después de un prolongado retiro voluntario, iniciando su vuelta en la feria de “La Magdalena” en Castellón de la Plana, en donde recogió su primer bautizo de sangre en esta nueva etapa, nada de gravedad, pero sí le ocasionó perder algunas fechas que ya había concretado. Sin embargo, después de su recuperación empezó a sumar fechas en las diferentes plazas de España, inclusive viniendo a participar en un festejo a nuestro país, pero el destino, “esa misteriosa interrogante” que siempre ha acompañado a nuestra fiesta, le tenía preparado un fuerte revés en la plaza de Huesca.

La tarde no había favorecido a “Paquirri” en su primer toro de la ganadería de Juan Manuel Criado, y sus alternantes David Fandila “Fandi” y Alberto López Simón ya poseían una oreja de sus respectivos toros. Rivera Ordoñez venía por el triunfo, pero en los lances de inicio el toro de Albareal lo prendió aparatosamente infiriéndole una cornada que le atravesó el abdomen; el fantasma de la tragedia se hacía presente, la angustia de “Pozoblanco” de treinta y un años atrás, inquietaba a los médicos de la plaza de Huesca. Gracias a la misericordia de Dios y a la oportuna y brillante intervención de los doctores, “Paquirri” se va recuperando. Y para continuar con las tragedias, Saúl  Jiménez Fortes cae de nueva cuenta herido, con una cornada  en el cuello que lo mantiene debatiéndose entre la vida y la muerte; en la localidad de Vitiguidino (Salamanca).

Así es nuestro extraordinario Espectáculo Taurino, en la que el riesgo está siempre presente, y los toreros lo saben, y sin embargo, con grande valor asumen su responsabilidad. “El tributo de la sangre, es también parte de la gloria”, palabras que un día externó Morante de la Puebla. Esa gloria y grandeza que solamente otorga el eje central y único de ésta fiesta; su Majestad El Toro Bravo.

Fuente: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2015/08/19/y-de-nuevo-en-agosto/

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