Torear o no torear, esa no es la cuestión

Por Santiago Navajas.

En 2006 el filósofo Jesús Mosterín fue al Congreso Internacional de Filosofía que se desarrollaba en la capital de la India. Desde allí nos ilustró con las maravillas espirituales del hinduismo, y parecía bastante convencido de la tesis del filósofo Karan Singh según el cual el Advaita Vedanta es la cosmovisión que mejor puede fundamentar intelectualmente a la sociedad global. Si la física trata de unificar la realidad física, el Vedanta busca la conciencia de la unidad. Vale. ¿Y eso, cómo se come? Pues de eso se trata, de comer pero con mucho cuidado y no cualquier cosa.

Lo que más despertó el interés, la fascinación y la admiración del filósofo bilbaíno fue una pensadora jainista (el jainismo es el equivalente oriental del estoicismo, para entendernos) que se tapaba la boca con una gasa cada vez que la abría para evitar tragarse algún insecto sin darse cuenta. Una acción que le servía a Mosterín para contraponer la altura moral de la India con España, un país según él “moralmente subdesarrollado” (por cierto, España está situado entre las pocas “democracias plenas” en el Índice que establece The Economist, concretamente en el puesto 22. La India no está mal, en el puesto 39, pero clasificada como “democracia imperfecta”.

Tan subdesarrollados en lo moral no estaremos si somos sobresalientes en lo político, digo yo. Un índice que revela más propiamente el nivel de la moral colectiva de un país es el Índice de Percepción de la Corrupción que elabora Transparencia Internacional. Aquí no estamos de sobresaliente, sólo de bien, ya que en el puesto 30 nos codeamos con Francia, Israel o Portugal. Pero es que la India se va al puesto 87, entre Marruecos y Albania, decididamente suspensa. Se ve que al lógico Mosterín le puede el brahmán Jesús.

No hay nada que otorgue más prestigio intelectual en Occidente que blandir un flagelo contra nuestros valores y tradiciones en nombre de algún exótico gurú de otras latitudes

¿Cuántas veces, estimado lector, se ha tragado algún insecto sin darse cuenta? Cabe la posibilidad, aunque el refrán sobre las moscas que no entran en boca cerrada siempre me ha parecido más de intención metafórica que literal (salvo quizás, y ahí reside la sorpresa admirativa de Mosterín, en Bilbao). Pero lo que quiere más bien transmitirnos uno de los pocos españoles que no es un subdesarrollado moral, desde el punto de vista jaino al menos, es el gran respeto que sienten los indios hacia los animales: casi todos son vegetarianos y fans de la no violencia. Bueno, esto último de una forma sui generis. Cuenta Mosterín que cuando los habitantes de una localidad se dieron cuenta de que unos camioneros transportaban de mala manera a unas vacas, salvaron a los animalitos de sus crueles propietarios (¡bien hecho!), y, a continuación, ¡quemaron el camión! (inflamados de ardor justiciero, supongo).

Esta mitificación de la “a-himsa” (los conceptos si se escriben en sánscrito, alemán o chino parecen más profundos y misteriosos. En inglés, más cool) corre en paralelo a la mixtificación que tuvo lugar con Mahatma Gandhi. Y es que no hay nada que otorgue más prestigio intelectual en Occidente que blandir un flagelo contra nuestros valores y tradiciones en nombre de algún exótico gurú de otras latitudes. Hasta que llega un intelectual de verdad, de los de razón afilada y lengua cortante, y nos señala que el rey, en este caso el santón, está desnudo (nunca mejor dicho): Christopher Hitchens, que cuestionó en un célebre artículo en The Atlantic el presunto heroísmo moral de aquel lacio santo laico.

Del mismo modo que Mosterín ve con buenos ojos que una multitud animalista asalte y queme el camión de unos transportistas que presuntamente han cometido un delito (no nos informa en su panegírico sobre cómo se dice “linchamiento” en hindi), ya que el bienestar de unas vacas al parecer justifica menospreciar el derecho de unos simples seres humanos a un juicio justo, así nuestros animalistas hispanos creen justificado insultar a los que consideran que el respeto a los animales no implica hacerse vegetariano, dejar de asistir a corridas, al circo y a acuarios, o vestir prendas de piel, sino desarrollar reglas y procedimientos para que se minimice el daño causado a los animales en mataderos, cosos, pistas circenses y granjas peleteras.

