
Por J.C. Valadez.
La feria de Zacatecas en su parte taurina no levanta ni emociona, ni tampoco termina por ser del gusto de la afición.
Cuando las cosas no se hacen bien tarde o temprano se pagan, pero parece que está empresa se va a morir con la suya; que pareciera es terminar con la grandeza que alguna vez tuvo la fiesta brava en la capital zacatecana. Ayer por ejemplo se anunció un encierro de La Viuda de Romero, parchado con uno de San Isidro que fueron una gatada en todos los sentidos —pequeñitas, ya se sabe— seis toros, seis, salieron ayer, casi todos gemelos interminables en sus defectos.
Ninguno acudió con franquía a los capotes; ninguno hizo una brava pelea en los caballos -todos empujando con un solo pitón, la cara alta, con mala gana-; todos se pararon en banderillas con excepción del cuarto, y llegaron el tercio final sin sangre en las venas, sin la codicia que nunca conocieron, sin la fuerza que les abandonó quién sabe cuándo, sin calidad, sin recorrido, sosísimos, mirando al tendido, acobardados, adormilados, moribundos…Peor, imposible.
Pero la culpa del fiasco ganadero es principalmente de la empresa, por empeñarse en traer año con año las mismas ganaderías y sobretodo por no voltear la vista hacia otras casas ganaderas que podrían hacer nuevamente del TORO, el principal protagonista de un serial podrido, que en cada edición cae más bajo en todos los sentidos.
Y ésta es la fiesta con la que quieren crear nueva afición.
Pero esta fiesta no se le puede enseñar a nadie porque es una auténtica vergüenza. Esta fiesta hay que esconderla, cerrar sus puertas, expulsar a los empresarios sin visión y talento, que son legión, y hacer un espectáculo completamente nuevo. Hay que desechar esas ganaderías mansas denominadas “comerciales” que tienen hundido al espectáculo taurino y buscar al de verdad, toro bravo, poderoso, fiero y noble, único cimiento de un espectáculo emocionante.
La fiesta de los toros está muy mal, y no precisamente por culpa de los antitaurinos de Coahuila o del resto del país. El enemigo, todos lo sabemos, está dentro.
Entre la basura de toros destacó el cuarto de la tarde, que se vino arriba en banderillas y sacó del fondo de su ser una nobleza encastada que emociono en la muleta. Le tocó a Luis Bolivar, torero colombiano desconocido en esta tierra y que para el recuerdo nos dejó una faena larga, interminable, plagada de altibajos, irregular, en la que destacó por encima de todo, la calidad del toro, que no se cansó de embestir. Al final Bolívar se fue con la pena de haber desaprovechado un toro de arrastre lento, que de haberlo cuajado hubiera justificado su inclusión en el cartel.
Pero aún quedaba Arturo Macías, que da la impresión de estar bloqueado y con un hartazgo de vulgaridad en sus muñecas. Macías torea mucho mejor de lo que ayer demostró. Muy mal ante el manso perdido que salió en segundo, y acelerado, embarullado y sin ideas ante el quinto. Quizá, el problema resida en que el toreo no consiste en dar pases, sino en sentir todo lo que se hace, algo que Arturo parece que perdió en el camino.
Sergio Flores quiso repetir el triunfo que obtuvo hace una semana en esta plaza, pero ante el lote que le tocó, era imposible. Nada pudo hacer ante el reservón y desclasado tercero, y se jugó el todo por el todo en el sexto y cuando el toro se cansó de embestir, que fue muy pronto, se dio el arrimón y lo obligó literalmente a obedecer en algunos compases con enorme sabor. Muy torero y muy entregado estuvo Flores.
Zacatecas, Zac.- Plaza Monumental. Tercera corrida de feria. Mala entrada en tarde lluviosa. Cinco toros de La Venta de Romero, mal presentados mansos y descastados; salvo el noble y repetidor cuarto, y uno de San Isidro que fue un manso de libro. Todos sospechosos de manipulación de astas.
Luis Bolívar: Silencio y ovación. Arturo Macías: Silencio y silencio tras aviso. Sergio Flores: Silencio y palmas. Incidencias: La corrida comenzó 35 minutos después de la hora señalada, debido a la fuerte tormenta que cayó.
Twitter @Twittaurino


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