Los enemigos de la tauromaquia tienen sus buenas razones pero ello no les justifica para imponerlas por la fuerza, mediante el prohibicionismo inquisitorial

La cuestión no es torear o no torear, sino el cambio de paradigma desde una concepción vertical y jerárquica de los seres vivos en la que en la cúspide se encuentran los seres racionales, hacia otra horizontal en que no hay diferencias sustanciales entre un ser humano, un oso panda, una mariposa y una ameba. Soy de la opinión de que en el futuro -permítanme que no anticipe una fecha concreta, no me vaya a pasar como a Nostradamus, Karl Marx o Ray Kurzweil– todos serán vegetarianos, en las plazas de toros sólo actuarán los Rolling (o la inmortalidad venciendo a la inmoralidad) y vestirán de poliéster y otros productos sintéticos.

En este posible cambio de paradigma, los enemigos de la tauromaquia tienen sus buenas razones pero ello no les justifica para imponerlas por la fuerza, mediante el prohibicionismo inquisitorial y con insultos a los que tenemos una mentalidad diferente tanto desde el punto de vista ético como estético. El liberalismo no sólo tiene que ver con la economía sino sobre todo con un marco político civilizado que ampara la diversidad cultural y el pluralismo de los valores dentro de una razonabilidad que tienda hacia la tolerancia. La espiritualidad new age que nos asola -una mezcla de igualitarismo cristiano, sensiblería postmoderna y agitprop agresivo-, por el contrario, es estrecha, irracionalista y, bajo ropajes melifluos, profundamente intolerante con las diferencias. Pero para los que nos hemos criado en la Ilustración pasada por Nietzsche hay dos axiomas ontológicos: la jerarquía de los seres racionales sobre el resto y la armonía entre el formalismo apolíneo y la pulsión dionisiaca: de una faena de Morante de la Puebla, a un combate de Manny Pacquiao, pasando por una novela de Cormac McCarthy, un poema de Bukowski o una película de Paul Verhoeven. El resto es barbarie sentimentaloide (criticable, no censurable).

Que la muerte de un ser vivo sea considerado un pecado o un crimen constituye un postulado de una moral concreta no universalizable. Algunos, como el diario El País, consideran inmoral el boxeo pero no el toreo. Otros, inmoral el toreo pero no el boxeo. Otros, ambos. Otros, ninguno. De lo que se trata desde el punto de vista liberal, como he mencionado antes, es de establecer un marco común de convivencia en el que puedan llegar a un consenso de mínimos tanto partidarios como detractores. De ahí que en el boxeo y en el toreo se estipulan reglas para hacer el menor daño posible (o, en otro orden de cosas, despenalizar el aborto en ciertos plazos o supuestos. O regular la mutilación genital infantil en ciertas prácticas religiosas y culturales).

Tendremos que acabar con esa forma de esclavitud que son las mascotas animales y demás animales domésticos empleados en el trabajo animal

Si ese postulado del daño a los animales como prioritario sobre cualquier placer humano se universaliza, habrá que desarrollar una serie de etapas en relación al daño causado y lo que se logra con él. Así, en primer lugar, tendremos que hacernos todos vegetarianos ya que los mataderos industriales, como defienden los animalistas, constituyen un auténtico genocidio animal. En segundo lugar, habrá que terminar con cualquier tipo de vestimenta y utensilios de procedencia animal. En tercer lugar, los laboratorios científicos que usan a los animales en la experimentación.

En cuarto lugar, acabar con esa forma de esclavitud que son las mascotas animales y demás animales domésticos empleados en el trabajo animal. En quinto lugar, la caza y las corridas. En sexto lugar, los circos, acuarios, etc. Les tengo que aplaudir a los animalistas del PACMA que al menos ellos son coherentes con ese postulado.

Sin embargo, la mayor parte de la población sólo quiere eliminar las corridas porque para ellos no supone ningún coste en lo personal. Cuando se trata de dejar de ser carnívoros entonces la ética y la compasión por los animales hace mutis por el foro. Como diría el tragaldabas de Sancho Panza al espiritual Alonso Quijano: “¡con los solomillos hemos topado, don Quijote!”, mientras se coloca una muleta en la boca, no para impedir que le entre un insecto sino para que no se le escape ni un bocado.

Fuente: https://vozpopuli.com/blogs/6262-santiago-navajas-torear-o-no-torear-esa-no-es-la-cuestion

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